Miércoles, 18 Sep,2019
Región / ENE 03 2019 / hace 8 meses

Buseta quemada entre Salento y Toche: la historia de una extorsión

La víctima, oriunda de Filandia y que prestaba servicios de turismo en el automotor, narró a LA CRÓNICA cómo sucedió todo.

Buseta quemada entre Salento y  Toche: la historia de una extorsión

La buseta, que salió desde Filandia, Quindío, fue quemada poco antes de llegar a Toche, en jurisdicción del Tolima, por el conductor y el ayudante.

Francisco —nombre cambiado por seguridad—, es un ciudadano de Filandia, Quindío, que por cumplir un servicio de transporte de un grupo de supuestos turistas, terminó siendo víctima de una extorsión, que culminó de la peor manera para él, pues su buseta fue quemada en la vía que de Salento conduce a Toche, Tolima. Esta es la historia.

“Yo vivo en Filandia y tenía una buseta de turismo y publiqué ese servicio en internet. Me llamaron el sábado 13 de octubre, me habló un señor que dijo ser docente y que necesita recoger a otros profesores y alumnos en la finca La Carbonera, que está ubicada en la vía que de Salento, Quindío, lleva a Toche, Tolima. El negocio era para hacer el traslado el lunes —festivo— y llevarlos al aeropuerto de Pereira porque iban a hacer un viaje a Medellín.

El domingo me llamó de nuevo, le di un precio y dijo que sí. Le pedí el número de cédula para el proceso de la planilla y consulté con ese número en la Dijín y aparecía sin antecedentes.

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Aunque todo parecía normal, tenía una leve sospecha, por lo que hice consultas con el conductor de la buseta sobre esa parte alta de Salento y me dijo que sí conocía, que era muy sano. También le pregunté a un ayudante que tenía en una bodega de reciclaje, que es otro de mis negocios, y me dijo que también conocía.

Nos asesoramos con un conductor de un Jeep Willys y nos dijo que la buseta subía hasta el sitio. Otra persona que vive en el ‘Municipio Padre’ nos dijo que era muy sano, que había sido zona guerrillera pero hace muchos años, ahora no había nada de grupos armados.

El domingo me reuní con el conductor y le dije que veía muy raro el viaje, que mejor no lo hiciéramos. A las 7:00 a. m. del lunes, me llamó el solicitante del servicio, que siempre fue muy amable y me preguntó que dónde iba la buseta. Pese a que el carro no había salido de Filandia, le dije que estaba en Salento porque la Policía la había parado y necesitaba poner en la planilla todos los nombres de los pasajeros con números de cédula. El ciudadano me dijo que no había problema y que me llamaba en 5 minutos para darme los datos.

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En ese momento llegó el ayudante de la bodega, quien llevaba trabajando conmigo solo dos semanas, pero siempre ha sido del pueblo y es conocido allí, le pasé los datos del viaje. Llamé al conductor, le indiqué lo de la información de los pasajeros y me dijo que se veía muy normal todo y fue así como se decidió que saliera para La Carbonera.

El chofer me dijo que iba a llevar a su esposa y le indiqué que también se fuera con el ayudante de la bodega. Ellos salieron y yo me fui para Pereira a llevar otros turistas.

El supuesto profesor me llamó y me pidió el número del conductor, por si necesitaba llamarlo para guiarlo bien y no le vi problema.

Cuando estaba en la capital risaraldense recibí una llamada de un sujeto que me dijo que era comandante del Eln, con una voz autoritaria, con expresiones militares y amenazante —muy creíble—. Me recalcó que estaban en guerra y que encontró que en la zona de ellos había un vehículo mío, el cual no reportaba contribuciones a la causa.

Me dijo que me la iba a poner fácil, que me daba 15 minutos para que le consiguiera 8 millones de pesos, que de lo contrario iba a quemar el automotor y a lo mejor mataba a las tres personas que iban allí.

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Me asusté mucho y comencé a llamar gente para conseguir plata. Cuando me volvió a llamar, le dije que era festivo y que se tornaba difícil la consecución del dinero. Él se puso más amenazante y que me daba otros 15 minutos, que ya tenía dinamita en el carro para hacerlo estallar y que mataría al conductor.

Ahí me pareció extraño y llamé al Gaula, desde donde me explicaron el modus operandi. Me aseguraron que pasa muy frecuente y que son llamadas extorsivas desde una cárcel, di los números telefónicos de donde me habían llamado y los números del conductor y el ayudante, quienes a mí solo me contestó una vez uno de ellos y me dijo que estaban bien, pero la llamada se cortó. Aún así quedé más tranquilo porque confirmé que no estaban detenidos.

La Policía me dijo que estuviera tranquilo que no iba a pasar nada, que el carro no lo iban a quemar, que todo se trataba de un engaño.

Yo no le volví a contestar al extorsionista y en horas del mediodía, me citaron del Gaula porque había pasado algo fuera de lo común. Llegué a las oficinas en Armenia y me dijeron que la buseta se había quemado y que según la versión del conductor, había sido un corto circuito.

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En horas de la tarde, las tres personas fueron llevadas al Gaula y en entrevista indicaron que no fue un corto, sino un guerrillero que se subió al vehículo y le prendió fuego.

Pero en ese momento las autoridades ya tenían otra información, con pruebas gráficas, las cuales evidencian que el automotor lo quemaron el conductor y el ayudante. La señora que los acompañaba solo observaba y por esa razón le dijeron que si seguían mintiendo podían ir a prisión por falso testimonio, por lo que aceptaron que fueron ellos los que la quemaron en el puente en Toche.

La versión de ellos es que los llamaron y les dijeron que los tenían en la mira y les estaban apuntando con fusiles, que si no quemaban el vehículo les disparaban. Desde ese día no he vuelto a tener comunicación con los ciudadanos que trabajaban para mí”.
 


Modalidad de llamadas desde la cárcel

Sobre el caso, el Gaula de la Policía Quindío confirmó que las llamadas provenían desde el interior de la cárcel de Cómbita, en Boyacá.

“Este tipo de modalidad surge, la mayoría, desde las prisiones del país. Lo sabemos por las labores de rastreo. Aquí se evidencia un modus operandi, donde las víctimas son personas del sector transporte, ya sea de pasajeros, mercancías, acarreos, las cuales tienen publicaciones en redes sociales y es fácil obtener un número de contacto”, dijo el teniente Diego Restrepo, subcomandante del Gaula de la Policía Quindío.

Señaló que los delincuentes solicitan el servicio, principalmente a zonas rurales, nunca áreas urbanas, porque ya saben que en determinado recorrido hay mala señal del celular.

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“Cuando se hace el contrato del traslado, piden los datos de un pariente por si tienen problemas en la comunicación con el principal. Así, cuando el conductor —si es el dueño del carro— va por un sector donde se queda sin red de telefonía, los inescrupulosos llaman a ese familiar y le dicen que son de un grupo al margen de la ley —Eln, ‘Clan del Golfo’, Farc, entre otros— y que tienen retenido a su ser querido y exigen dinero para liberarlo o para no afectar el carro y obviamente dan todos los datos del supuesto secuestrado y del automotor, porque es información que han solicitado para hacer el negocio del transporte”.

El oficial explicó que otra forma de actuar es que llaman al mismo conductor cuando va en la vía, lo intimidan para que pare el carro, que si no lo hace ya está ‘alineado’ —en la mira de un francotirador— y si no se detiene le dan ‘plomo’ —usan este tipo de vocabulario para generar más miedo—. Dicen que son los dueños de la zona y de la vía, por lo que si no consigna determinada cantidad de dinero en 10 o 15 minutos abren fuego. El señor muy temeroso, llama a su familia y le pide que haga lo que sea para consignar la plata, porque si no lo matan.

“A veces pasa lo de Toche, allí lo que hicieron los inescrupulosos es que además de llamar al propietario de la buseta, se comunicaron con el conductor y lo amenazaron con el relato de que lo tenían en la mira y que debía quemar el carro porque de lo contrario lo mataban. En ese manejo sicológico, los delincuentes no dan mucho tiempo de reacción y así como hay personas que cuelgan y hacen caso omiso, otros por miedo terminan incendiando el vehículo”.


Falsa información

Francisco hizo relación a que el hecho se quiso ocultar por parte de las autoridades de Ibagué y la alcaldía de Salento, que entregaron una falsa información indicando que se trató de un corto circuito, cuando desde el mismo momento en el que se quemó el automotor, en Quindío, el Gaula ya tenía pruebas de que había sido incinerada por motivos de una extorsión.

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Al respecto, el alcalde del ‘Municipio Padre’, Juan Miguel Galvis Bedoya, indicó que la información que se suministró en la página web institucional fue la suministrada por la Policía de la localidad.

“Me deja abrumado que desde el día siguiente del incidente, las autoridades que llevan la investigación no se han comunicado conmigo para informarme cómo va el caso y ya han pasado más de dos meses. Asimismo, quiero dejar claro que tampoco se trata de un cobro de un seguro, porque aunque el vehículo contaba con todo lo de ley como Soat, el seguro contractual, no estaba protegido contra ese tipo de daños”.


Modalidades para tener cuidado

De acuerdo con el subcomandante del Gaula Quindío, hay tres modalidades. La primera es la clásica, que es la que hacen grupos subversivos, quienes llegan en persona a cobrar las denominadas ‘vacunas’ a empresarios o ganaderos.

“Otra es la de menor cuantía, realizada por delincuentes comunes, que llegan a las tiendas, chazas, entre otros, y dicen ‘señora usted me tiene que pagar porque somos los de la banda que controla esta zona’ y exigen $10 mil, $20 mil o $50 mil cada determinado tiempo. La última es la carcelaria de la que además de lo que hemos hablado, se desglosa lo que denominamos modalidad ‘tío tío’, que consiste en hacer una llamada a un ciudadano, donde lo comunican con un hombre que se hace pasar por su sobrino o familiar, quien le dice que necesita dinero para no ser arrestado por algún delito”.

El teniente agregó que después de esto, el sujeto que se hizo pasar por allegado hace hablar a la víctima con un presunto integrante de la Policía Nacional, quien afirma que necesita el dinero para no hacer el procedimiento del arresto.

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Puede pasar que cuelgan y luego vuelven y llaman y dicen que ya llegó un capitán, por lo que hay que darle plata a él también, entonces ya no son $500.000, sino un millón de pesos, pero que consigne la plata rápido antes de que lleguen más personas a apersonarse del caso”, narró.

El incauto ante la desesperación, pregunta a qué cuenta envía el dinero y cae en la extorsión.

Además está la suplantación de identidad en la que llaman a un ciudadano diciendo que es de un banco o cualquier otra empresa a decirle que se ganó un premio y simplemente le pueden decir que para hacer efectivo el premio debe consignar un dinero.

Pero también puede imperar la habilidad del delincuente y comienza a embolatar a la persona y a preguntarle todos los datos, que si maneja alguna tarjeta, hasta que la víctima se involucra en el cuento y por último le pregunta por la clave y la persona termina desfalcada.


Visitas a las casas

Las autoridades advirtieron que también está la suplantación cuando, haciéndose pasar por empleados de empresas o incluso como estudiantes, van a las casas y usan diferentes historias para ganar la confianza de los ciudadanos, y luego pueden usar sustancias para drogar a la víctima y hurtar en el hogar. O dicen que el dueño, el papá o la mamá —según la persona que los atiende porque ya han averiguado datos— lo mandó por algún elemento y que por favor se lo pase y el ciudadano lo entrega. Aunque también puede ser para conseguir datos personales de los moradores y luego comenzar con llamadas extorsivas.

De otra parte se ha conocido un caso particular, y es que se hacen pasar por aprendices de alguna institución de educación y que para un proyecto están tomando muestras de joyas de oro, la persona confiada les presta cualquier elemento y toman una platilla en una plastilina. Al final le dicen que si permite hacerle una prueba al objeto para decirle si es oro, en esas desaparecen el elemento y aseguran que el químico usado deshizo la joya porque no era de oro puro.


Las recomendaciones

“Las recomendaciones a tener en cuenta es que cuando reciban llamadas haciendo cualquier exigencia de dinero, se dirijan a las autoridades, el Gaula tiene disponible la línea 165, donde le damos asesoría e iniciamos las investigaciones. Lo importante es no entrar en pánico, porque es lo que lleva a las personas a no analizar la situación y terminan pagando el dinero”, advirtió Restrepo.

Dijo que si el cuento es el del sobrino en problemas, no dé ninguna información. “Por lo general el delincuente no tiene datos del familiar, porque hacen llamadas al azar. Si es víctima, en lugar de contestar preguntas, sea usted la que interrogue, consulte quién es, dónde vive, cómo se llama la mamá, en qué estación de Policía está y si suena convincente, diga que va para allá.

Regularmente quien llama no sabrá contestar. Por el contrario, si es un ciudadano nervioso o se asusta, cuelgue y llame inmediatamente a las autoridades o en su defecto a su familiar involucrado u otros parientes más cercanos a él y tenga en cuenta que si su ser querido es capturado por un delito grave, no va a ser liberado con el pago de dinero”.


Redacción
LA CRÓNICA


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