Jueves, 18 Abr,2019
Opinión / MAR 04 2019

Viejos … ¡sí! malos… ¡no!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desde que comencé a expresar mis opiniones, en mi lejana juventud, siempre me manifesté en contra de la gerontocracia y lo hice en momentos en que los jefes tradicionales les cortaban de tajo las alas y las aspiraciones a los jóvenes de esa época. No fue fácil ese tránsito, y por lo mismo soy partidario que demos paso a la juventud para que enarbole las banderas del cambio y la recuperación de una sociedad que ha tocado fondo en cuanto a valores. Los jóvenes tienen el amor por la ideas, la convicción de los principios y no están permeados por intereses pequeños y malsanos; al fin y al cabo para ser un buen dirigente solo se requiere sentido común y una gran percepción sobre la necesidades de los integrantes de una comunidad para liderarla.

Es por ello que cuando oigo hablar en forma despectiva sobre las aspiraciones de personas maduras en las próximas elecciones, siento que estamos equivocados al hacer equivalente canas a insultos y descalificaciones. Viejo cacreco, ya ni piensa por la edad; váyase para el ancianato, son algunos de los calificativos —que se pueden transcribir— en las redes y los muros para las aspiraciones a personas maduras para las elecciones de octubre. Nuestro debate siempre ha sido de ideas y no descalificaciones. Hoy en la región y el país, por parejo son acusados y condenados por corrupción viejos políticos y jóvenes políticos, viejos y jóvenes son protagonistas de nuestra desazón, pero también de la necesidad de cambiar este estado de cosas.

Es por ello que no podemos excluir a unos u otros. Los viejos tienen conocimiento y experiencia, los jóvenes ardor y decisión para cambiar. En el caso de la tacha por la edad, mejor miremos su pasado, cuál su hoja de vida, con quiénes se ha acompañado, cuáles sus ejecutorias, su conducta social y económica, si es un ejemplo de vida o no. Los antecedentes de los arrogantes, hipócritas, saltimbanquis del poder, los relacionados con gente de dudosa reputación, los lentejos o 'voltearepas' como decían los abuelos, en fin. Y también los viejos buenos, los que son respetados, los que no aspiran a las posiciones de comando por snob o arribismo sino para contribuir con su conocimiento a reencauzar la ciudad y la región, los que con su pasado son prenda de garantía para el futuro.

Ahora que apenas si se dio la largada en las aspiraciones y comienza la campaña electoral, y hoy que se habla de la necesidad de gente de bien, debemos mirar con lupa los candidatos a apoyar si queremos una ciudad y departamento que salga de esta crisis. Bienvenidos todos los buenos candidatos. Los viejos si pero los buenos, los viejos malos no.


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