Martes, 13 Nov,2018

Opinión / MAR 08 2018

Un día no es suficiente

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El 8 de marzo de 1857, obreras textiles neoyorkinas convocaron una gran huelga en la que exigían el derecho al trabajo en condiciones laborales más dignas. Las trabajadoras vivían sometidas a jornadas extenuantes y salarios miserables. La protesta, reprimida brutalmente por la policía, se convertiría en un hito histórico en la lucha por los derechos de la mujer.

Casi 50 años después, un aterrador hecho sobrecogería a los estadounidenses. El 25 de marzo de 1911, la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist situada en Nueva York ardió con centenares de mujeres que allí laboraban. En la tragedia murieron calcinadas 140 trabajadoras cuando los propietarios, en represalia por sus reclamos, decidieron bloquear todas las salidas con la excusa de evitar robos. Muchas de las víctimas eran mujeres inmigrantes que apenas llegaban a los 20 años.

A partir de este luctuoso hecho se produjeron cambios en las leyes laborales norteamericanas. 

Como consecuencia de este desastre se crearía el Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. En varios países de Europa mujeres activistas convocaron mítines exigiendo además del derecho al voto, el de ocupar cargos públicos y no ser discriminadas laboralmente. En 1910, durante un congreso internacional de mujeres socialistas se propuso establecer el 8 de marzo como el día internacional de la Mujer Trabajadora. En 1977, la ONU proclamó que en esa fecha se celebraría el día internacional de la Mujer.

Pero, finalmente ¿qué celebramos hoy? Quizás algunos avances, aun si las mujeres mantienen sus roles domésticos a pesar de haber asumido un rol productivo que se invisibiliza. Pero hay algo más preocupante: el machismo está más vivo que nunca. No es que todos los hombres sean machistas, lo grave es que existe una cultura machista que ha contagiado a la sociedad haciendo que ella no solo sea víctima del fenómeno sino también su reproductor.

Somos una sociedad androcéntrica que reserva a las mujeres un papel de fragilidad, subordinación y dependencia emocional y económica. Si preguntáramos a las mujeres realmente qué quieren en ‘su día’, nos llevaríamos sorpresas. Muchas de ellas no quieren celebraciones especiales, lo que anhelan es que dejen de maltratarlas en sus hogares. Tampoco quieren descuentos en tiendas de zapatos, ropa o perfumes, solo quieren que dejen de acosarlas, violarlas y matarlas.

Tal vez esta columna cause molestia a quienes exhiben con orgullo su condición de macho alfa, pero qué le vamos a hacer si esa es la realidad. Ocultarla hoy con flores, chocolates o frases almibaradas, no impedirá que tantas mujeres a la hora en que usted lee estas palabras, estén a punto de perder la vida a manos de quienes dicen amarlas.

Adenda: enhorabuena por la Personería de Armenia que dio inicio al diplomado ‘Ciudadanía y paz’, con el apoyo de la Universidad Alexander von Humboldt, la Edeq y la cámara de comercio. Ojalá otras instituciones decidan aportar a la construcción de una sociedad quindiana más justa, pacífica y solidaria.

* Exasesor Oficina del Alto Comisionado para la Paz

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