Editorial / MAYO 12 DE 2021

Tanquear para resistir

Ojalá que, de estos catorce días y los que faltan por sufrir, se acuerde la mayoría y en masa acuda a las urnas en marzo para lograr una transformación de fondo. 

Tanquear para resistir

Con optimismo y gran alivio fue recibido por los quindianos el anuncio del acalde de Pereira, Carlos Alberto Maya López, del desbloqueo de vías para el libre suministro de combustible desde la Perla del Otún a los departamentos del Quindío, Risaralda y Chocó. Ojalá la libre circulación de carrotanques sea de verdad libre y continua y la normalidad regrese a las estaciones de gasolina del Eje Cafetero, por el bien de cientos de miles de personas que padecen los rigores de la justificada protesta nacional. 

Durante los últimos días un nuevo viacrucis, por cuenta de los bloqueos provocados por el sector transportador, en el marco de la movilización nacional iniciada el pasado 28 de abril, ha tenido que padecer casi toda la población debido a la no disponibilidad, en la cantidad y continuidad habitual, del combustible para ir a trabajar o trabajar. Todos los renglones productivos terminaron afectados, una nueva pandemia está viviendo la economía nacional por cuenta del paro provocado por las torpezas de un gobierno que solo cuando tuvo el agua al cuello empezó a realizar acciones en favor de la mayoría. 

El primer año de pandemia golpeó el aparato productivo de una forma tan fuerte, que pasados varios meses después de que se autorizara casi toda actividad comercial todavía no daba señales de recuperación, miles de empresarios y comerciantes intentaban cómo podían mantener sus negocios en pie y aguantar la mayor cantidad de empleos, pero vino un tercer pico, nuevos cierres, más restricciones y luego un paro que reclama con justicia y vehemencia mejores condiciones para todos, pero que a todos los tiene al borde de un precipicio. 

No hay transformación social posible sin una cuota de sacrificio de la mayoría, ni cambio evidente en una política de gobierno sin que medie para ello una revolución. Lamentablemente esa dosis de sacrificio empieza a dejar sin fuerzas, como siempre, primero a los pobres del país, que cada vez son más. Entre las miles de personas que han tenido que amanecerse esperando turno para tanquear sus vehículos, están los padres de familia que en moto o carro llevan sus hijos al colegio y van a trabajar, están los motociclistas para quienes su vehículo es la única fuente de ingresos a su hogar, están los yiperos que deben perder casi un día para taquear $35.000 que les alcanzan para trabajar y por ahí derecho poder comer dos días, están quienes transportan alimentos y quienes surten sus negocios, están, incluso, los que cocinan con el combustible que tantos usan para no pasar la delgada línea que divide la pobreza de la miseria. 

Los catorce días del paro mostraron la gran insatisfacción acumulada de la mayoría por la forma como se ha gobernado el país durante los últimos años, tienen semiparalizada la economía nacional, demostraron el poder del pueblo cuando se une, la estratégica organización y la capacidad de resistir de quienes esta vez se han movilizado y que además son capaces de tumbar un proyecto de ley, una ley, un ministro y si los abusos siguen hasta un presidente.  

Pero, y eso es lo que tiene que provocar el siguiente paso entre los inquilinos de la Casa de Nariño y los líderes del paro, esta gran movilización deja hasta ahora cuarenta y dos muertos, centenas de heridos, una institucionalidad debilitada, cifras de desempleo elevadas, muchas empresas y negocios cerrados, destrozos todavía no calculados en la infraestructura del Estado que es para el uso de todos, una minga indígena desteñida por su actuar -provocado o no-, muchos más colombianos en la miseria, civiles armados en las calles que no se sabe si se están defendiendo o atacando o las dos cosas, y un previsible colapso del sistema de salud por una pandemia que como el malestar colectivo que provoca la ignominia no se detiene con represión, sino con un cambio de mentalidad.

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