Viernes, 16 Nov,2018

Opinión / SEP 09 2018

Zonas de miedo

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Sobre el actual desarrollo urbano de Colombia, es necesario pensar cómo los miedos se han ido convirtiendo en parte del tejido constitutivo de la ciudad, ya que estos se integran en el modo de convivir en el territorio. El miedo colectivo surge como una respuesta a un estímulo, que logra crear en el imaginario social razonamientos -correctos o falsos- y enclaves en el paisaje urbano y la memoria común; en donde la percepción de violencia urbana es sin duda muy superior a la criminalidad existente.

De forma intempestiva el miedo se propaga y está presente en todas partes. Sentido en el incremento del terrorismo, en las amenazas ambientales, en los riesgos asociados al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y en la inestabilidad que caracteriza la vida contemporánea. El miedo es el sentimiento más contagioso que existe, generalizado y compartido con el resto de la sociedad, la gran mayoría de las veces diseminado, exagerado y retroalimentado en esta era mediática por las redes sociales, en la que todas las sensaciones crecen y se extienden a velocidad del destello.

La zona de miedo es un espacio en el imaginario de los individuos, la cual ofrece una perspectiva en donde se percibe y se trata las formas espaciales con definiciones culturizadas, como la casa, la calle, los lugares de acción grupal y de forma general cualquier sector que sirva como centro para el colectivo y se actúe socioculturalmente. De manera que los miedos siguen sintonizados con preocupaciones patriarcales; anclado en conjuros y fórmulas mágico-religiosas, que permiten un espacio poco optimista ligado a los temores originados bajo un exilio exterior.

Una zona productora de miedo se suscita a raíz de los diferentes hechos de violencia que se presentan en esta, reforzando la idea de un territorio peligroso y violento, obteniendo como resultado zonas en las que la mayoría de sus habitantes las reconoce como generadoras de miedo. Eso conlleva a presentar repercusiones en la forma de vivir, pensar y usar la ciudad y en los tipos de relación social establecidos por sus pobladores.

Para vencer el miedo, es necesario contrarrestar primero la seducción que ofrece la falta de esperanza en la búsqueda de seguridad. Eso implica cerrar el acceso a la resignación y la pasividad, sumado a integrar estrategias y acciones ciudadanas, guiado por una fuerte motivación de interés y afecto por la ciudad. La tarea es despojarse del sensacionalismo del terror, revelando la necesidad de desactivar el engrandecimiento mediático y psicológico del miedo y la urgencia de no ignorar por más tiempo las condiciones sociales que lo generan.
 

@TcBedoya

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