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Turismo / JULIO 03 DE 2023 / 10 meses antes

Tierra de faroles, ancestro indígena, tradición religiosa y monos aulladores

Autor : Daniela Garzón

Tierra de faroles, ancestro indígena, tradición religiosa y monos aulladores

Foto : Angee Taborda M.

A 37 minutos de Armenia está Quimbaya, el municipio del Quindío que cada diciembre se ilumina solo con velas para saludar miles de visitantes.

Durante los recorridos de ‘Ven al Quindío’, hemos descubierto historias místicas, historias contadas en versos, historias detenidas en el tiempo, historias que se abrieron paso entre trochas e historias de ríos que cambian su curso. En esta ocasión, el pequeño Corazón de Colombia nos sorprendió con una historia llena de fusión, entre el oro y el cobre, la región y el arte, y la tradición y la modernidad. 

A 22 kilómetros de Armenia, la ‘Tierra luz’ del departamento, Quimbaya, fundada el 1 de agosto de 1914, nos recibió con un cielo nublado y una leve brisa; en la iglesia del parque principal nos esperaba Nini Johana Ospina Loaiza, directora de la Fundación Cultural Carteros de la Noche.

A luz de velas 

A diferencia de otros municipios del departamento, Quimbaya no nos recibió con casas hechas de bahareque y balcones coloridos adornados con flores, en la ‘Tierra Luz’ se nota el paso del tiempo, en casas de cemento, en el tráfico, en sus calles y en la prisa de su gente; sin embargo, Nini Johana nos llevó a una de las pocas casas que conserva su antigüedad, una casa blanca de dos pisos, con un balcón azul oscuro y tejas de barro. 

Mientras subimos las escaleras de colores de la casa, Nini Johana nos cuenta sobre el Festival de Velas y Faroles, aquel que hizo que este rincón del Quindío fuera conocido como la ‘Tierra Luz’. “Unas mujeres del municipio diseñan un farol en cartulina y papel seda con los colores de la Virgen de la Inmaculada, blanco y azul claro, en forma de abanico; al siguiente año el Club de Jardinería se encarga de replicar este alumbrado y convocar a otros barrios a que hagan sus propios diseños con estos materiales”. 

Desde el abanico con los colores de la virgen, han pasado casi 41 años, ya hay más de 300 cuadras con cerca de 25.000 faroles, “todos los que hemos vivido en Quimbaya tenemos la habilidad de hacer faroles, es un festival que ha permitido que las generaciones se expresen, que cuenten cosas a través de los faroles” asegura Nini Johana y agrega que “aquí se hace una labor muy especial, hacer faroles, ponerlos en las calles y hacer que todo el municipio se movilice alrededor de eso, que se apaguen las luces del alumbrado público, que solo sean encendidas velas, hace que se detenga la dinámica del municipio para que todo gire en torno a las velas y los faroles”. 

 

De oro y cobre 

Sobre las 3:30 p.m., el viento silbaba y movía árboles y cuerdas de la energía, algunas palomas volaban alrededor del parque, otras tantas comían maíz triturado que los ancianos les tiraban, y nosotros pasamos de velas, faroles, tradición y arte, al oro, el cobre, las tumbas y los quimbayas. 

“Este pueblo ha dado para todo” ríe Nini, “hay unos hallazgos importantes, a partir del 2000, en Quimbaya se encontraron las Tumbas de Cancel, casi 30 tumbas de quimbayas” añade. Estas tumbas fueron halladas en donde había un colegio que fue afectado por el terremoto de 1999. “Es prácticamente un museo in situ, que arqueólogos y antropólogos del departamento lo han llegado a ver como un San Agustín” nos recuerda nuestra guía en Quimbaya.

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Aunque la ‘Tierra Luz’ ha ido avanzando y ha sido permeada por las culturas que rodean el municipio, los quimbayas fueron el inicio de esta fusión cultural que marca el día a día del municipio. Allí las personas desde hace 41 años llevan en sus manos la luz, esa que comenzó como tradición religiosa y es hoy un festival que une a todo un pueblo y se convierte en punto de peregrinación de miles en diciembre.

Cayó la tarde, la brisa había desaparecido y el viento continuaba firme, la charla sobre los quimbayas que se transformaron en Tumbaga continuó, un encuentro cultural que se celebra el último fin de semana de julio. “Tumbaga es una palabra que en el dialecto indígena representa la fusión del cobre y el oro” dice Nini Joahan, “por esto le pusimos ese nombre al encuentro, nos permite hacer una reflexión sobre qué somos los quimbayunos, que también somos una fusión cultural, que hemos sido producto de diferentes colonizaciones que nos ha permitido pensar qué es lo que somos los quimbayunos”. 

El ocaso de los quimbayas 

La tarde nos continuó sorprendiendo, el municipio también es conocido por sus 200 hectáreas de bosque premontano bajo, uno de los bosques más amenazados del departamento y de la región Andina, ya que la mayor parte de los bosques que corresponden a premontano son suelos dedicados a la actividad productiva. “La familia Vallejo Gutiérrez, en su compromiso social y ambiental, ha decidido conservar las 200 hectáreas de bosque que tiene unos atributos en términos de conservación bastante importantes, donde hay unos objetos de conservación como el mono aullador. La Montaña del Ocaso cuenta con la población más grande de monos aulladores del Quindío, también hay una gran cantidad de mamíferos, aves, anfibios, reptiles, insectos” nos cuenta Germán Darío Gómez, biólogo de la Universidad del Quindío. 

Legado natural del departamento 

La Montaña el Ocaso está ubicada en la vereda Laurel, en la congruencia del río Roble y del río De La Vieja. “Es estratégico para pensar en conformar un corredor biológico para los monos aulladores, a través de estos ríos; sería un proyecto a largo plazo magnífico de generar, un corredor de conectividad para que esas poblaciones de monos aulladores empiecen a migrar” asegura Germán, “hay toda una oportunidad de conservación allí” agrega. 

Y es justo en el ocaso que nos despedimos de la ‘Tierra de Luz’, de Nini, de las palomas del parque, de los ancianos y del viento que nos acompañó durante todo el recorrido por esta tierra diversa, artística y natural. 

 


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