Miércoles, 20 Mar,2019
Opinión / DIC 30 2018

Una justicia paquidérmica

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los colombianos nos acostumbramos a la forma paquidérmica como opera nuestra justicia y tanto delincuentes como defensores, acusadores, y todo agente relacionado con el sistema, saben de antemano que los procesos son lentos, hasta llegar a la triste conclusión que “la justicia tarda pero llega”.

Lo grave, con mayor perjuicio para quien obra correctamente en defensa de sus legítimos derechos. Personas inocentes y honradas pagan con sus bienes, con su libertad, dignidad, prestigio, carrera o con su vida, malas actuaciones de personajes que por circunstancia del destino se atraviesan en su camino. En asuntos que competen a la ciudadanía, la población ve truncados proyectos y programas enfocados al objetivo fundamental de mejorar o reivindicar calidad de vida. 

Caso bien patético, las famosas ordenanzas 010, 011, 012 y 015 del 2015 aprobadas en veloz carrera por la asamblea departamental del Quindío que cambiaron la destinación de varios rubros presupuestales del departamento, con el oscuro propósito de no dejar los dineros a disposición del nuevo gobernador, Carlos Eduardo Osorio Buriticá, para su aplicación, tal como lo ordena la ley. Dejarle al mandatario la olla raspada y obstruirle en su primer año de gobierno el cumplimiento de su programa. Tres años después, a un año de concluir el actual período, el proceso aun avanza en su largo y tortuoso camino, con la ratificación del fallo emitido por el Tribunal Administrativo del Quindío anulando tales ordenanzas y en antesala de juicio penal a los diputados que las aprobaron, incluyendo además a la ex mandataria Sandra Paola Hurtado y varios de sus funcionarios, quienes continúan acudiendo a las triquiñuelas y trabas que esta justicia caduca les otorga para que sus actuaciones queden en la impunidad y ellos disfruten de los perversos y consecuentes frutos. Se habla de urgente reforma al sistema de Justicia, pero nunca se pone el dedo en la llaga. Obvio pues son los “mismos” a quienes corresponde hacerlo y no se van a clavar ellos el cuchillo. Ya quedó demostrado con lo sucedido con los proyectos anticorrupción. 

A los corruptos evidentes que aparecen con propiedades, dinero sin justificación alguna (enriquecimiento ilícito) no a su nombre por testaferrato, debería condenárseles a una vida de habitantes de calle, es decir no permitírseles lujos que no se merecen, que sufran miseria similar a la que han condenado con sus malignas actuaciones a millones de congéneres, que sufren en barrios marginados, chozas en peligrosas laderas con graves peligros de deslizamientos, desnutridos, sin adecuada atención en salud.

Nuevo año conlleva esperanza que los deseos se cumplen. Confiemos que este 2019 nos regale mejores condiciones de pronta, oportuna, eficaz y cumplida justicia. ¡Así sea!

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