Lunes, 22 Jul,2019
BLOG / LITERATURA / JUL 02 2019 / Comentarios

Otoño alemán

Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

Mejor es aprender
a perdonar a tiempo
a los otros primero
a uno mismo después.
Mejor es aprender
a juzgar tarde
pero si
pero cuándo
a los otros después
a uno mismo primero.

Stig Dagerman

 

Stig Dagerman nació en octubre de 1923 en Älvkarleb, Suecia. Considerado una promesa de la literatura de su país, Dagerman escribió desde 1945 a 1949 su obra literaria, compuesta de novelas, poesía, teatro, ensayos y textos periodísticos. Corría el mes de noviembre de 1954 cuando, en una escena de película, se encerró en el garaje de su casa, encendió su carro y esperó a que la muerte llegara por medio de los gases tóxicos que inhalaba.

Su único libro de crónicas es Otoño alemán, editado por Sexto Piso en 2003. Contiene textos escritos para el periódico sueco Expressen en el año de 1946. El proyecto consistió en viajar a la Alemania en ruinas y narrar cómo vivían los alemanes derrotados luego de la guerra. Dagerman, con una gran habilidad de observación, los describe como desplazados en su propio país vistos por los antinazis del occidente alemán con dos caras: «Su presencia fue al mismo tiempo odiosa y bienvenida; odiosa porque los que llegaban no traían consigo más que hambre y sed; bienvenida porque alimentaban sospechas que sólo esperaban ser nutridas». Las crónicas de Dagerman también son ensayos en los que sostiene varias ideas que otros periodistas de ese entonces no entendieron, entre ellas, que es mejor comprender antes de enjuiciar y que el sufrimiento y hambre pueden llegar a mismos alcances tanto para un judío, nazi o un inglés. Eso me lleva a pensar en las desventuradas travesías con hambre de un soldado o un guerrillero colombiano. Largas horas de caminata que los dejan cansados y con las mismas ansias de comer independientemente de la idea que defiendan.

Dagerman hablaba con quienes pasaban hambre y padecían las consecuencias de la guerra. En una de sus crónicas cuenta que un periodista se le acercó y le dijo que si quería mantenerse enterado de lo que pasaba era mejor que leyera el periódico, y no que se juntara con pobres haraposos que vivían en sótanos y búnkeres. No hizo caso, y de las conversaciones con estos derrotados escuchó de ellos que preferían vivir en la Alemania de Hitler a pasar por las humillaciones y hambrunas que vivían. Muchos periodistas al escuchar esas palabras se iban con rabia; Dagerman se quedaba escuchándolos. En el libro Dagerman dejó claro su rechazo al nazismo, sabía que eso no era un obstáculo para escuchar los testimonios de los alemanes derrotados de Hitler.

En sus crónicas insiste, y se corrobora, que ese paisaje de ruinas podía ser descrito, que la sensación de vivir con el agua hasta las piernas en los sótanos que servían de vivienda podía ser descrita. El tema de describir el sufrimiento o lo violento es contrario a lo planteado por la escritora Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás. El recuerdo que tengo del libro de Sontag es que resalta la imposilidad de describir imágenes tan violentas y crueles que deja la guerra. Ante un dolor tan grande no se encuentran palabras para expresar lo sentido. Dagerman muestra algo distinto.

Considero idóneo dejar al lector algunas de las palabras escritas por Dagerman en Otoño Alemán, libro que no solo relata la vida de unos derrotados, sino que también nos habla de qué era la compasión y sufrimiento en ese entonces, no muy distinta a la de ahora:

1. Naturalmente no van a la escuela [los niños desplazados]; primero, porque la escuela no ha abierto todavía; después, porque la expresión «ir a la escuela» es un eufemismo de esos que la miseria impone masivamente a aquellos que deben hablar el lenguaje de la miseria.

2. Se analiza; pero en realidad es un chantaje analizar la posición política del hambriento sin analizar al mismo tiempo su hambre.

3. Se les exigía a los que acababan de sufrir ese otoño alemán que aprendieran de su desgracia, sin pensar que el hambre es un mal pedagogo.

4. El que tiene hambre de verdad, viéndose sin recursos no se culpa a sí mismo por su hambre sino a aquellos de quienes puede esperar ayuda.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net