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Ciencia / JUNIO 11 DE 2023 / 11 meses antes

La corrupción infestó a la academia

Autor : Diego Arias Serna

La corrupción infestó a la academia

La sociedad está en la obligación de desenmascarar aquellos pillos, que, escudándose en la investigación académica y científica, lo único que descubrieron fue la manera fácil de hacer dinero.

No puede ser que la academia y la investigación se degraden. El avance en ciencia y tecnología depende del rigor en la formación académica y la investigación científica.   

La corrupción no es asunto que atañe solo a los políticos y gobernantes, infortunadamente, también está presente en el claustro universitario y en los laboratorios de investigación. ¿Qué tanto es la presencia de semejante ‘enfermedad’? La esperanza es que no sea de la mayoría de los actores partícipes de estas actividades tan importantes para la sociedad.  La corrupción es muy dañina en la escuela, en todas sus etapas, porque se están formando las nuevas generaciones, que harán el relevo en la sociedad. Por eso la calidad en la formación académica debe estar acompañada de valores.  

Pero si el que enseña es corrupto, ¿qué le está aportando a su discípulo? De allí la importancia del profesor como forjador de personas que, más adelante, desempeñarán alguna actividad en la comunidad. “La pregunta del millón” para el caso de la gran ‘enfermedad’ colombiana, que es un cáncer, es si ¿se podrá superar con la educación escolar? La respuesta parecería trivial con un sí, pero se sabe que no está la escuela sola. Los medios de comunicación están jugando un rol importante, que ahora se ha magnificado con las redes sociales. Y, por supuesto que el hogar es clave. 

Así que, responder esa pregunta es complejo. El artículo dominical planteará aspectos relacionados con esta nociva práctica, limitándola a la universidad y su investigación. En el caso de Colombia, la información será breve, porque ya se ha escrito al respecto en este espacio. Como el mal está por todas partes, en esta ocasión pondremos el foco en España, sin hacer una comparación entre ambos dos países. El lector se dará cuenta que hay puntos comunes.  

Pero una diferencia entre las dos naciones es que aquí se hace visible la influencia paramilitar en algunas universidades colombianas, y la forma como los caciques políticos controlan nombramientos, no solo del personal administrativo sino también de profesores. Las universidades colombianas, unas más que en otras, son el pastel que se reparten tanto para controlar el presupuesto (con contratos sobre todo de obras de cemento y arena) sino también, para contar votos en sus campañas electorales.  

Antidemocracia y corrupción 

El 20 de febrero de este año en el Congreso de la República, en la audiencia pública “Antidemocracia y corrupción en las Universidades Públicas”, se mencionó el nombre de varias instituciones. Asimismo, ese mismo día, los congresistas del Pacto Histórico, Pedro Suárez Vacca y Gabriel Becerra, entregaron a los delegados de la Procuraduría, Fiscalía y Contraloría General, un documento con la recopilación de denuncias por presunta corrupción recibidas por la comunidad académica. Este asunto lo presentó el periódico El Espectador, en la fecha mencionada, en la sección Redacción Educación.    

Igualmente, el 2019, la Procuraduría General de la Nación citó a audiencia al exdirector del Instituto de Extensión de la Universidad Distrital de Bogotá, Wilman Muñoz Prieto, por presuntas irregularidades en el manejo de recursos que superan los $10.490 millones. La Dirección Nacional de Investigaciones Especiales le cuestionó a Muñoz Prieto el presunto desvío de recursos públicos, destinados por la universidad al funcionamiento del instituto, para utilizarlos en beneficio personal y de terceros, cuando ocupó el cargo, entre julio de 2012 y enero de 2019. 

Si por la universidad pública ‘llueve’ por la privada no ‘escampa’. Todavía debe estar en la memoria de muchos ciudadanos y académicos decentes, los escándalos de corrupción en la Sergio Arboleda, donde se ‘formaron’ el expresidente Duque y el vergonzoso Fiscal Barbosa. Además, está el escándalo que se presentó en la Fundación Universitaria Para el Desarrollo Humano (Uninpahu), que, haciéndole honor a su nombre, se desató un escándalo de corrupción, acompañado de conflictos amorosos.  

No son las únicas dos instituciones de educación superior. Un titular del periódico digital español Confidencial Digital, el 19 de septiembre de 2022, divulgaba: “Universidades colombianas: ¿a merced de corruptos politiqueros, bandidos de cuello blanco”?  ¿o, en el peor de los casos, grupos armados? El titular refleja muy bien lo que ha pasado en la universidad colombiana. ¿Qué es lo más triste de esta situación? Que existan profesores que se beneficien de esta corrupción, y, por supuesto, respalden a esos politiqueros y rectores corruptos. 

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El lado oscuro de la ciencia española 

¿Cómo es la corrupción en la universidad española?  El periódico El País de España, en su sección Ciencia/Materia, y bajo la responsabilidad de Manuel Ansede, el 3 de junio 2023 publicó lo siguiente bajo el título: “Un científico que publica un estudio cada dos días muestra el lado oscuro de la ciencia”.  

Así inicia su artículo Ansede: “El experto en carne José Manuel Lorenzo, de 46 años, es el investigador que más estudios científicos publica en España: firmó 176 trabajos el año pasado, según un recuento solicitado por El País a John Ioannidis, experto en estadísticas biomédicas en la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Lorenzo publica un estudio cada dos días, si se incluyen los fines de semana. Es una cifra inverosímil, muy lejos del segundo clasificado - prestigioso ecólogo Josep Peñuelas, de 65 años, con 112 estudios anuales - y a una distancia sideral de la inmensa mayoría de los colegas de su campo, que suelen publicar una decena de artículos al año como mucho. 

Añade Ansede: “La Universidad de Vigo, en la que Lorenzo es profesor asociado, ha llegado a proclamar que es “el mayor experto en carne del mundo”, pero un investigador francés que suele protagonizar los congresos internacionales de la especialidad explica a este periódico que nunca había oído el nombre del español. El caso de Lorenzo ilumina el lado más oscuro de la ciencia. Los investigadores sufren una presión brutal para publicar estudios”.  

Además, el periodista científico comenta que “sus aumentos de sueldo, sus ascensos, la financiación de sus proyectos y su reconocimiento social dependen de evaluaciones en las que su rendimiento se mide prácticamente al peso. Este sistema, conocido como “publica o muere”, ha creado monstruos. Miles de científicos en todo el mundo publican al menos un estudio cada cinco días, según los cálculos de Ioannidis. Son los denominados “hiperprolíficos”, con un ritmo de producción asombroso y, a veces, directamente sospechoso”.  

Más adelante, Ansede reseñó sobre el experto en carnes: “Un día comenzó a colaborar con investigadores exóticos, que nadie conocía, sobre temáticas que nada tienen que ver con la carne. Hace cuatro meses publicó un estudio sobre la gestión hospitalaria de la viruela del mono, con coautores iraquíes, indios y paquistaníes. Hace un año, firmó con investigadores de India y Arabia Saudí un artículo sobre el tratamiento de enfermedades de las encías con veneno de abeja. Lorenzo admite, en conversación telefónica con este periódico, que no conoce en persona a ninguno de esos coautores ni es experto en estos temas”.   

 

Perversidad en algunas revistas científicas 

Emilio Delgado López-Cózar, es catedrático (máxima categoría) de la Universidad de Granada, España, y explica el fenómeno de las publicaciones. Expresa que las revistas científicas tienen un incentivo perverso para publicar estudios de dudosa calidad. Antes eran los lectores los que pagaban para leer los artículos, inaccesibles entonces sin suscripción, pero en los últimos años se ha impuesto otro modelo, en el que son los propios autores los que pagan hasta 6.000 euros a las editoriales privadas para que su estudio se publique con acceso abierto a cualquier lector. 

Para Delgado, el cambio de modelo ha provocado un terremoto en la ciencia. En 2015 apenas había una decena de revistas biomédicas que publicasen más de 2.000 estudios al año cada una, representando entre todas el 6% de la producción total. Ahora hay 55% de estas llamadas “megarrevistas”, y juntas ya publican casi una cuarta parte de toda la literatura especializada, según una reciente investigación de John Ioannidis.

La mitad de las principales megarrevistas son de la misma editorial: MDPI, un gigante empresarial fundado en Basilea (Suiza) por el químico chino Shu-Kun International Lin, que ya controla 427 revistas. Su marca Journal of Environmental Research and Public Health, publica casi 17.000 estudios al año, una cantidad que dificulta garantizar la calidad.  

Esta revista cobra a los autores más de 2.500 euros por los gastos de publicación de cada trabajo. Hace cinco años, más de una decena de editores de otra de estas megarrevistas (Nutrients) dimitieron alegando que MDPI los presionaba para aceptar estudios de baja calidad y aumentar los ingresos. Bueno, ya lo saben, la fama en ciencias, algunas veces se paga.

 


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