Miércoles, 19 Jun,2019
Opinión / MAR 21 2019

Violencias recicladas

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El 7 agosto de 1962, asumió como presidente el conservador Guillermo León Valencia. El político payanés, segundo mandatario del llamado Frente Nacional, era famoso por su intemperancia verbal y su desmedida afición por la caza.

Recién posesionado, nombró al general Alberto Ruiz Novoa como ministro de Guerra. Dos años más tarde, decidió retirarlo del servicio activo. Tal vez tuvo celos de aquel preparado militar que parecía conocer más del Estado y sus necesidades, que la propia clase política. Eran tiempos del bandolerismo, derivado de la violencia sectaria alentada por los partidos políticos.

A mediados de agosto de 1962, Ruiz Novoa encomendó al teniente coronel Álvaro Valencia Tovar una evaluación sobre el libro La violencia en Colombia. En su informe, Valencia presentó un análisis del impacto de la obra para el país y las implicaciones que esta tenía en relación con la labor de las Fuerzas Armadas. Emitió además algunos conceptos favorables sobre el texto, razón por la cual los sectores conservadores declararon que estos constituían un ataque al partido. El documento, que había sido dirigido al ministro de Guerra, con clasificación ‘secreta’, había llegado inexplicablemente a manos del senador conservador Darío Marín Vanegas quien lo hizo público.

Los reclamos no se hicieron esperar. En un debate citado por los conservadores, el 13 de diciembre, Ruiz Novoa hizo una férrea defensa del Ejército y del coronel Valencia Tovar. Pero además, pronunció un dramático llamamiento a la clase política y dirigente invitándoles a deponer los odios y evitar más señalamientos: “Trescientos mil muertos por la violencia os piden paz, paz, paz. […] Estamos al servicio de los colombianos y no permitiremos que las Fuerzas Armadas sean puestas al servicio de intereses políticos”, dijo el general en forma emocionada, para concluir un discurso que causó honda impresión entre los asistentes.

Ante sus intervenciones, en las que eran frecuentes las críticas a la clase política, los conservadores enfilaron baterías contra el oficial. Marín Vanegas, advirtió que sus discursos eran una clara intervención en política. Vale recordar que Ruiz reveló, en una acalorada sesión, las relaciones de Marín con grupos armados en Santander, razón de más para desatar su ira contra el militar.

Otro tanto hizo el senador Raimundo Emiliani, quien afirmó que “[…] el problema de este país es que los militares se ponen a estudiar y comienzan a conspirar”. La respuesta del general fue enfática: “[…] la prohibición de deliberar no puede convertir a los militares en ciudadanos de segunda clase”. 

Lamentablemente, las inquietudes del general Ruiz Novoa fueron hábilmente neutralizadas por élites políticas empleando argumentos retóricos que convertían lo verdadero, en reprobable e insípido, y lo falso, en atractivo y creíble. Una forma elocuente para distraer las discusiones sobre lo fundamental. Una técnica empleada por una clase política de la cual han cambiado los nombres, pero no las malas costumbres.
 

* Miembro Academia Colombiana de Historia Militar

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