Editorial / JULIO 30 DE 2021

Minibonanza

Qué justo con los cultivadores de café estas semanas de buenos precios porque les está permitiendo cuadrar la muy aporreada caja.
 

Minibonanza

Soplan buenos vientos por estos días a la caficultura del país. Las heladas en Brasil provocaron precios inimaginables hasta hace unos meses para los sembradores del  grano insigne de Colombia. Se merecen los cultivadores de café esta minibonanza por la que están pasando, aunque para ellos, que son los protagonistas, el amable presente solo alcanza para ser rotularlo como buenos precios, que además deberán aprovechar con inteligencia y cordura porque la situación no será así de aquí en adelante ni mucho menos de forma indefinida.

Ayer jueves 29 de julio el precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco estuvo en $1.786.000 la carga, y la libra se cotizó en la bolsa de Nueva York a $1,96 USD. Excelentes precios, y eso que hace unos días la carga superó la barrera del $1.900.000 y la libra en la bolsa los 2 dólares. Increíble, son precios de ensueño, que se aprecian bastante si se recuerda que no hace mucho se consideraba como muy buena noticia cuando la cotización neoyorquina bordeaba el dólar.

Hoy pueden dormir tranquilos los caficultores que acaban de recoger la cosecha y los que todavía tienen pepas por echar a los canastos. Así deberían hacerlo cada noche porque son ejemplo de tesón, de honradez, de amor por la tierra, son además generadores de empleo y dinamizadores de la economía. Uno es un pueblo cuando hay cosecha y buen precio y otro, muy diferente, cuando los cafeteros pasan por las ‘vacas flacas’. No sería exagerado pedir que además de usarse la expresión: con la fe del carbonero, también se aceptara decir: con la fe del cafetero.

Justo premio y buen pago el de estas últimas semanas para los caficultores del país que han tenido que sufrir durante los recientes años un precio que incluso por épocas no alcanzaba ni para librar los costos de producción; eso explica la notable reducción de hectáreas cultivadas con café en el país. Aplausos para los aproximadamente 5.000 productores que hoy sostienen las casi 20.000 hectáreas de la rubiácea en el Quindío, cifra lejana de esas 60.000 hectáreas que se contabilizaban en esta parte del país hace algunos lustros.

Lo de los caficultores es uno de los mejores ejemplos de resiliencia. Después del rompimiento del pacto de cuotas los cultivadores empezaron a experimentar un descenso en el valor del grano, que dejó a muchos en la ruina y espantó a miles de los cafetales; el costo de los insumos, que sigue siendo alto, también afectó la producción. Como si eso no fuera poco, vino un largo paro con bloqueos indiscriminados que dejó en contenedores el café que habían vendido a diferentes partes del mundo de forma anticipada y por ello muchos negocios truncados de ahora en adelante.

Tiempo de ahorrar, con mucho tino los caficultores deberán aprovechar la desgracia de los brasileños porque estas vacas gordas pueden volverse famélicas de un momento a otro, ojalá que no pero esta dicha, más que merecida para los caficultores colombianos no será eterna y ellos lo saben. Por eso, hoy más que nunca, hay que brindar con una buena taza de café por los caficultores del país que lo han dado todo.

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