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Ciencia / ABRIL 04 DE 2021 / 3 años antes

“No enmudezcan ante las injusticias” (2 parte)

Autor : Diego Arias Serna

“No enmudezcan ante las injusticias” (2 parte)

“Con demasiada frecuencia hemos pensado en la sociedad como un subconjunto de la economía, y en la democracia como una función del mercado. Es hora de restaurar un orden justo”: papa Francisco.

En este día de resurrección, tanto los creyentes de la religión católica, como quienes profesan otros credos, y, aun, quienes están alejados de cualquier creencia religiosa, deben reflexionar sobre todo lo que ha pasado en esta pandemia -que en últimas- ha desnudado las desigualdades sociales, el abandono de la salud por parte del Estado y la voracidad de los ricos. 

A ello invitó el papa Francisco en su libro: ‘Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor’. En esta segunda entrega, abordaré algunos apartes de los otros dos temas en los que dividió su texto: ‘Tiempo para elegir’ y ‘Tiempo para actuar’. En el libro hace una crítica a esta economía global obsesionada por el lucro e indiferente al daño que se ha causado a millones de personas y al medioambiente. También reprocha a gobernantes y políticos que fomentan el miedo en sus pueblos, con el propósito de conservar el poder. 

Asimismo, el papa planteó un proyecto inspirador que permitiría construir un planeta mejor para los más desfavorecidos y un nuevo pensamiento. A su juicio, cuando los individuos se unen para actuar, aunque haya diferencias, se logran maravillosas posibilidades que harían posible hacer cambios favorables para la inmensa mayoría de la población. Para lograrlo es necesario superar los fanatismos, salir de la indiferencia y dejar el egoísmo. 

Además, destaca la importancia de las mujeres vinculadas con el sistema sanitario, protegiendo a las infectados por la Covid-19; su papel en cargos de gobernabilidad, la participación como investigadoras de las ciencias médicas y el reto que han asumido cuidando a los ancianos. Subrayó que durante mucho tiempo habíamos pensado que podíamos estar sanos en un mundo enfermo, y que la pandemia nos ha hecho caer en la cuenta de lo importante que es trabajar por un planeta más saludable. 

La fraternidad, ante todo 

Según él, “para soñar otro futuro posible tenemos que elegir la fraternidad por encima del individualismo como nuestro principio rector. La fraternidad, el sentido de pertenecer unos a otros, y al todo, es la capacidad de unirnos y trabajar juntos frente a un horizonte compartido de posibilidades. Esta unión conserva y respeta la pluralidad, e invita a contribuir desde su particularidad, como comunidad de hermanos y hermanas preocupados unos por otros. Necesitamos urgentemente este tipo de unidad”. 

En palabras del máximo jerarca de la iglesia católica “la pandemia expuso la paradoja de que, si bien estamos más interconectados, estamos también más divididos. La fiebre del consumismo rompe los vínculos de pertenencia. Nos hace centrar en la autoconservación y aumenta el estado de ansiedad. Al exacerbarse nuestros temores, son fácilmente explotados por una política populista que busca ganar poder sobre la sociedad. Es difícil construir una cultura del encuentro en la que nos encontremos como personas con una dignidad compartida, inmersos en una cultura del descarte que considera a los ancianos, los desocupados, los discapacitados y los no nacidos como sobrantes para nuestro bienestar”. 

A renglón seguido manifiesta que, “al margen del contexto social, lo importante es entender el efecto de la tentación del mal espíritu del cuerpo, encerrándonos en nuestros propios intereses y puntos de vista por medio de la sospecha y la suposición. Y entender cómo esta tentación nos convierte finalmente en seres abroquelados, resentidos, quejosos, que miran con desprecio a los demás creyendo que somos los únicos poseedores de la verdad”. 

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 Basta de fragmentarnos 

Frente al manejo que se está haciendo de la dirección de los entes públicos, el papa Francisco advirtió: “A medida que el debate público se vuelve cada vez dominado por el ser abroquelado –ansioso, controlador, rápido para ofenderse y autojustificarse-, nuestra sociedad corre el riesgo de autodividirse y fragmentarse cada vez más. La iglesia no es inmune a este contagio. ¿Cómo actuamos en contextos de polarización, cuando la política, la sociedad, los medios parecen a veces una riña de gallos, en la que los contrincantes buscan ‘cancelar’ al otro en un juego de poder?”. 

Para el papa “la creciente violencia verbal refleja la fragilidad del ser, el desarraigo, donde la seguridad se encuentra en el descrédito con narrativas que nos hacen sentir justos y nos da razones para hacer callar al otro. La ausencia del diálogo sincero en nuestra cultura pública hace cada vez más difícil crear un horizonte compartido hacia el que podamos avanzar juntos. Cuando la parálisis de la polarización se instala, la vida pública se reduce a trifulca entre facciones que buscan la supremacía. En mi discurso ante el congreso de Estados Unidos en 2015, resalté la tentación de un reduccionismo simplista que solo ve el bien y el mal, o a los justos y los pecadores”. 

También llama la atención al manifestar: “El mundo contemporáneo, con sus heridas que sangra en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretende dividirlo en dos bandos. Sabemos que el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando al enemigo interior”. 

Y aclara: “Hablé del “enemigo interior” porque la polarización tiene también una raíz espiritual. La magnifican y la exageran algunos medios y algunos políticos, pero nace en el corazón. En un contexto polarizado, hay que estar atentos al mal espíritu que entra en la división y crea un espíritu perverso de acusaciones y contracusaciones”. 

Aclara que el reto principal no es evitar la polarización sino abordar el conflicto y los desacuerdos con el fin de no caer en la polarización, señalando de paso que “esto significa resolver la división dejando espacio a una manera de pensar que pueda trascender la división. De este modo, las divisiones no generan polarizaciones estériles, sino que dan frutos nuevos y valiosos. Esta es una tarea fundamental para nuestro tiempo de crisis. Ante los enormes retos que debemos abordar en varios frentes a la vez, hace falta practicar el arte del diálogo cívico que sintetiza diferentes puntos de vista en un plano superior”. 

Idólatras y encadenados de la riqueza 

Pero no es solo la polarización y las divisiones los que afectan la sociedad, además está la enfermiza inclinación a acumular riquezas materiales y acompañadas de pobreza mental y falta de solidaridad. Frente a este fenómeno, el papa Francisco afirmó: “Cuando la acumulación de la riqueza se convierte en nuestro principal objetivo, ya sea a nivel individual o de toda la economía, practicamos una forma de idolatría que nos encadena. Es inconcebible hoy día que tantos niños y mujeres sean explotados por poder, placer o lujo”. 

Reiteró, como cada tanto suele hacerlo, que “nuestros hermanos y hermanas están siendo esclavizados en depósitos clandestinos, explotados por el trabajo indocumentado y en redes de prostitución, situación que se agrava aún más cuando son menores quienes se ven sometidos a tales injusticias, tan sólo por el lucro y la avaricia de algunos. La trata de personas con frecuencia se vincula con otras plagas globales –el tráfico de drogas, el tráfico de armas, la venta de órganos– que degradan nuestro mundo. Estas grandes redes, que generan cientos de miles de millones de dólares, no pueden sobrevivir sin la complicidad de gente poderosa. Parecería que los estados son impotentes para actuar”. 

El pontífice recuerda que “somos seres que pertenecemos a la tierra y no podemos vivir solamente a expensas de ella; tenemos una relación de reciprocidad. Urge un jubileo, un tiempo en que aquellos que tienen de sobra consuman menos para que la tierra sane y un tiempo para que los excluidos encuentren su lugar en nuestra sociedad. La pandemia y la crisis económica ofrecen una oportunidad para examinar nuestro estilo de vida, cambiar los hábitos destructivos y encontrar maneras más sustentables de producir, comerciar y transportar los bienes”. 

Las mujeres no fueron ignoradas por Francisco en su libro: “Soñemos juntos”. En la sección ‘Tiempo para elegir’, recalcó: “Las mujeres han sido las más afectadas y las más resilientes en esta crisis. Son las que tienden a trabajar en los sectores más afectados por la pandemia – a nivel mundial, alrededor del setenta por ciento de los que trabajan en la salud son mujeres-, pero también son las que, por su participación en el sector informal o no remunerado, sufren el impacto económico más fuerte”. Igualmente, resaltó que los países con presidentas o primeras ministras, actuaron con más eficiencia ante la pandemia, que los gobernantes hombres.


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