Lunes, 18 Nov,2019
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Ganó el miedo a perder en la final de la Champions League

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El Liverpool logró su sexta Champions League en la historia después de derrotar por 0-2 al Tottenham en la final disputada en el Wanda Metropolitano. Los dirigidos por Klopp sorprendieron en el primer minuto de juego gracias a un grosero penalti de Sissoko transformado en gol por el egipcio Mohamed Salah. Los Spurs lo intentaron todo para reaccionar pero repitieron el guion sin éxito durante los 89 minutos siguientes. Origi, el belga que se avivó contra el Barça en semifinales, sentenció el partido rozando el final para evitar cualquier épica de Harry Kane y compañía.

En la previa todos pensábamos que sería una final de esas que llaman ‘golpe por golpe’. Un ‘matar o morir’. Un partido digno de Premier League en el que se marcarían muchos goles, se jugaría con mucha intensidad y los jugadores irían a todas como si fuese la última. En gran parte condicionados como espectadores porque la fase de eliminación directa tuvo grandes sorpresas y varios equipos fuertes quedaron eliminados ante la sorpresa de todos: Real Madrid, Manchester City, PSG, Barcelona, Ajax, Juventus, Atlético de Madrid. Todos sufrieron reveses inesperados y se quedaron por fuera en los minutos de descuento o con remontadas memorables. Sin embargo, el segundo gol más rápido en la historia de la competición —2’— marcaría lo que sería el destino de los peores partidos del año.

Lo cierto de todo es que el guion original del encuentro cambió en un abrir y cerrar de ojos para Pochettino, que en la previa había afirmado que ya era bastante premio haber llegado hasta allí y con el aliciente de no haber fichado a ningún jugador para afrontar la competición. Los de ‘Poche’ lo intentaron por todos los medios. Aunque no tuvieron la suerte de ese Tottenham que eliminó al Ajax en el último segundo, hay que reconocer que fue el único de los dos protagonistas en la final que siempre buscó ir al frente para morir de pie.

Tras el pitido final pensé seriamente: quizás Jurgen Klopp comprendió que las finales no se juegan pero sí se ganan. De hecho, en la entrevista pospartido el alemán confesó que ha quedado siete veces segundo, o lo que es lo mismo, ha perdido siete finales. No sabemos si Klopp podría haber aguantado otra piedra más en su mochila de fracasos y por eso renunció a que el mundo viera al Liverpool desplegar su juego como lo viene haciendo desde que Klopp llegó. Había que asegurar la sexta Champions y lo más conveniente era anotar, resguardarse y esperar. Tanto fue así que lo más llamativo del partido fue la incursión de una rubia mujer al campo de juego y que luego se viralizó más que los goles del partido. Ganó el miedo a no perder, eso seguro.


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