Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 17 DE 2022 / 2 meses antes

Se independizó Colombia: ¿de quién? ¿de qué?

Autor : Diego Arias Serna

Se independizó Colombia: ¿de quién? ¿de qué?

La falta de atención de la clase dirigente y gobernante de este país, frente a ancestrales y múltiples injusticias rebozó la copa y llevó mayoritariamente al pueblo colombiano a independizarse el pasado 19 de junio de quienes han sido sus tradicionales verdugos.

“¡Pueblo indolente! ¡cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad!, pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más”: La Pola.

“Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta”: Eduardo Galeano (1940-2015). El autor del libro Las venas abiertas de América Latina, reseñó el robo de los recursos naturales por parte de las oligarquías en el poder, y la entrega a las empresas extranjeras. En 1810 había dos oligarquías: la criolla y la española; esta controlaba el gobierno al servicio del rey, y como los descendientes de españoles aspiraban al poder político, urdieron el préstamo del florero para desatar la revuelta popular.  

Después de vivir una Patria Boba y perder en el patíbulo a prestantes hombres y mujeres, como Francisco José de Caldas (1768-1816) y Policarpa Salavarrieta Ríos, la Pola (1795-1817), quien, antes de caer asesinada, gritó: “Muero por defender los derechos de mi patria”. La gesta de independencia continúo con Bolívar y Francisco de Paula Santander, entre otros, acompañados de soldados harapientos, concluyendo el 7 de agosto de 1819. Al final, ¿de qué o de quiénes se independizó Colombia? ¿Acaso no se sigue dependiendo de la metrópoli, ya sea EE. UU. o los países europeos? Hay una diferencia: ya no son españoles, sino colombianos sin patria y dignidad quienes entregan el país. 

Como escribió Galeano en su libro citado: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Éste ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta”.

Desde su perspectiva, “continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. Son mucho más altos los impuestos que cobran los compradores que los precios que reciben los vendedores; y, al fin y al cabo, como declaró en julio de 1968 Covey T. Oliver, coordinador de la Alianza para el Progreso, “hablar de precios justos en la actualidad es un concepto medieval. Estamos en plena época de la libre comercialización...”. Es decir, Galeano anunció la presencia del neoliberalismo y la globalización.   

Un imperialismo usurpador de recursos

El escritor uruguayo lo advirtió: “Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo”.

En su libro advirtió que las desigualdades sociales seguirían creciendo, con el beneplácito de quienes controlan el mundo. Al respecto escribió: “La lluvia que irriga a los centros del poder imperialista ahoga los vastos suburbios del sistema. Del mismo modo, y simétricamente, el bienestar de nuestras clases dominantes –dominantes hacia dentro, dominadas desde fuera– es la maldición de nuestras multitudes condenadas a una vida de bestias de carga. La brecha se extiende. Hacia mediados del siglo anterior, (se refiere al siglo XIX) el nivel de vida de los países ricos del mundo excedía en un cincuenta por ciento el nivel de los países pobres”.

En su criterio, “el desarrollo desarrolla la desigualdad: Richard Nixon anunció, en abril de 1969, en su discurso ante la OEA, que a fines del siglo veinte el ingreso per cápita en Estados Unidos será quince veces más alto que el ingreso en América Latina. La fuerza del conjunto del sistema imperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman, y esa desigualdad asume magnitudes cada vez más dramáticas. Los países opresores se hacen cada vez más ricos en términos absolutos, pero mucho más en términos relativos, por el dinamismo de la disparidad creciente”.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, lo viene advirtiendo, como lo hizo en febrero de 2020 en el Hay Festival de Cartagena de Indias, a ver si escuchaban los poderes económicos del país – como Luis Carlos Sarmiento Angulo - y sus gobernantes. Sobre el particular enfatizó: “El mundo necesita ‘un nuevo contrato social’ que busque un equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad para acabar con la inequidad social y económica”. También llamó la atención en el sentido de que la extrema derecha no funciona. Será que no escuchan el zar de la banca (Sarmiento Angulo), esa ‘gran experta’ senadora María Fernanda Cabal y su esposo, el presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, ¡Vaya dúo! Pobre Colombia si siguen vigentes.  

Colombia “a gritos” pide cambios

Ya van viendo de qué y de quienes debe plantearse la independencia de Colombia si el país aspira no seguir hundiéndose en la miseria. La sociedad, en el caso particular de Colombia, debe independizarse de la prensa hablada y escrita tales como RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, Revista Semana, entre otros medios, que están al servicio de los monopolios económicos, del sector bancario, como el Grupo Aval de Sarmiento Angulo, que controla los bancos de Bogotá, Occidente, AV Villas y Popular; y del Grupo Gilinsky, entre otros.  Y atendiendo las afirmaciones del nobel de Economía, los colombianos deben independizarse: de una clase gobernante perversa, que además de corrupta, miente.

 Hay que aclarar que independizarse no implica no leer o escuchar esos medios, pero es necesario usar filtros a todo lo que informan, para dilucidar qué es cierto y qué es mentira. También las redes sociales orientan la toma de decisiones de la sociedad y frente a ellas debe haber independencia sobre lo que divulgan.

Deben recordar que la elección de Donald Trump se logró por el manejo de redes sociales, en particular el Tik Tok; y en Colombia, imitando el manejo de la campaña de EE.UU., se quiso hacer lo mismo para llevar a la presidencia a Rodolfo Hernández. Por fortuna no lo logró.  

Volviendo con la clase gobernante, Iván Duque será recordado como un nefasto mandatario que no hizo nada por uno de los más grandes anhelos del país: la paz.  Veamos las cifras del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz. Durante su gestión, desde agosto de 2018 hasta junio de 2022 fueron asesinados 930 líderes sociales y defensores de derechos humanos, además de 245 firmantes del acuerdo de paz con la desmovilizada guerrilla de las Farc.    

Además, como dijo a CNN Camilo González Posso director de Indepaz, una organización no gubernamental que investiga los hechos de violencia en el país: “No se implementó el acuerdo de paz de manera integral y eso está permitiendo el resurgimiento de la violencia de una forma grave, sobre todo, recomposición de grupos armados y un resurgimiento del narcotráfico”.  En ese sentido es como el peor balance del gobierno que ha ofrecido una simulación para vender una imagen en el ámbito internacional de que respeta la paz, pero al mismo tiempo la sustitución de la paz por una política de seguridad para una nueva guerra, dice el mencionado exministro de Salud.

 

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