Viernes, 22 Nov,2019
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La ropa sucia se lava en casa

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¿Haría usted negocios con una empresa de la cual se oyen rumores del serio conflicto que existe entre sus propietarios? En parte, nuestra decisión de realizar negociaciones con clientes y proveedores depende de la confianza que estas empresas nos generen y en la medida que la información que tengamos de dicha empresa muestre, así sea una leve posibilidad de incumplimiento por causa de sus problemas internos, nuestro nivel de confianza baja y las condiciones para el realizar el negocio, necesariamente cambian. 

El conocido refrán “la ropa sucia se lava en casa” aplica perfectamente al manejo del conflicto que surge entre accionistas o familiares en una empresa y tiene que ver con los procedimientos que se deben crear, antes de que surja el conflicto, para regular la forma de gestionarlos, independientemente de su desenlace. 

Recientemente fuimos testigos de la forma como el alcalde y gobernador de una importante ciudad y departamento de Colombia, respectivamente, se enfrascaron en un lamentable cruce de declaraciones públicas, en su calidad de miembros de la junta directiva y accionistas de una empresa que vivía una serie crisis que requería de coordinación corporativa, antes que enfrentamientos y recriminaciones politiqueras. Este problema derivó en que se filtrara información confidencial de la empresa y que se generara cualquier cantidad de rumores frente a la situación de la crisis que estaba afrontando y sus proyecciones futuras. 

En empresas del sector privado, las consecuencias no son menores, cuando la mala relación entre socios, que en la mayoría de los casos es entre ‘Egos’, traspasa las puertas de la sala de juntas para ser conocida por los diferentes grupos de interés. En efecto, con la tirada de la puerta y el grito final, la mayoría de los empleados de la empresa conocieron en tiempo real la situación entre socios, lo que provoca de forma inmediata, una inseguridad que muchas veces lleva a buscar nuevos rumbos en aguas más calmas. De la misma forma, los proveedores y financiadores, al conocer la situación, con clara desconfianza, empiezan a exigir pagos de contado y a solicitar el aumento de las garantías. Finalmente, los clientes, a pesar de conocer y confiar en los productos o servicios, empiezan a buscar sustitutos como un mecanismo de precaución. Y mientras todo eso sucede, la empresa pierde su rumbo y los accionistas su patrimonio. 

Tanto en empresas familiares como no familiares, la definición de las reglas para el manejo de los conflictos y las previsiones de los mismos, son una forma responsable de garantizar la continuidad de la empresa. Entender si el conflicto es económico o comercial, o si por el contrario se trata de un incumplimiento al protocolo o los estatutos o si tiene que ver con el comportamiento de los socios o familiares, permite definir el tipo de procedimiento que se debe aplicar a cada caso. En efecto, no es lo mismo resolver un asunto en conciencia que en derecho. Permitir la participación de un amigable componedor, que le genere confianza a las partes o llevar el caso ante un tribunal de arbitramento como última instancia, luego de intentar los diversos mecanismos internos, es muestra de prudencia y responsabilidad frente a las consecuencias que supone revelar un conflicto, del cual el único beneficiado es la competencia.

Y así como se definen procedimientos para tratar el conflicto, también se deben prever las situaciones que tradicionalmente lo generan. Los mecanismos para la valoración del precio de las acciones, cuando un accionista se quiere retirar y la forma de ofrecerlas al resto de los accionistas; la creación de fondos de liquidez que preveen la recompra de acciones; los mecanismos de preferencia en la negociación de acciones, las limitaciones o restricciones a los representantes legales, entre otros, son aspectos que deben quedar claros desde la constitución de la sociedad, o al menos en una reforma estatutaria que contemple estas medidas. 

Una sociedad es un ente en permanente exposición al conflicto entre sus socios y es en ese momento, en donde conocemos la verdadera condición humana de los mismos. Para no llevarnos sorpresas, empecemos por conocer mejor los estatutos de la empresa. 
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