Domingo, 25 Ago,2019
Opinión / JUL 24 2019

Un niño de abuela

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Hace algún tiempo llegaron unos padres con su hijo al consultorio. Juan es un niño de 10 años estudiante de cuarto de primaria de un colegio privado, sus padres estaban preocupados por su comportamiento en el colegio y en la casa, Juan no lograba completar adecuadamente el aprendizaje de la lectoescritura, tenía fallas múltiples en la comprensión lectora, en la utilización de las letras, realizaba omisiones —se comía algunas letras cuando escribía—, sustituciones —cambiaba letras—, fallas ortográficas; además era un niño muy desorganizado en su aspecto físico, no se preocupaba mucho por sus propias cosas, siempre esperaba que los otros hicieran sus tareas y ayudaran con sus compromisos, muy selectivo con sus alimentos, seguía pensando que era el centro del universo y que todas las personas deberían girar a su alrededor,  cuando no lo hacían Juan estallaba en llanto, se tiraba al piso y gritaba mientras se golpeaba con todo lo que encontraba. 

Los padres de nuestro protagonista eran dos profesionales muy exitosos laboralmente, sin embargo cuando decidieron unir sus vidas y ser padres, se fueron a vivir a la casa materna —donde la abuela materna de Juan—, ella era una mujer muy fuerte con su hija, significativamente crítica con su yerno, sobreprotectora extrema con su nieto aportando sin darse cuenta al mayor problema que se puede presentar en la vida de un niño, la pérdida del deseo. 

Por supuesto, el trabajo con Juan debe ser llevado a consolidar un proceso familiar de ubicación y comprensión del rol entre cada uno de los miembros de la familia, haciendo partícipe a la abuela en esa comprensión y empoderando a los padres como figuras de autoridad que generen esa fuerza y firmeza para que Juan consolide su autoestima y valor propio. 

En el caso de los abuelos cuidadores, es importante que se consolide la voz de los padres siempre dando la responsabilidad de las reglas a estos, diciendo: “tu papá dice que”, “la regla para esta situación según tus padres es…”, “preguntaré a tu padre si puedo dar ese regalo que quieres”.

Para los abuelos el llamado es a gozar la posibilidad de ver crecer a sus nietos, apoyando el proceso, teniendo más tiempo para ellos, paseando, cocinando, comprando, pero nunca desautorizando. Para los padres el llamado es a no renunciar a su función de autoridad, no desplazar la responsabilidad por el hecho de tener padres como figuras de apoyo, finalmente es su responsabilidad y lo que hagan hoy seguramente se verá reflejado en el futuro.


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