Martes, 21 May,2019
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El tiempo de la eyaculación

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La eyaculación precoz o temprana es considerada una dificultad sexual que afecta alrededor de un 20 a 30% de los hombres, considerándose hoy la segunda disfunción sexual más frecuente, después de la disfunción eréctil. La cual se diagnostica cuando la eyaculación ocurre antes de 1,5 minutos de la penetración, sin que el individuo tenga control alguno sobre ella; lo cual le produce angustia, pudiendo generarle conflictos con la pareja.

El Tiempo de Latencia Intravaginal Eyaculatoria, Ielt, es definido como el tiempo que transcurre entre la penetración vaginal y la eyaculación. A fin de evaluar la objetividad de este tiempo, reuní a un grupo de 100 personas, —hombres y mujeres—, a fin de establecer lo que para ellas era la duración “normal”. La sorpresa fue abismal, puesto que los hombres menores de 50 años consideraron “normal” 6 minutos, los mayores de 50 años reportaron 9 minutos, mientras las mujeres menores de 50 años informaron 15 minutos y las mayores de 50 años sorprendieron con 30 minutos. A la luz de estos datos la conclusión es la siguiente: no tenemos ni la más remota idea de la realidad.

A la luz de la experiencia científica, los expertos han evaluado el Ielt, y consideran 1,25 minutos como un tiempo “muy corto”, 4,91 minutos como tiempo “adecuado”, 8 minutos como “deseable” y 19,96, como “muy largo”. En este escenario tendríamos que alrededor del 30% de los hombres se ubican en un tiempo “muy corto”, el 3% en “muy largo”, mientras que el 45% en el tiempo “adecuado”, lo cual significa que el 22% estaría en el tiempo “deseable” —aún lejos del tiempo de las películas triple X—. Sin embargo, estos resultados no deberían proporcionarnos sufrimiento, sino placer, ya que el tiempo de penetración solo es un elemento más en el que se orquesta la sexualidad.

La mejor manera de controlar el Ielt es yugulando la aparición de sentimientos negativos —angustia, ansiedad, hostilidad de la pareja o temor al fracaso sexual, sensación de responsabilidad sobre la satisfacción sexual de la pareja, etc.—, lo mismo que evitar la baja frecuencia coital o las relaciones sexuales a la carrera. No obstante, es válida el uso de terapias conductuales y farmacológicas, pero no como las primeras alternativas a la reforestación de la educación sexual, donde prime la mujer como dueña y señora de su propia sexualidad, lejos del mundo chambón de la misógina falocracia.

Si para la pareja el tiempo de penetración es importante, se debe negociar primero el disfrute y el placer por encima del prosopopéyico “tiempo de taladreo”, donde la pareja no sea considerada como un objeto sexual, sino un complemento de la dupla, merecedora de los mismos derechos íntimos que le permitan disfrutar y gozar del sexo, por encima de la cultura, la fisiología o la moda.

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