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Historia / NOVIEMBRE 12 DE 2023 / 6 meses antes

Mujeres en la historia de Filandia

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Mujeres en la historia de Filandia

Las mujeres, aunque en escaso número, también han hecho parte de la historia provincial. Las siguientes son ocho reseñas del Centro Local de Historia de Filandia, sobre la incidencia femenina en algunas facetas de su vida ciudadana.

Rosario Restrepo

En 1892 el supervisor de educación Eliodoro Peña publicó una obra donde se encuentran datos interesantes sobre su visita a Filandia y otros pueblos de la Provincia del Quindío y allí informa que en la plaza principal se encuentra “una escuela pública, con 80 niños, y una privada”.

En 1928 el maestro de escuela Cornelio Moreno, de la escuela Urbana de Varones, en su monografía sobre Filandia, reseña el nombre de la primera maestra oficial que tuvo el municipio en la escuela Urbana de Niñas. Se trata de Rosario Restrepo, esposa del también maestro Jorge Villegas.

Los esposos son recordados por el sistema de enseñanza de la escritura, empleado en los establecimientos de Instrucción Pública de entonces, llamado del “ perfil y palote”, con el cual aprendieron a escribir los primeros alumnos, en esa escuela pública que había sido instalada desde 1890, en el año en que se fundó la de Calarcá y poblaciones vecinas.

En la misma época otros maestros fueron Emiliano Valencia y Emiliana Jaramillo. También figuran Milcíades Valencia y Belarmina Mejía. Mientras en la escuela de Varones los primeros maestros fueron Carlos Hoyos y Víctor Fernández.

Anselmita Márquez Riaño

Fue la mujer sencilla que, sin ser religiosa bethlemita acompañó a las monjas desde Palmira hasta Filandia, en el mes de agosto de 1907, con la misión de fundar el Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando se celebraron los 50 años del Colegio, Anselmita era la única sobreviviente de aquella travesía y así contó la llegada a Filandia el 29 de agosto de 1907:

“Había mucha gente que nos aplaudían y felicitaban. Las madres se formaron a caballo y a mí me echaron por delante con la carguita que traíamos. Aquí nos recibieron muy bien, sobre todo misiá Fulgencia Osorio, esposa de don Lucio Ospina y misiá María Antonia Hernández, misiá Lorenza, no recuerdo el apellido, don Miguel Arias y misiá Rosario Osorio, allí nos tenían el almuerzo muy bien preparado”.

En la ceremonia de celebración de los 100 años del colegio, el escritor filandeño Helio Martínez Márquez, así escribió sobre ella:

“Sería injusto si olvidara una mujer, ejemplo de humildad y de pobreza: Anselmita, con este nombre se le conocía, que servía a la Comunidad en los más plebeyos oficios. Era bogotana, de ancestro indígena. Como en ese tiempo no había medios mecánicos de locomoción, ella había escogido ganarse el cielo con el sudor de su frente. Uncía a su frente un ancho y largo cargador y sobre sus encallecidos lomos transportaba todo lo que se necesitaba para el sustento de la Comunidad. Esa era su oración y todo el día oraba porque todo el día trabajaba”.

En la historia de Filandia se habla de otras dos mujeres de ascendencia indígena, que sobresalieron en su vida municipal, luego de haber migrado desde sus regiones de origen. Ellas fueron Jesusita Fonnegra, quien aparece en la lista de fundadores y primeros pobladores. Y Aura Alarcón, quien era protegida por las hermanas Peláez, y vivía sola en la casa esquinera de la plaza, que se quemó en el incendio de 1995.

Anselmita murió años después de la celebración de los 50 años del Colegio, la que fue su casa durante gran parte de su existencia.

Melba Inés Ospina Martínez

Es la poeta contemporánea más destacada de Filandia. Nació en 1947. Sus primeros años de estudio los realizó en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y es Normalista Superior del colegio Labouré de Santa Rosa de Cabal. Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad del Quindío. Posgrado en Educación Sexual de la Universidad Antonio Nariño.

Se desempeñó como docente en el área de Ciencias Sociales en su tierra natal. Su retiro de la vida laboral ha sido provechoso por su escritura de la bella poesía que la caracteriza. Sus publicaciones son:

“Palabras simples”. 2013.

“Trazos y palabras”. 2015.

“Una mirada en el espejo”. 2018.

“Cuentos para soñar, sueños para pintar”. 2020.

Es este, su último libro, un compendio de fábulas, cuentos e ilustraciones.

Es una poeta que escribe sobre las realidades sociales, los problemas ambientales y también sobre otros temas de la sensibilidad humana.

De su poemario, titulado “Palabras sueltas” (La nueva editorial, Manizales, 2013), extraigo 3 apartes de su prólogo, que reflejan el espíritu fresco de esta escritora de mi terruño:

“Su trabajo es una muestra de las mujeres trabajadoras e incansables contemporáneas que han despertado una sensibilidad por cuestiones a las cuales la mayoría de los seres humanos somos indiferentes...”

“Su poesía se caracteriza por la descripción y la relación entre la naturaleza, la sociedad y el hombre...”.

“...Su poesía presenta una visión en consonancia con la ecosofía, una filosofía interdisciplinar en la que interactúan la ecología y la ética para aprender de la tierra”.

Reside actualmente en Manizales.

Silverina Ospina

Los primeros años de Filandia, a partir de su fundación, fueron prósperos. Era natural que un pueblo por donde pasaba el Camino del Quindío, la principal vía nacional de la época, ofreciera las mejores condiciones de comercio, de abastecimiento de víveres y de albergue para los viajeros.

Así lo corrobora la reseña escrita en 1892 por Eliodoro Peña:

“Esta población tiene en expectativa un porvenir risueño, pues si en un lapso de tiempo (sic) tan corto, cuenta ya crecido número de habitantes, que le imprimen un buen movimiento comercial y con elementos de progreso, muy en breve será Distrito importante. Hoy ya es lugar de obligada estación para los viajeros del Quindío, y aquí pueden proveerse de recursos”.

Una de esas actividades comerciales estaba centrada en la hotelería en forma de fondas, posadas o “asistencias. Generalmente estaba asociada a la provisión de alimentos, en forma de cenaderos o restaurantes. Eran otras actividades dirigidas por mujeres.

La primera hotelera se llamó Silveriana Ospina. Le siguieron María Josefa Gil (casada con Rafael Ramírez), Isabel Salazar, más conocida como “Minerva”, pues así se llamaba su restaurante. Igualmente, a Blanquita Cedeño, quien tenía su negocio en la esquina diagonal a la Alcaldía y ese lugar es importante porque allí se construyó, en1899, la primera casa de una planta, a la que fue añadido después el segundo piso, funcionando durante mucho tiempo allí las Residencias Bond. También se recuerdan a las Eduarditas (Tomasita, Francisca, Raquel y Lolita), a Hortensia Obando, Carmen Sierra, Mercedes Cárdenas y las Ochoa.

No ha sido posible obtener los datos precisos de esos primeros hospedajes, pero sí se recordará siempre a Silveriana Ospina, como la pionera en esta actividad.

Elisa Barreneche

A principios del siglo XX, en Filandia y poblaciones vecinas, era muy común la donación de elementos litúrgicos a la iglesia católica. Muchos implementos, muebles, imágenes, y hasta propiedades, fueron donadas. Por ejemplo, en la mayoría de municipios, algunos “pasos” de la Semana Santa tienen la leyenda “Donación hecha por la familia...”.

La mujer que más sobresalió por esta colaboración filantrópica fue Elisa Barreneche quien, con su esposo Pablo Mejía, donó a la iglesia, en 1926, una imagen tallada de la Virgen del Perpetuo Socorro, que fue traída de España. La imagen se conserva en el sector izquierdo del templo principal, donde se ve rodeada de un bello marco de madera, tallado por Arcadio Arias. Los esposos eran de gran solvencia económica, por el número de propiedades urbanas y rurales. Se recuerda que también repartían leche a familias necesitadas y que sacaban de la que vendía en las calles uno de sus empleados, Octaviano Castellano.

La antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda anota que tal sentido benefactor es, para los donantes, la religión considerada como donaciones humanitarias y filantropía y que ello se explica como la “expresión del ilímite funcionalismo de la riqueza de este complejo, donde el dinero todo lo consigue, desde el bienestar físico, la prelativa ubicación social en el mundo de los vivos y hasta el perdón y el logro de bienaventuranzas como retribución divina”.

Una segunda mujer quedó reseñada en la historia de aquellos tiempos con otra donación. Fue Rosa de Jaramillo quien, con Luis Ceballos, regalaron la primera custodia. Otros donantes, en el anonimato, también obsequiaron otros bienes: el reloj de la torre, la imagen de la Santísima Trinidad que fue traída de Europa, la pila de agua bendita. Se dice que los artífices de todas esas entregas fueron, y son todavía, mujeres piadosas. En la época actual se admira esa condición en Conchita Arias, una de las hijas del ebanista Arcadio Arias.

Margarita Arbeláez

Fue la primera maestra privada del municipio.

Cuando las hermanas Bethlemitas llegaron a Filandia, en 1907, existía todavía una escuela privada, la que se había instalado en 1890. En el momento de arribo de las monjas, la escuela estaba regentada por la señorita Margarita Arbeláez, la cual se clausuró con la fundación del nuevo colegio Sagrado Corazón de Jesús. Las alumnas que recibieron las religiosas venían de esta institución, donde las estudiantes habían adquirido los conocimientos estipulados por la oficialidad.

La educación privada era generalmente impartida en las casas de las preceptoras, nombre dado a las mujeres preparadas para esa labor docente. O también funcionaban en las casas de los ciudadanos que sufragaban la educación, pues ella fue durante muchos años costeada por los primeros habitantes.

Generalmente las maestras venían de Salento y cuando la escuela no podía funcionar por la iniciativa de los benefactores, los padres de familia pagaban una suma de dinero mensual por cada alumno. Para la última década del siglo XIX, el costo de la mensualidad se tasaba más o menos en dos reales al mes. Un real eran dos monedas de cinco centavos.

No era mixto el carácter de enseñanza, lo que obligaba a la maestra a dedicarse por separado a niños y niñas.

Madre María Jesús Baquero

Es la religiosa Bethlemita más recordada de la primera mitad del siglo XX. Nos enseñó a leer y escribir a la mayoría de filandeños en el grado kínder que ella conducía en el colegio Sagrado Corazón de Jesús. El Kínder empezó a funcionar en 1908 y suspendió labores en 1943.Comenzó de nuevo en 1958, hasta mediados de la década de los 60. La lista de varones que pasamos por este grado es inmensa, incluyendo a mi padre, mis tíos y mi hermano mayor. Esa lista de exalumnos está en los archivos del colegio, desde 1918, pues la que corresponde al lapso de 1908 a 1917 desapareció en un incendio de sus instalaciones el 2 de agosto de 1917.

La Madre María Jesús Baquero era oriunda de Zapatoca y “por su sangre santandereana corrían ríos crecidos de entereza y de hidalguía”, tal cual la describió uno de sus exalumnos.

Uno de sus pupilos, el abogado filandeño Helio Martínez Márquez, nacido en 1915, así escribió sobre ella en su libro “Por los caminos del tiempo”:

“Tengo que referirme a mi infancia, porque esta inicial etapa de mi vida fue decisiva y porque en la vida de los pueblos, la educación es esencial. El Preceptor, el Maestro, es el Sacerdote de las conciencias, educa y forma, es ciencia y es moral. Fue nuestra maestra del kindergarden, el jardín de mi infancia, la Madre María Jesús Baquero, una santandereana, alta, y cimera, como la Palma de Cera. Colgados de su escolástico y anchuroso manto caminábamos desprevenidos y traviesos. Con ella, cuando apenas balbucíamos, aprendimos a juntar sílabas y leer palabras, que nos abrieron el camino infinito del saber”.

La religiosa murió en Filandia y está sepultada en el mausoleo de la congregación, en el cementerio local.

Victoriana Cardona

Fue la primera panadera de Filandia. 

La historia de los municipios colombianos se describe desde los primeros oficios y oficiantes. Fueron hombres y mujeres que, con sus labores, sustentaban la actividad económica de los años posteriores a su fundación. 

En Filandia se recuerdan al primero en estos oficios: el aserrador, el asentista de renta de licores, el matancero, el negociante de mercancías, el sastre, el dentista, el talabartero, el cerrajero, el trabajador de la forja, el ebanista, el zapatero y el barbero. Todos ellos fueron hombres.

Sin embargo, una mujer se destacó en un oficio noble, la panadería. Se trataba de Victoriana Cardona, quien fue la primera panadera de Filandia. Después le siguieron Víctor Rizo, Delfina y Juana Ocampo.

Victoriana y Delfina laboraron por muchos años en sus negocios, las panaderías Moderna y Turín. Esta última abastecía a los pobladores, con el mejor pan horneado en fuego de leña. Estaba en su tradicional esquina de la carrera cuarta con calle segunda.

La panadería fue uno de los oficios más importantes de los primeros años del municipio. La harina de trigo, producida en el molino hidráulico del caserío Boquía (Salento), abastecía el mercado de Filandia y de los alrededores desde los años posteriores a su fundación. Cuando la importación de trigo hizo decaer la producción, en los años 30 del siglo XX, se abandonó el cultivo, y las piezas de los molinos se dispersaron por varios sitios del territorio.

No obstante, la panadería Turín persistió hasta los años 70. Las habilidades de Victoriana y Delfina en el horneado del exquisito pan, el reparto en grandes canastos, transportado en bicicletas parveras, así como la encima o “ñapa” y la buena atención de aquellas mujeres, se recuerdan gratamente.


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