Editorial / ABRIL 23 DE 2021

Empresas que valen oro

En el Quindío se cultiva café de la mejor calidad para competir nacional e internacionalmente, hay relevo generacional en los cafetales y la calificación de la taza es superior.

Empresas que valen oro

La medalla de oro otorgada a Café La Morelia, del Quindío, por el Instituto Nacional de Calidad –Monde  Selection-, con sede en Bruselas, confirma la bien ganada reputación a nivel nacional y mundial de los productores quindianos en cuanto al conocimiento, dedicación e innovación en toda la cadena productiva de la bebida insigne. Felicitaciones a la tercera generación de una familia consagrada, honesta y respetuosa de la tierra y agradecida con lo que ella le brinda.  

Primero fue el sello de plata y ahora el sello dorado Monde  Selection, los reconocimientos  que,  junto al otorgado por la Agencia para la Valorización de Productos Agrícolas, de París, luce el café de origen tostado gourmet de La Morelia en su empaque. Lo que más anima es que los buenos resultados obtenidos por quienes arañan la tierra en la finca La Morelia, no son un caso aislado ni fortuito, son el fruto de procesos serios y responsables que vienen realizando caficultores quindianos como Fabián Torres.  

A riesgo de cometer injusticias por olvidos no intencionales y, además, porque no habría espacio para nombrarlos a todos en esta nota editorial, hay que decir que también café La Máquina de Génova ostenta una medalla de plata otorgada por el instituto de Bruselas, y que Café San Alberto se ha ganado tres veces la codiciada medalla dorada que entrega la empresa de calidad belga. Lo de San Alberto, marca que conquistó el mercado local y con lujo de detalles trascendió fronteras, es de nota superior; el café de Buenavista es considerado por muchos como una de las  marcas más laureadas  del país en su categoría producto del año en el  Moscow  Food  Fair,  iTQi  Crystal  Taste  Award  en tres oportunidades, Mejor café exótico en el concurso nacional de calidad, tres estrellas doradas por Sabor superior, entre otros reconocimientos.  

En el libro, recientemente editado por esta casa periodística y titulado Historias de mi café, se reseñan sesenta y ocho experiencias exitosas de marcas de cafés cultivados en el Quindío, que tampoco son todas porque buen café es lo que se está haciendo en este pedazo de la geografía nacional. Será necesaria una segunda edición para acercarse a esa nómina de familias caficultoras tesoneras que moran en suelo quindiano. Reconforta saber que hubo relevo generacional, que hay no pocos jóvenes empujando, innovando, generando empleo, apostándole a prácticas agrícolas amigables y dándole el sitio que se merece al café de la región.  

Muy bueno para el gremio cafetero que quien lo preside en el Quindío sea ejemplo de tesón y que su conocimiento esté al servicio no solo de su empresa familiar sino de los intereses de los cultivadores del grano. Otro actor importante en ese despertar a la calidad dorada con la que están bañados los cafetales del departamento, ha sido la Cámara de Comercio, que incorporó en su discurso y líneas de acción la promoción de los cafés especiales y de las rutas para promocionarlo.  

Ya hay un despertar del consumidor quindiano, que se inquieta por las notas de la taza, que pide y exige un buen café y que disfruta visitando las fincas en las que se cultiva y sirve la bebida oscura. Emociona saber que pese a tantas adversidades los cafeteros quindianos siguen ahí, pero ahora, con un sello dorado en el empaque de sus productos por lo bien que están haciendo su trabajo. Gracias.  

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