Lunes, 23 Sep,2019
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Todavía nos queda el fútbol femenino

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El auge del fútbol femenino en el último lustro es un llamado a la esperanza. No se puede desconocer que el fútbol profesional masculino se ha convertido en negocio: fichajes millonarios, publicidad por todos los frentes, escándalos de corrupción y un sinfín de ingredientes que han hecho del deporte más popular una mina de oro. En ese tóxico afán de querer compararlo todo, durante el Mundial de Francia, en el que las jugadoras estadounidenses se coronaron por cuarta vez, me detuve a pensar: ¿Qué tiene de especial el fútbol femenino, que el masculino haya perdido? 

La respuesta es sencilla: espíritu. En el fútbol de élite, los hombres saltan a la cancha por dinero y las mujeres por la gloria. Y para muestra de ello, voy a recurrir a una situación en particular que ocurrió el fin de semana tras la final de los Juegos Panamericanos ante Argentina. 

Luego de conseguir la primera medalla de oro en fútbol, Catalina Usme pasó de jugar Juegos Panamericanos a jugar liga femenina en el clásico vallecaucano por la fecha 5 del torneo. La jugadora actuó los 120 minutos del partido por la disputa de la medalla dorada, incluso marcó el gol que puso el 1-0 parcial para la victoria de Colombia. Como si fuera poco, convirtió el primer penalti de los 7 que le dieron la victoria a las ‘niñas’ -cómo diría Faryd- y no contenta con eso, después de celebrar la obtención del oro con sus compañeras, viajó a Colombia y en menos de 24 horas disputó otro partido, pero esta vez con la camiseta del América de Cali. Era un Clásico y Catalina no podía faltar a la cita. Faltando 20 minutos para que concluyera el partido, entró a la cancha por Adriana López, y créanme, lo celebré cómo un gol. Se me infló el pecho de orgullo. Pensé en lo que habrá sentido Catalina tras esa victoria por 3-2 ante el Deportivo Cali y no debe haber algo parecido. Seguramente experimentó una caricia al alma por todo lo que les ha tocado padecer a las mujeres para llegar ahí. 

No debemos olvidar el contexto en el que ha hecho eclosión el fútbol femenino. Un deporte que se ha convertido en una herramienta poderosisima para reivindicar la lucha contra la discriminación por sexo, la desigualdad y la falta de oportunidades. Todavía hay mucho camino por avanzar, como que se dote de más recursos al fútbol formativo, que se retribuyan de la misma manera los premios masculinos y los femeninos o que se proteja a las futbolistas cuando deciden ser madres, de modo que no tengan que abandonar su carrera. Vamos por el camino, lento pero seguro.


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