Opinión / MAYO 18 DE 2021

El valor de la educación

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Es evidente que, la cobertura y calidad educativa son determinantes para el desarrollo y estabilidad integral de los pueblos, es por eso que, los países más influyentes son aquellos cuya prioridad ha sido la educación como pilar fundamental para estructurar su democracia, bienestar social, crecimiento económico y desarrollo sostenible. La fórmula es simple, los Estados que le brindan a sus habitantes mayor equidad, acceso y posibilidades de estudio, logran mayores estándares de progreso y mejor calidad de vida, pues sus ciudadanos alcanzan la capacitación necesaria para emitir juicios de valor que trascienden la academia y responden con una alta responsabilidad social a los deberes y obligaciones de su nación; allí radica la importancia de establecer modelos y planes de estudio, que se eleven al rango de políticas de Estado y no, programas de gobierno como sucede en Colombia; pues únicamente así, se puede garantizar inversión, cobertura, calidad y eficiencia educativas; lo que permitirá lograr un crecimiento acelerado de la economía, con mayores oportunidades de empleo, más competitividad laboral, científica, innovadora, creativa y una disminución exponencial de la desigualdad social. El pasado 15 de mayo se celebró en Colombia el día del educador, fecha que aprovechó el presidente Iván Duque para anunciar la matrícula cero para estudiantes universitarios y de centros superiores de estratos 1, 2 y 3; si bien es cierto que ese subsidio es de gran alivio, la problemática educativa del país es mucho más compleja, ya que el vacío en programas y políticas que garanticen una adecuada cobertura educativa ha dado paso a una evidente desigualdad social, baja calidad de vida, miseria, desempleo, inequidad, falta de oportunidades y ha permitido el crecimiento de una oprobiosa franja de exclusión social. En ese contexto es claro que los países en procesos de desarrollo dependen en gran medida de la educación y la investigación académica, para asumir los enormes desafíos sociales del mundo moderno, para consolidar su estabilidad democrática, económica, política y cultural, es por eso que los gobernantes, dirigentes políticos y educadores le tienen que apostar a la educación eficaz como un imperativo, para mejorar la calidad de vida de los habitantes, que institucionalice valores, respeto y solidaridad y que fomente sistemas de desarrollo sostenible. Es claro que la crisis económica y las movilizaciones sociales salpicadas por presencia de criminales en las marchas, el bloqueo de vías y el abuso de algunos policiales, transmite mensajes difusos a la sociedad de la importancia de la educación, pues son muchos los universitarios protagonistas de vandalismo y violencia en el país, por lo que los ciudadanos sienten cierta desconfianza del valor que tiene la educación para la formación, integración, promoción y construcción de país, de aprendizaje para el mercado laboral y profesional, y lo más importante para establecer su relación con la disminución de la exclusión social. Se tiene que optimizar la educación, en el entendido que, educar no es solo transmitir conocimientos, competencias y valores; es luchar con argumentos contra la injusticia, inequidad y pérdida de valores.

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