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Fauna / NOVIEMBRE 02 DE 2020 / 1 año antes

Loro coroniazul, de Génova para el mundo

Autor : Carlos W. López R.

Loro coroniazul,  de Génova para  el mundo

El loro coroniazul solo ha sido registrado en los bosques de alta montaña de la cordillera Central, en los departamentos de Quindío, Tolima y Risaralda.  Foto : Carlos Mario Restrepo Ruiz, guardabosques de la fundación ProAves.

La especie tiene un rango de distribución muy limitado, de ahí que sea necesario proteger los bosques donde vive.

El loro coroniazul es una especie enigmática, casi mística. Su distribución es tan restringida que solo se tienen reportes de avistamientos en pocos sectores de Colombia: en Génova —Quindío—, Roncesvalles y Cajamarca —Tolima— y cerca a Santa Rosa —Risaralda—.  

Los expertos calculan que existen solo 250 individuos maduros, razón por la cual se encuentra en la lista roja de especies en peligro de extinción, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, IUCN por su nombre en inglés. Esta condición ha llevado a que se emprendan diferentes acciones en pro de su preservación, en el municipio quindiano, por ejemplo, desde el 2010, anualmente, se realiza el Festival del Loro Coroniazul, un evento organizado por la alcaldía, con el apoyo de diferentes entidades que procuran la preservación de la especie, y el cual tiene por objetivo darle a conocer a la ciudadanía del común esta fascinante ave, su importancia para la ecología y cómo su hábitat es amenazado por la destrucción de los bosques nativos con la expansión de la frontera agrícola y ganadera. 

Este año, como casi todos los eventos —por culpa de la pandemia—, el festival se vio reducido a la virtualidad, se llevó a cabo la semana pasada en un ciclo de conferencias con expertos que abordaron varios puntos de vista sobre la importancia del loro. 

 LA CRÓNICA conversó con algunos de estos panelistas que, más allá del conocimiento académico, están aportando para que toda el área de distribución de la especie sea valorada por su biodiversidad, pues no solo la pequeña ave de corona azul ha visto reducido su ‘reino’. 

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 “Se ha avanzado en la conservación” 

En los años 2008, 2009 y 2010, la fundación ProAves estableció áreas protegidas en Génova, Roncesvalles y Cajamarca con el objetivo de contribuir en la conservación del loro coroniazul. Estas coinciden con la zona de distribución de la especie y allí se adelantan diferentes trabajos de investigación y preservación. 

Además, la fundación tiene la administración de la reserva municipal El Mirador —de Génova— a manera de comodato desde hace 15 años. Esto les ha permitido acercarse mucho a la especie y reconocer algunos de sus hábitos: “El loro coroniazul es una especie endémica que no está en ninguna otra parte del planeta. Es un loro silencioso —comparado con los demás loros— que habita el dosel y el borde de bosques maduros y se alimenta especialmente de una especie de planta epifita, creemos que la presencia del loro en ciertas partes está estrechamente relacionada con esta planta”, explicó Johana Alejandra Castro Arango, subdirectora de Áreas Protegidas en la región central de ProAves. 

De tan solo 24 centímetros de altura, el coroniazul habita los bosques altos andinos, entre 2.600 y 3.600 metros de elevación sobre el nivel del mar, pero, ante todo, se encuentra en el rango altitudinal entre los 3.000 y 3.500. Puede desplazarse en grupos de hasta 30 individuos.  

“Sus picos de actividades están entre las 8 a. m. y las 5:30 p. m. Se conoce, además que la mayoría de las parejas reutiliza los nidos, se reproducen en el primer semestre del año y en promedio tienen 2 polluelos”, agregó la representante de la fundación. 

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Gracias a esfuerzos coordinados, que se adelantan en las diferentes áreas de distribución, la disminución de poblaciones del loro se ha desacelerado, pero la amenaza está latente. 

“Un plan efectivo para la conservación del loro y de otras especies en general debe ir más allá de sistemas de áreas protegidas, estas deben ser reforzadas con estrategias que permitan integrar líneas socio-ecológicas en el trabajo de conservación en localidades que están dominadas por humanos. Primero, que las personas conozcan qué es lo que se tiene en su territorio, cuál es ese importante papel biológico que desempeñan las diferentes especies que lo componen, que se vean como parte del ecosistema y que empiecen a pensar en diferentes estrategias de cambio de uso del suelo y de prácticas de producción sostenible que permitan conservar el hábitat de la especie que viene siendo fuertemente amenazada por la fragmentación de los bosques. Así como en la mejora de la calidad de vida de estas comunidades y a trabajar de manera integral con los ciudadanos que lideran los procesos de conservación”, reflexionó la representante de la fundación ProAves.  

Una especie tímida 

Por su parte, Andrea Beltrán Arcila, licenciada en Biología y Educación Ambiental de la Universidad del Quindío, que lleva 8 años enfocada en la observación de aves y en el trabajo comunitario de formación para el cuidado de las mismas, describió la especie como un ave mucho más pequeña que los loros comunes, y que es fácil de identificar por ese verde oliva que contrasta con la mancha azul de la cabeza.  

“Cuando uno tiene conocimiento de cuáles suelen ser sus hábitats, es un ave muy fácil de avistar, pero de lo contrario es como buscar una aguja en un pajar. Más aún cuando se encuentran en el bosque alto andino donde no es fácil llegar y muchas veces están nevadas. Pueden estar ahí, pero no se pueden observar ya que es muy poco el sonido que emiten, es una especie tímida”. 

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“Hay que evitar la destrucción de los hábitats” 

Elsa Melania Nené Méndez, integrante de la fundación Alitas Libres, agregó que lo más importante del festival es continuar con el trabajo de darle a conocer a las comunidades, en especial a los niños, la especie. “Que sepan y conozcan hay que evitar la pérdida del hábitat, es un camino para ayudar a preservar la especie”.  

Turismo responsable 

Finalmente, Liliana Valencia Grisales, directora del proyecto Turismo de naturaleza en zona cordillerana, señaló que se apoyó la organización del festival teniendo en cuenta los 3 productos turísticos que se tienen para el sector, uno de los cuales está relacionado con el avistamiento de flora y fauna. 

“Queremos atraer visitantes, pero que sean responsables con la naturaleza y la cultura quindiana, por eso estamos trabajando de la mano de 176 empresarios, fortaleciendo sus actividades turísticas, de tal manera que puedan estar mejor preparados para cuando la industria vuelva a la normalidad”, anotó Nené Méndez. 

Fotografias tomadas por: Carlos Mario Restrepo Ruiz, guardabosques de la fundación ProAves.


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