Opinión / SEPTIEMBRE 26 DE 2021

La nueva ciberciudad 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La ciudad se ha convertido en el epicentro de la actividad económica y social de la población, siendo cada vez más dependiente de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), las cuales han tenido un crecimiento exponencial que ha transformado la cotidianidad. 

 Las TIC convirtieron la vida en un “colectivo en red” en donde su principal clave de desarrollo social, económico y político es el acceso a la información, para generar conocimiento y aportar en la toma de decisiones. La tecnología ha evolucionado hasta conformarse en un ecosistema digital que ha generado rupturas entre el mundo digital y el físico. 

El 2021 terminará con cerca de 31.000 millones de equipos enlazados a internet. Los cuales cubrirán soluciones a problemas ocasionados por la pandemia, como la salud, la seguridad y la monitorización de equipos. En 2025 se contabilizará cerca de 5.000 millones de cibernautas, quienes generarán una infinidad de datos digitales y fallas en la ciberseguridad por falta de la instrucción necesaria. 

El aumento de los entornos virtuales e interconexiones digitales representa un desafío para la ciberciudad. Junto con un crecimiento del valor económico de las TIC para las ciudades, en donde los hackers y otros criminales aceleran sus irrupciones en el mundo web con un sinnúmero de ataques informáticos que van desde el robo de cuentas de correo electrónico o de redes sociales, hasta estafas y fraudes en línea. 

Por lo tanto, la ciudad debe lograr que sus individuos adquieran las habilidades digitales indispensables para obtener el mejor provecho de las TIC, al ingresar a esta nueva sociedad e implicarse activamente en ella y convertirlos en ciudadanos digitales. De la misma forma se debe garantizar que el ciber-ciudadano construya un horizonte moral para navegar por la red virtual; los valores como el respeto, la disciplina, la libertad y la dignidad humana deben hacer parte de la sociedad en línea. 

Es imprescindible para el gobierno de la ciudad madurar el proceso de las estrategias digitales. Evaluar el impacto que han tenido, mediante una serie de indicadores, para identificar los progresos conseguidos y también las falencias y nuevos desafíos tecnológicos, con el propósito de generar políticas de cambio para que la ciudad ofrezca sostenibilidad a sus procesos de crecimiento con igualdad. 

Los dirigentes en la ciudad deben hacer de la seguridad cibernética una prioridad que permita la protección de datos, sistemas e infraestructura vital para la operatividad y estabilidad de las metrópolis y sus habitantes. La estrategia fundamental debe contar con una serie de principios claros que propicien un marco de decisión en la identificación, gestión y mitigación de riesgos. 

 El reto de la nueva ciberciudad es el desarrollo de una infraestructura digital con transformación de la economía con un Estado bajo esquemas tecnológicos, culturales, incluyentes y que generen habilidades digitales; con una gobernanza para la sociedad de la información. Son muchos los espacios que se verán impactados con la implantación de estos desafíos en las agendas TIC de las ciudades, para poner a disposición la tecnología a favor de la comunidad y el mejoramiento de la calidad de vida. 
 


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