Lunes, 21 Oct,2019
BLOG / CIUDADANíA / MAR 31 2019 / Comentarios

Las libertades de las personas no son igual a feminismo ni a machismo

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Si hombres y mujeres en el pasado histórico formaron clanes que se unieron para obtener mejor calidad de vida, donde se distribuyeron esfuerzos y recursos para sobrevivir, en la cual fue destacable la importante contribución de la mujer; ¿por qué hoy eso no es posible? ¿De qué sirve la división sexual del trabajo? ¿Cuál es la ventaja de promulgar una dominación física, sexual y social que controle a la mujer por parte de los hombres?

El patriarcado se equivoca cuando tercia su principio dogmático de conjeturar la debilidad física e intelectual de las mujeres, más aún cuando asume el conveniente papel protector y proveedor de los hombres. No es sana una relación de pareja y menos de familia, cuando se implanta el poder de unos sobre otros; por lo tanto, es antinatural la acrecentada subordinación de las mujeres que día a día se pretende. Es injusta y retrógrada la sujeción de las mujeres al padre, a los hermanos, al esposo y a los hombres en general, puesto que eso lo único que hace es impedir su edificación como persona libre.

La gente que me conoce, sabe de mi defensivo y perenne propósito en la búsqueda de la equidad e igualdad de género, así como del empoderamiento de la mujer; no obstante, también considero prudente establecer algunas reflexiones al respecto por parte de las féminas, ya que se ha pasado de una disputa ideológica hacia una imperativa anarquía moral.

 Se hace necesario entender que la reivindicación, tanto de la igualdad como de la equidad, debe ser desmitificada no solo desde lo sexual. A la libertad sexual se le está imprimiendo un complejo sello de reflexiones binarias, y pareciera que el interés único es hacer y deshacer —a la hora del sexo—, a la par de los hombres. Al final eso no es ni igualdad, ni equidad, ni mucho menos empoderamiento, sino simplemente biológica impudicia; para eso no se requieren disputas sociales.


 

No es para juzgar a una mujer que en su afán de supremacía y de destacado empoderamiento, convierta su cuerpo en el receptor de todo tipo de fluidos con uno y otro al destajo; pero, merece enderezar el pragmático derrotero de sus verdaderas pasiones, ya que el giro descuidado hacia la igualdad y equidad de género, la está poniendo en peligro; eso amerita la respectiva reflexión acerca de sus protuberantes riesgos.

Insisto una vez más, no hay la intención de negar obtusamente las libertades de las personas en sus quehaceres debajo de las sábanas. El llamado es a entender e interpretar con sensatez, el verdadero propósito de la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres; puesto que la mejor sociedad no es la que fue, sino que tal vez lo sea, la que estamos construyendo, y quizás lejos de toda impoluta moral.

 

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