Lunes, 23 Sep,2019
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Los hombres víctimas de ‘mujeres castradoras’

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En estos tiempos, quizás, es absurdo hablar de “mujeres castradoras”, dado a que se haría mención a cierta empatía con la sección impopular de la filosofía psicoanalítica. No es mi propósito enfatizar un tinte reduccionista y genitalizado del orden fálico social, al hacer mención a este tipo de mujeres, cuyo común denominador es comportase con manifiesta omnipotencia, la cual domina a su pareja de forma pelele, de acuerdo a un recio carácter, tal vez alimentado por un enraizado narcisismo, cuyo origen se cultiva en la soberbia.

Un hombre expuesto a una mujer que se presenta de forma autoritaria y petulante, dándole a entender que él es una marioneta, victimizándolo a un ambiente desvalorizante, con fines de dejarlo con un rol pasivo y dependiente, debido a que ella ejerce el crónico control de la relación y de la situación, se encuentra frente a una “mujer castradora”.

En un ambiente familiar, donde la mujer monitoriza el salario del esposo, decide los gastos y el dinero para uso personal del mismo, le compra la vestimenta, le dice qué usar y qué no, le selecciona las amistades, ejerce el dominio de la sexualidad, se muestra detective a la caza de evidencia sospechosa —busca en agendas, celulares, etc.—, evocando o castigando situaciones del pasado, hacen que el hombre se encuentre victimizado por una “mujer castradora”.

En este escenario el hombre puede sentirse viviendo la ambivalencia de amar a su pareja, pero también rechazándola en simultánea, debido a que está envuelto en un mundo afectivo, pero aterradoramente dominante. En este escenario la mujer se cree la persona más importante del mundo, en donde la pareja no tiene espacio para mostrarse, puesto que ella no le facilita dicho intercambio, y siempre está hablando de todo lo que le concierne a sí misma, en la búsqueda de reflectores y aplausos.

Es tal el egocentrismo de una “mujer castradora” que llega a demeritar e invadir a los demás, pretendiendo caracterizarse por una intachable moralidad, con tintes de obsesivo esmero en verse bien para ella y los demás, invirtiendo en todo tipo de frivolidad cosmética en el afán por destacarse y ser el centro de atención, cosificando e instrumentalizando a los demás.

El comportamiento de una “mujer castradora” a la hora del sexo, consiste en negarse a la intimidad, amenazando con suspender la actividad sexual, rechazando mostrar su cuerpo o comparando a la pareja con el ex; impotentizando al hombre de tal modo que, acaba por resquebrajarle la autoestima. En la fruslería de su cosmos, supone que “sabe y puede”, por lo tanto, se cree casi siempre con la razón, lo cual la lleva a que su pareja termine por presentar problemas sexuales, donde se involucran responsabilidades de las dos partes, pues esto es como el tango, se “baila de a dos”.

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