Ciencia y Tecnologí­a / NOVIEMBRE 15 DE 2021 / 2 meses antes

Energía nuclear: ¿Alternativa ante el cambio climático?

Autor : Diego Arias Serna

Energía nuclear: ¿Alternativa ante el cambio climático?

Que en el afán por brindarle a la humanidad nuevos avances para garantizarle su bienestar, jamás ocurran desastres catastróficos como el de Chernobyl, que solo dejó tras de sí desolación y muerte.

“Nada en la vida debe ser temido, solo entendido. Ahora es el momento de entender más, para temer menos”: Marie Sklodowska-Curie.    

Desde la primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático de Berlín en 1995 -COP1-, cuando se iniciaron las negociaciones climáticas, y la que acaba de terminar en Glasgow -COP26-, la verdad es que de poco han servido, como lo demuestran las cada vez más altas temperaturas, el aumento del nivel del mar, el incremento de la deforestación, la pérdida de biodiversidad, lo poco que se hace por disminuir el consumo de combustibles fósiles y la reducción de los gases de efecto invernadero y demás. 

Lo irónico de estas cumbres es la forma como los gobernantes “sacan pecho” y hablan demagógicamente, haciendo creer que están defendiendo al planeta e impidiendo la contaminación. Si eso fuera cierto, la Tierra estaría tranquila y no sometida al estrés de la contaminación. Es verdad que algunos países hacen esfuerzos por descarbonizar la economía y disminuir el uso del petróleo, pero otros no tanto, y peor, como en el caso colombiano, en donde asesinan a quienes de verdad trabajan por contener esa situación: los líderes ambientales.

La hipocresía de Iván Duque en Glasgow26 fue denunciada en la misma cumbre por jóvenes que marcharon en Escocia, porque en Colombia los gobernantes siguen aplaudiendo el fracking, permitiendo la deforestación, y como ya se dijo, escudándose en los grupos armados que acaban con la vida de quienes le hacen frente al atentado que le están haciendo al planeta. Y aunque hay proyectos que promueven las energías renovables, estos son pocos ante la magnitud el problema. 

Pero si en nuestro país la clase gobernante de ayer y de hoy han hecho poco por proteger el medio ambiente, en el mundo las industrias contaminantes dan señales de ser más verdes que los de Greenpeace. El asunto es que el desarrollo económico está asociado a la producción de energía eléctrica y esta se obtiene de múltiples maneras. La energía fósil que se debe dejar de usar y hacer el cambio a las renovables, como la solar, eólica, geotérmica, biomasa, hidráulica. Pero hay otros tipos de energía como la del hidrógeno y la nuclear en sus dos versiones: la de fisión y la de fusión. 

La bomba atómica, mal precedente 

La energía nuclear de fusión es mirada con “buenos ojos” porque no contamina, y ya hay un proyecto denominado Iter -Reactor Experimental Termonuclear Internacional-. Es considerado una de las propuestas energéticas más ambiciosos del mundo y está en ejecución en Cadarache, al sur de Francia, contándose para ello con la colaboración de 35 países. Cuando se termine, será como tener un pequeño Sol acá en la Tierra, y se considera -sino la más importante- una de las formas eficientes de generar energía y por supuesto electricidad, que es como se mueve la industria, y sin emisiones de carbono.

Por otra parte, la energía nuclear de fisión ya tiene un largo recorrido y la gente la recuerda en sus aspectos negativos, cuando le mencionan las bombas atómicas de Hiroshima y la de Nagasaki, las dos formas estúpidas como se terminó la II Guerra Mundial, cuando Japón -ya doblegado- se le castigó asesinado a miles de personas. También evocan esta energía con los desastres de las plantas nucleares de Chernobyl y Fukushima, el primero en la extinta Unión Soviética y el segundo en Japón. 

Eso sí, existen hechos positivos que no se mencionan, o se ignoran y las teorías conspirativas o quienes difunden noticias falsas, los ocultan. Por ejemplo, en Francia, la energía eléctrica es producida en un 60 % con energía nuclear; y Japón, pese a la calamidad de Fukushima, está planteando construir una planta de este tipo. Así mismo, se ignora que la medicina nuclear permite identificar enfermedades en sus etapas tempranas, usando radiosondas. Hay muchas otras cosas asociadas a esta energía que se deben conocer para no tener una actitud negacionista con su uso.  

Por eso, el propósito de este documento que les entrego, versa, en lo fundamental, en este tipo de energía, dejando en espera para otra ocasión lo del proyecto Iter. También esbozaré un panorama sobre cómo están los países con el uso de las energías renovables, resaltando, obviamente a aquellos que ocupan los primeros lugares y que están disminuyendo el uso de energías fósiles. Para ello me apoyaré en el libro titulado: “La energía nuclear salvará el mundo. Derribando mitos sobre la energía nuclear”, escrito por Alfredo García, editorial Planeta 2021.

El autor es físico con doctorado en física de partículas elementales, y con una larga experiencia en el manejo de plantas nucleares. Además, recibió el Premio de Comunicación de la Sociedad Nuclear Española. Desde hace tiempo hace divulgación científica y por ello asistió a la Conferencia internacional sobre el cambio climático y el papel de la energía nuclear, llevada a cabo en la sede del Organismo Internacional de la Energía Atómica, en Viena, en octubre de 2019. 

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La sociedad está desconectada 

De acuerdo con el citado científico “existe una desconexión entre la energía nuclear y la sociedad. Son múltiples los factores que han jugado en contra de esta industria: la Guerra Fría, el armamento nuclear, las campañas de organizaciones ecologistas y la poca cultura científica de una sociedad que se engaña de manera frecuente con desinformación o visiones sesgadas”. Como el objetivo es mostrar la benevolencia de este tipo de energía, me disculpan si omito la explicación física. 

Como lo que está implícito en este tipo de energía es la radiactividad, García aseveró: “No te asustes, pero es importante que sepas que los materiales radiactivos están también en los alimentos que comemos. El potacio-40 es la fuente más importante de irradiación interna -material radiactivo incorporado, es decir, introducido en nuestro cuerpo-, ya que está presente en todos los alimentos y en el agua que bebemos”. 

A renglón seguido explicó: “Cuando ingerimos potasio, al cabo de unas horas excretamos sus excesos por las vías habituales, volviendo de nuevo al equilibrio de potasio, y por lo tanto al mismo nivel de dosis radiactiva”.  Dijo que la dosis media de radiación recibida en un entono de las centrales nucleares debido a las descargas de vertidos, es la misma dosis que nos produce la ingestión de un solo plátano, por contener el citado potasio-40. 

Agregó igualmente: “También recibimos dosis radiactivas como consecuencia de algunos productos de consumo como detectores de humo, relojes luminosos y viajes en avión”. 

Al respecto es necesario señalar que la dosis no es suficiente para causar daño. Bueno, en el caso de los pilotos de aviones deben controlar el número de vuelos. Esta radiación se conoce como ionizante, y por eso se ha generado alarmas con otros dispositivos como hornos de microondas o las redes Wifi. 

García hizo el siguiente llamado: “Es momento de desmontar el mito, porque lo habrás oído, te lo habrán contado, pero la información nunca nos llega contrastada: es importante señalar que los teléfonos móviles, las antenas de telefonía, las redes Wifi, los hornos microondas y el resto de los electrodomésticos que tenemos en los hogares no emiten radiación ionizante, por consiguiente, no son radiactivos y no suponen un riesgo para la salud. Además, su potencia es muy baja precisamente para no causar daños por calentamiento”. 

También entregó esta reflexión: “Efectivamente, el horno de microondas calienta los alimentos y te podrás quemar, pero solo en su interior, como lo haría un horno convencional. A lo mejor tienes algún que otro contratiempo con ellos -especialmente se te va la conexión en medio de un episodio de Netflix-, pero ahora ya no puedes culpar a la radiactividad por ello”. 

Luego explicó que lo realmente importante es conocer la dosis a la que nos exponemos y tomar las medidas de protección radiológicas.



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