Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / JUL 16 2018

Uno a uno

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Muchas situaciones se presentan en cada comunidad: problemas sociales, pobreza, inequidad e injusticia, corrupción y deshonestidad, violencia, quebrantamiento de la familia y en general, asuntos que reflejan la conducta individual que, al tornarse colectiva, genera una determinada manera de ser social.

Todo lo que ocurre en un lugar, tiene que ver con lo que cada persona hace o deja de hacer, con aquello que piensa y decide, con su estilo de relacionarse, con la manera en la que trata a los demás, con su particularidad a la hora de actuar con valores y conducirse… en palabras simples: con la forma en la que ejerce el carácter día tras día.

Según Bill Hibels, el carácter es lo que hacemos cuando nadie nos ve. Son esas maneras de ser que corresponden a la autenticidad y se reflejan ante los demás. Los que simplemente somos, sin máscaras ni posturas, en identidad.

Si queremos cambiar a nuestra ciudad —Armenia—, al Quindío, a Colombia y al mundo, debemos incidir en cada ser humano, pues hacerlo sólo en los líderes, aunque es útil, no posee el impacto para lograr que transformemos lo que requiere transformarse.

Es dispendioso, sin embargo, solamente incidiendo en cada ser humano, tenemos la posibilidad de materializar los sueños y consolidar el futuro que deseamos.

¿Qué debemos construir en cada uno?

Primero. Pensamientos de fe en sí mismo y confianza en los demás. Creer en la persona que se es, descubrir los talentos y ejercerlos en procura de conquistar los sueños, reconocerse en la propia grandeza y comprometerse con ser la mejor versión, requiere un pensamiento poderoso, identificarse con lo bueno, saberse capaz de aquello que elijamos hacer. 

También requerimos confiar unos en otros, creer que podemos apoyarnos, que es viable cooperar y construir juntos mejores horizontes de futuro. Hacer negocios mirándonos a los ojos, pensando en ganar – ganar, con intenciones transparentes y acciones claras, buscando la justicia en toda relación y construyendo relaciones sólidas y duraderas.

Segundo. Compromiso con el ejercicio de los valores. Desde el lenguaje, todos – o por lo menos, la mayoría – estamos de acuerdo en que ser honesto es bueno, ser respetuoso es deseable y ser tolerante es oportuno. Sin embargo, cuando se trata de llevarlos al comportamiento, surgen explicaciones y excusas, que de nada sirven, pues lo que se requiere es persistencia en la vivencia de esos principios que cuando se vuelven innegociables y continuos en las dinámicas sociales, propician una armónica convivencia.

Tercero. Orientación a la excelencia. La pereza y la mediocridad son dos grandes enemigos. Existen personas colmadas de sueños y buenos intenciones, con ideas grandiosas e iniciativas sorprendentes, que jamás permiten que ese poder trascienda desde ellos mismos hacia su entorno. Se requiere tomar acción, dejar de permanecer en cama o en actividades de ocio y más bien, construir en la realidad esos anhelos que visitan el alma… Un mundo mejor se hace: uno a uno, comenzando por ti y por mí.

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