Opinión / JULIO 05 DE 2022

Política criminal

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El fallecimiento de más de 50 personas en la cárcel de Tuluá es un triste baldón horripilante en la política criminal carcelaria de Colombia, un acto de horror infame que merece la más severa investigación por parte del Estado, principalmente del nuevo gobierno. Clama al cielo que no existan mecanismos mínimos de seguridad que permitan socorrer a los presos frente al incendio, sofocar rápidamente las llamas, y suspender como fuere la reyerta inicial originaria de los eventos posteriores.

Esta crisis carcelaria es de nunca acabar, y si bien con los años se han construido más instalaciones y disminuidos los abrumadores índices de población carcelaria, la ocurrencia de hechos como el de Tuluá muestran la abrumadora escasez de medidas de seguridad que eviten con respuestas inmediatas el drama sucedido.

El Inpec no tiene solución plausible y la existencia de fuerzas carcelarias bien dotadas y variados sindicatos, no les alcanzó para atender con urgencia el drama de Tuluá, familias humildes perdieron hijos y familiares en el horripilante hecho.

Es un suceso de crueldad extrema que exige una investigación urgente por parte del gobierno y de las autoridades como Procuraduría y Fiscalía, que caigan las cabezas que tengan que caer, porque además se especuló con la noticia que solo había 4 guardias y que los demás se encontraban en una rumba. No hay derecho.

La política criminal en general merece atención extrema del nuevo gobierno, más decidido apoyo a la Fiscalía, fortalecer a la Procuraduría con sus claras funciones constitucionales, a las Cortes desde luego, a la rama administrativa, y mirar que se hace con ese monstruo de mil cabezas que se llama Inpec; es el momento oportuno para hacerle un cambio extremo a la política carcelaria, cada día con peores y tristes noticias.
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Comisión de la verdad.

Con un documento de mil páginas se despachó la comisión encargada desde el Acuerdo de Paz, presidida por el Padre Francisco de Roux, una autoridad en varias temas incluyendo el de la paz; desde luego, no era una tarea fácil de realizar porque la guerra ha dejado a la vera del camino tristezas, dolor y abrojos incalculables, pero su lectura debe hacerse con el corazón más tranquilo, con la esperanza siempre viva de ir superando los graves dolores de la patria, la muerte de muchos seres humanos, caídos en la reyerta fraternal, del dolor que a veces parece insuperable, pero que tenemos que ir encontrando en el camino de la reconciliación y la paz anhelada, con fe hinchada en el porvenir de Colombia.  


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