Domingo, 29 Mar,2020
BLOG / SALUD / FEB 05 2015 / Comentarios

Padres neuróticos

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En la experiencia diaria de modificación de conductas infantiles en el consultorio, he venido observando un patrón en los padres de nuestra región que puede llegar a ser analizado como variable predisponente de algunas conductas y por ende causante del malestar emocional de la niñez.

Los padres de hoy quieren a toda costa suplir las necesidades de sus hijos, o por lo menos lo que ellos creen que son necesidades, envolviendo a los niños en una dinámica de necesitar, necesitar y necesitar o como diría R. Santandreu -2014-, ‘necesititis’ la enfermedad de la actualidad. 

Desde que los niños nacen les empezamos a comprar miles de artículos, llenamos los espacios de objetos ‘divertidos’, que a veces ni caben en la casa y que saturan al niño, cuando están más grandes les compramos X-box, Wii, tabletas, computador de mesa, portátil, celular, PSP y todo lo que sale al mercado, incluso algunos padres llegan a verse en problemas porque no saben qué dar en Navidad cuando el niño ya lo tiene todo.

Lo negativo del planteamiento anterior no es el hecho de dar algo a nuestros hijos, es entender ¿qué estamos causando cuando damos tantas cosas? En ocasiones podemos llegar a causar ‘la muerte del deseo’, que es esa capacidad innata de explorar el mundo y las cosas nuevas, de sorprenderse por lo básico y de sentir emoción por algo. 

Cuando los niños pierden esta capacidad adquieren algunas creencias de desesperanza que afectan su desarrollo emocional, empiezan a creer que necesitan más para ser felices y no hay satisfacción para ellos en lo que hacen, otro de los problemas de esta dinámica es cuando queremos castigar una conducta, los padres me dicen en el consultorio: “ya ningún castigo le sirve, si le quito los videojuegos o la TV me dice que no le importa”.

Yo les pregunto a los lectores a manera de reflexión: ¿Les ha pasado alguna vez en el restaurante de un hotel donde sirvan bufet que solo con ver tanta comida ustedes se sienten llenos? Esto es porque para conseguir el refuerzo debo tener el deseo que me mueve y por ende nuestros hijos deben tener algo de ‘hambre conductual’ a la hora de darle un castigo o una recompensa, llenarlos de objetos y cosas les quita el hambre y afecta su motivación intrínseca. 

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