Miércoles, 08 Abr,2020
Editorial / ABR 08 2020

Trapos rojos

Hoy se asoman desde las ventanas en los barrios de estratos 1 y 2, pero pronto serán ondeadas en masa por los pequeños y medianos empresarios del país.

Trapos rojos

En algunos barrios del país, incluido Las Colinas de Armenia, los residentes resolvieron colgar trapos rojos en las ventanas y puertas para llamar la atención sobre las dificultades económicas que están pasando. En estas casas, las de los trapos rojos, también se está disparando la violencia intrafamiliar. Alegan que tienen hambre, que las ayudas no llegan, que no pueden salir al rebusque para entrar el pan de cada día. Para quienes allí habitan, el virus que tiene en cuarentena al mundo no los asusta. Más miedo les da no tener que echar a la olla. Pero, por ahora, a regañadientes cumplen con el aislamiento. Están esperando, tal vez, no por mucho tiempo.

Dos semanas más, como mínimo, se prolongará el confinamiento en el país. Será un eterno mes, el más largo del año. Era necesario. Fue una decisión sensata y prueba de una gran responsabilidad con la nación, lo anunciado por el Presidente de llevar la cuarentena hasta el 26 de abril, por ahora. Sin estadísticas actualizadas, con represamiento en el procesamiento de muestras y con alta deficiencia de camas dotadas con lo necesario para atender pacientes críticos por la pandemia, hubiera sido un acto de negligencia haber levantado el confinamiento. 

Un día después del anuncio presidencial, aparecieron 201 nuevos casos de la COVID-19, en Colombia. Desde que se confirmó el primero positivo, el pasado 6 de marzo, no se había tenido un día por encima de los 200 reportes nuevos. Otra razón para esperar en casa a que llegue el pico de la pandemia, atender con paciencia las indicaciones gubernamentales e insistir en las medidas preventivas ampliamente explicadas.

Y, al diluirse la esperanza de un confinamiento inteligente, para el que no parece estar preparada la población, crecen otras preocupaciones y nacen nuevas urgencias. Los alivios anunciados hasta ahora por el gobierno Nacional son tímidos para lo que realmente se necesita. No se puede cacarear como un gran alivio aplazar el pago del predial o de los servicios públicos, ayuda mover en el tiempo esas deudas, pero no van a desaparecer y tras la finalización del encierro la lucha de millones de colombianos será buscar o recuperar el empleo para empezar a responder por estas y otras deudas. Tampoco merece alharaca la disminución, unos pesos, del precio del galón de gasolina, poco ayuda al colombiano promedio la medida. Bienvenidos los subsidios extras para los programas de familias y jóvenes, pero apenas si podrán mitigar por unos días el hambre y la zozobra de una parte de la población.

 Todavía no se escuchan, ojalá lleguen pronto, las buenas nuevas para los emprendedores, los pequeños y medianos empresarios, esos que soportan la economía en departamentos como el Quindío e impiden que las cifras de desempleo sean peor de lo que históricamente han sido (restaurantes, hoteles, colegios privados, almacenes, peluquerías, confecciones, transporte escolar, ferreterías, talleres, bares y discotecas, constructores, medios de comunicación, Etc). La bolsa de dinero para los créditos anunciados, como la congelación de las tarifas de agua, solo corren la preocupación hacia adelante en la línea del tiempo, ayuda, pero están lejos de recuperar o mantener los empleos que son los que en últimas sí dan tranquilidad permanente a millones de familias.

 

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