Editorial / JUL 10 2020

Amable está en deuda

La deuda es moral y se resume en la incapacidad, pese a que siempre hubo recursos, de sacar adelante el tan necesario sistema estratégico de transporte público para la ciudad.

Amable está en deuda

En marzo de 2009 cuando nació jurídicamente la empresa industrial y comercial Amable tuvo como visión, y así quedó consignado, haber implementado, en 2016, el sistema estratégico de transporte público en Armenia, acorde con la política pública nacional de ciudades Amables, contribuyendo al bienestar de toda la población y visitantes de la capital quindiana y reflejándose a los municipios vecinos de la ciudad. Eso no pasó y hoy, once años después de su creación, Amable debe esperar el visto bueno del concejo local para tener vida administrativa por dos años más y entregarle a la ciudad, por lo menos, las obras civiles que ya están contratadas. Si el concejo dice sí, $56.000 millones en aportes de la nación podrán desembolsarse.

Hace 11 años, cuando fue constituida legalmente la empresa Amable, los armenios empezaron a albergar la posibilidad de contar con un sistema de transporte público, moderno, eficiente, integrado e incluyente. La meta no se logró. La ciudad llegó hasta la integración de tres empresas transportadoras bajo la marca Tinto; dos de los paraderos con espacio público están acabados, hay dos cuyos locales comerciales se sostienen y el último construido en la calle 23, inaugurado dos veces, ya ha sido objeto de actos vandálicos. En este PEP del centro se esperaba contar con una central semafórica inteligente pero ese también será, como van las cosas, otro sueño truncado y la ciudad deberá seguir con una red semafórica obsoleta, ineficiente e insegura.

La deuda de Amable con los armenios no es económica, aunque también quedará la huella de dineros que se quedaron quietos en los bancos por la ineficiencia de varios gerentes. Lo que tiene Amable hoy para mostrar es la contratación de obras civiles, varias de ellas terminadas o en desarrollo por fuera de cronograma, y que no pueden ofrecerse como lo que justifica los once años que lleva operando la entidad porque para eso no fue para lo único que fue constituida. 

Sería bueno saber cuál  es la matriz de transporte origen – destino actualizada de la ciudad, cuánto vale implementarla, qué se necesita para hacerlo y cuál es el cronograma. La única matriz conocida es más vieja que Amable y está ya muy lejos de la realidad local. Tampoco se habla de las terminales de intercambio para facilitar el desplazamiento entre municipios cercanos y beneficiar estudiantes universitarios y trabajadores que llegan a la capital. Mejorar los tiempos de desplazamiento en bus y beneficiar el bolsillo de los usuarios fue otra de las promesas con las que nació Amable y los gobiernos municipales justificaron su creación pero eso, también por ahora, quedará congelado.

Tampoco en cultura ciudadana, uno de los compromisos y programas de Amable, hay resultados alentadores. Se ensayaron varias campañas, pero todas tibias, cortoplacistas, con frases gastadas que en nada cambiaron la mentalidad de los armenios, que no hicieron florecer el sentido de pertenencia y que poco aportaron para que los ciudadanos se apartaran de ese comportamiento vandálico y destructor que los lleva a destrozar en cuestión de días las obras que son hechas para su beneficio. Por todo esto y más, Amable está en deuda.

 

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