Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 03 DE 2022 / 1 mes antes

Conocimiento e investigación, el dúo del bienestar

Autor : Diego Arias Serna

Conocimiento e investigación, el dúo del bienestar

No hay necesidad de ‘despelucarse’ para hallar “fórmulas mágicas” hacia un futuro más promisorio. Basta con invertir en educación en ciencia desde la niñez y ese anhelo quizás se haga realidad.

“Después de todo, ¿qué es un científico entonces? Es un hombre curioso que mira a través del ojo de una cerradura, la cerradura de la naturaleza, tratando de saber qué es lo que sucede”: Jacques Cousteau.

En este 2022 se celebra por primera vez el Año Internacional de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible (CBDS). Tan importante decisión fue aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante una resolución del 21 de diciembre de 2021. Al respecto, esto señala su página web: “Se procura sensibilizar a los Estados miembros, instituciones académicas, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, sector privado y particulares acerca de la importancia de las ciencias básicas para el desarrollo sostenible, así como para generar conciencia sobre este tema”. 

El principal objetivo de dicha conmemoración va encaminado a orientar la educación hacia la creatividad, el pensamiento crítico y el emprendimiento, reduciendo de esta manera la brecha entre la ciencia y la enseñanza. Las CBDS, estudian los fenómenos de la realidad basados en la investigación científica, lo que ha permitido grandes avances en medicina, industria, agricultura, medio ambiente, comunicaciones, recursos hídricos, planificación energética y la cultura.

Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) coordina y organiza las actividades de esta celebración conjuntamente con la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, así como con otras organizaciones y federaciones asociadas de diversas partes del mundo. Los temas que han venido impulsando la ONU y la Unesco para esta efeméride son los siguientes: fomento de la ciencia como bien público mundial; innovación y desarrollo económico; uso de las ciencias básicas como fuentes de diálogo internacional y de paz; educación y desarrollo humano, así como el fortalecimiento de la presencia y visibilidad de las mujeres.

Otro aspecto tácito en el año de las CBDS tiene que ver con las sociedades del conocimiento y de la información, que para la Unesco es el camino que conlleva a construir un mundo mejor, destacándolo así: “El conocimiento y la información tienen un impacto considerable en la vida de las personas. Su asociación, especialmente a través de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), tiene el poder de transformar la economía y la sociedad”. A propósito, Irina

Bokova, su exdirectora recordó: “La Unesco ha sido pionera en la ampliación de nuestra visión de la tecnología al ir más allá de las infraestructuras y centrarse en las necesidades humanas. No podemos invertir solo en tecnología, necesitamos invertir en ecosistemas”. 

¿Qué son las ciencias básicas?

El concepto de ciencias básicas ha ido cambiando con el paso del tiempo. Inicialmente se consideraban como tales a la física, la biología y la química, y se llaman – técnicamente - ciencias fácticas, mientras que las matemáticas han sido consideradas como una ciencia formal. La principal diferencia entre ellas - se ha dicho - está en que las fácticas observan y analizan hechos objetivos, que tienen una relación con la naturaleza, en tanto que la formal estudia y describe entidades abstractas, supuestamente, que no tienen correlación con la naturaleza. Pero eso no es tan exacto. ¿Acaso no hay abstracción en el proceso de elaboración de los conceptos en la física, la química y la biología? 

Por otra parte, Galileo Galilei (1564-1642), enseñó: “La filosofía (natural) está escrita en ese grandioso libro que tenemos abierto ante los ojos, (quiero decir, el universo), pero no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua, a conocer los caracteres en los que está escrito. Está escrito en lengua matemática y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto”. Él mostró interés por todas las ciencias y las artes, como lo han hecho la mayoría de los grandes científicos.  

Desde el siglo XX se viene hablando de ciencia pura, incluyendo como tal a las matemáticas, la física, la química, las ciencias de la vida y la salud. Estas dos abarcan desde la biología hasta la medicina, de las que emergen otras áreas como la microbiología y la bioestadística; igualmente a la química, basada en los preceptos de esta, se le agrega la farmacología, que está dentro de la ciencia básica, además, la geología, que analiza la materia inerte que conforma nuestro planeta. Por tanto, se centra en su composición, comportamiento o sus diferentes relaciones. Apoyado en Galileo, se puede decir que, tanto la formal como la fáctica son ciencias de la naturaleza. 

Cuando se habla de esa clasificación de las ciencias básicas o puras, es común que se caiga en el error de mirar con desprecio a otras áreas del conocimiento, tales como economía, sociología, filosofía, historia, sicología, antropología, etc. y no considerarlas como ciencia. Así que sería más lógico hablar de ciencias naturales y ciencias sociales. Haciendo la salvedad de que las sociales tienen métodos de investigación diferentes a las naturales y, posiblemente, no tienen el mismo rigor o precisión en el análisis de los datos, siéndoles imposible repetir el experimento, juez supremo de la verificación de los hechos, como ocurre en las ciencias naturales. 

Convivir con el planeta usando la ciencia

Lo importante es que todas estas ciencias tienen como objetivo mejorar el conocimiento y lograr mejores métodos de indagación. Porque la verdad es que todos hacemos parte de la naturaleza; y es esa separación de los seres vivos por un lado y lo inerte por otro, lo que ha originado el antropocentrismo. Entonces, el hombre se ha creído el ‘rey’ del planeta y se ha tomado el derecho a destruirlo para su propio beneficio, sin darse cuenta de que está cavando su propia tumba.

Como las ciencias, en general, pueden mejorarse y hacer más sostenible la vida en la Tierra, es necesario socializarla y que, los niños, aprendan que la vida de la humanidad se prolonga en el tiempo si sabemos convivir con el planeta. 

Será cierto que, si se invierte en ciencia e investigación más desarrollo, (I + D), ¿mejora la calidad de vida de la población? Es una pregunta que ya tiene la respuesta tomando como puntos de referencias a los países escandinavos, Corea del Sur, Japón, Singapur y algunas naciones de la Unión Europea. Sí, desde hace décadas se conoce que es más rentable, a largo plazo, invertir en ciencia y tecnología, y que la economía extractiva, - en el caso de los países en vía de desarrollo -, sólo deja contaminación y pobreza alrededor de la población donde están los yacimientos y, eso sí, riqueza para los burócratas del gobierno que hacen el negocio con las empresas extranjeras. En el caso de Colombia, están las regalías que se convirtieron en uno de tantos focos de putrefacta corrupción.

Uno de los factores importantes para explicar el desarrollo de la sociedad del conocimiento tiene que ver con las inversiones en I + D. Según los datos del Instituto de Estadística de la Unesco recogidos en el portal de datos abiertos del Banco Mundial, la media global del gasto en investigación y desarrollo como fracción del Producto Interno Bruto (PIB) ronda el 2,274%, con datos de 2017 y 2018. Sin embargo, no todos destinan el mismo porcentaje a su futuro. El listados de los 10 países que más recursos destinan a tales fines son: Israel: 4,95%, Corea del Sur: 4,81%, Suiza: 3,37%, Suecia: 3,34%, Japón: 3,26%, Austria: 3,17%, Alemania: 3,09%, Dinamarca: 3,06%, Estados Unidos: 2,84 % y Bélgica: 2,82%. 

Hay otro elemento importante: la inversión en esos campos está relacionada con la riqueza, además del estado de bienestar de un país, incluyendo la salud. Se estima que la inversión en educación o la descarbonización del transporte, por cada euro invertido en ciencia, puede llegar a dar un retorno de entre el doble y diez veces más, según lo reveló Marcos Martínez en su artículo: “Así es el ranking de los países según el PIB que dedican a ciencia”, publicado en Innovación y

Ciencia, el 3 de marzo 2021. 

De acuerdo con su explicación, “buena parte de esta ganancia viene derivada del ahorro en gastos a futuro. Por ejemplo, por cada euro destinado a la vacunación, el sistema sanitario español se llega a ahorrar entre 4 y 5 euros de costes médicos directos según David Cantarero, responsable del Grupo I+D en

Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria, Valdecilla. Eso sin contar costes indirectos, posteriores inversiones privadas o ganancias empresariales asociadas”.

 

Educación en ciencia de la niñez 

Es frecuente escuchar a personas con y sin preparación académica, que la investigación espacial es un desperdicio, habiendo tantas necesidades de la sociedad, sin embargo, en criterio de Marcos Martínez “cuando se habla de inversión en investigación en el sector aeroespacial, los ratios son aún más interesantes. Se estima que por cada euro invertido en proyectos como Copernicus, el Programa de Observación de la Tierra de la Unión Europea, que busca aprender sobre el medio ambiente y cuidarlo, se generan nada menos que diez veces más. Invertir en ciencia es muy rentable”.

De allí, la importancia de invertir en la formación en ciencia y tecnología desde la niñez. Así se puede pensar en serio en la sociedad del conocimiento. Si el presidente electo, Gustavo Petro, quiere impulsar la ciencia, como lo ha manifestado, se requiere iniciar una revolución en la formación de los docentes, pues como decía el astrofísico y divulgador de la ciencia, Carl Sagan (1934-1996): “La ciencia es una forma de pensar, mucho más que un cuerpo de conocimiento”. 

Lograr que tanto la niñez como la juventud piensen de verdad y reflexionen en profundidad, requiere varios ingredientes: excelente formación en un área del conocimiento, amor por la docencia, compromiso social, ofrecer mucho afecto al educando, buenas relaciones con los padres de familia, adquirir formación cultural, dar buen ejemplo, etc. Aunque los laboratorios son importantes, y por supuesto las aulas, la preocupación mayor debe ser la formación de los docentes.

En esto hay serias falencias. Si así no fuere, las nuevas generaciones no estarían tan mal preparadas.  ¿Han fallado las facultades de educación? Por supuesto, el ministerio de Educación sí que se ha equivocado, o ¿le ha interesado que la educación sea mediocre?   



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