Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / JUL 05 2017

Verificar el país real

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Sin que aún conozcamos sus estatutos como Partido, las Farc se han declarado “leninistas”.


Ya esta definición abre un interrogante político: ¿se han dado cuenta los teóricos de esta nueva colectividad que desde hace décadas la llamada izquierda sufre en el mundo una crisis que la ha llevado a desaparecer o buscar replantearse reconociendo los grandes errores cometidos en el pasado, el mayor de los cuales es precisamente el leninismo, o sea la justificación de la violencia? ¿En qué país de la llamada Cortina de Hierro subsiste aún la izquierda? En ninguno y en la mayoría gobiernan dictaduras mafiosas o gobiernos ultranacionalistas. El populismo de un teórico como Laclau, tan del afecto del Bergoglio peronista, el populismo de Chantal Mouffé, tan próximo a Podemos en España, carece aquí de verdaderos discípulos lo que, inevitablemente, nos lleva a preguntarnos sobre si aún existe un contenido marxista en nuestro Partido Comunista. Más aún ahora cuando el acuerdo para abandonar las armas los coloca enfrente de una opinión pública que indagará sobre los contenidos doctrinarios de los cuales se sirvieron para liquidar a sus opositores y hacerse, además, a una inmensa fortuna. “Pueblo unido jamás será vencido” era, recordemos, una proclama hitleriana; “pueblo amado” fue un clisé demagógico del fascismo italiano. ¿Cuál será su lenguaje político en una contienda democrática como la que les espera? ¿Cuál ha sido su discurso sobre el grave problema urbano, frente a la delincuencia organizada?

Volver la mirada hacia el país nacional es partir de estas preguntas para saber exactamente cuál es el panorama político de quienes supuestamente han aceptado el debate, la discrepancia. ¿Cuál es entonces la respuesta de esta izquierda que no tiene temor alguno de llamarse leninista en el momento de lanzarse a las plazas públicas? ¿Cuál es su idea de justicia? Viene a renglón seguido el problema crucial: ¿A qué clases sociales dice representar y a nombre de qué pueblo actúa? ¿Por cuál pueblo dice que luchó y va a luchar? Este es su mayor reto: el lenguaje que identifique sus contenidos políticos.

¿Han desaparecido los guevaristas, los troskistas, los maoístas? Tanto el Partido Liberal como el Conservador lo han hecho y solamente el Centro Democrático aparece como una necesaria expresión de una nueva clase urbana. Está la presencia activa de diferentes minorías raciales, sexuales, ecológicas, grupos religiosos. Pero ¿hacia dónde mira el país de las regiones, aquellos que desconfían del voto como participación democrática, aquellos que identifican a los políticos tradicionales con la corrupción y la degradación de las instituciones? Precisamente en el momento en que Macron emite las más estrictas medidas contra el terrorismo, nuestros jueces dejan en libertad a los más siniestros y confesos terroristas. La defensa de la República es una premisa que no admite diálogo alguno con los enemigos de la democracia. ¿Si no se da de salida una explícita condena del terror en qué clase de democracia podríamos soñar? ¿Cómo detener el odio si no se condena a quienes atentan contra los valores de la convivencia? Es esta disyuntiva la que va a definirnos en la contienda política que empieza. 

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