Sabado, 17 Ago,2019
La Salida / MAR 12 2019 / hace 5 meses

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”: Mónica Botero Giraldo

La quindiana Mónica Botero creó su fundación Ríos de agua viva, dedicada a recuperar jóvenes con adicciones psicoactivas y personas en condición de calle en Florencia, Caquetá. Ahora espera tener una nueva sede en el Quindío.

“Quien no vive para servir,  no sirve para vivir”: Mónica Botero Giraldo

Mónica Botero Giraldo, gestora y fundadora de la fundación Ríos de agua viva.

Mónica Botero Giraldo ha dedicado su vida a labores sociales dentro y fuera del Quindío. Empezó su fundación Ríos de agua viva en Florencia, Caquetá, hace nueve años, una organización que busca velar por la recuperación de jóvenes en condición de calle y con adicciones. Espera crear una nueva sede en el Quindío para poder ayudar con las problemáticas sociales que se presentan en el departamento.

¿A qué se dedica Mónica Botero?
Soy nacida en Armenia, hija de padres comerciantes, tengo tres hijos, estudié en el colegio de las hermanas Bethlemitas de Armenia y desde muy niña me gustó la labor social, algo que heredé de mi papá y mi abuela paterna Jesusita Vallejo de Botero, después de mis estudios me dediqué al comercio, trabajé para grandes fábricas textileras hasta el momento que Dios me puso este ministerio en mi camino.

¿A qué ministerio se refiere?
Desde que conocí de Dios, hubo algo en mí que me decía que tenía que hacer una labor determinante en la vida y fue así, desde hace nueve años creé la fundación en la cual he encontrado mucho apoyo de mis tres hijos y mi progenitor. Hoy, esta entidad es mi realización como persona, mi razón de seguir adelante y no desfallecer y trato de aplicar las palabras del papa Francisco: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Recuerdo que cuando estaba en el colegio, siendo muy niña, era quien lideraba los eventos para la recolección de mercados, útiles de aseo y ropa, que luego se repartían en las cárceles, ancianatos y otros lugares benefactores. Mientras realizaba estas actividades veía los habitantes de calle y siempre me hice la pregunta, ¿qué había detrás de cada uno de ellos?. Nunca olvidaré que cuando hice la primera comunión, gran parte de los regalos y juguetes que me dieron, se llevaron al hospital y se repartieron entre todos los niños enfermos y del pabellón de quemados.

¿Cómo se llama su fundación, donde está ubicada y a qué se dedica?
La sede está en Florencia, Caquetá, el nombre es fundación para la formación de líderes Ríos de agua viva, nos dedicamos a recuperar jóvenes con adicciones psicoactivas y habitantes en condición de calle.

¿Cuál es su trabajo en la organización?
No solo en la fundación, también he realizado mi labor social como voluntaria en las dos cárceles de Florencia, el Cunduy y el establecimiento penitenciario Las Heliconias,  he apoyado en la unidad mental, en los batallones y las universidades dictando charlas y talleres. En la fundación he tenido la oportunidad de poder capacitarme en todo lo relacionado con el manejo de personas con diferentes adicciones, lo mismo que diplomados en el tema de sustancias psicoactivas.

¿Por qué se ubicó en Florencia?
A raíz de una calamidad familiar, mi familia se radicó en el Caquetá, donde mi padre tenía fincas y gran parte de sus negocios, fue así como llegué a esa tierra y me enamoré de sus paisajes y sus gentes, inicialmente me fui a vivir a Santa Marta por razones laborales, pero me di cuenta de que mi misión y mi proyecto de vida estaba en el Caquetá y me regresé a Florencia.

¿Cómo ha sido la labor de su fundación?
Desde que iniciamos, hace nueve años, han pasado muchos jóvenes con diferentes problemáticas y nos da orgullo saber que a muchos de ellos los hemos recuperado, hoy en día tienen sus familias o han regresado a sus hogares, algunos son personas de éxito que han emigrado al exterior, como Canadá, Estados Unidos y España y muchos de ellos, de una manera u otra, apoyan nuestro proyecto o tienen uno propio. En este momento nuestra fundación cuenta con 20 jóvenes en proceso de recuperación, algo que nos caracteriza y por lo cual hemos recibido el respaldo del comercio en general, es que nuestra fundación recoge de las calles a aquellas personas en condición de calle que mal llamamos ‘loquitos’, una de ellas era una niña que con frecuencia se le veía desnuda y hoy gracias a Dios es una de nuestras vendedoras.

¿Quienes son los vendedores o vendedoras?
Generalmente tratamos de no sacar a los jóvenes a las calles, especialmente cuando están en la fundación, pero tenemos algunos que ya han superado sus procesos y como medio de sustento, se convierten en vendedores de diferentes productos como maní, chocolates, libretas, etc., los cuales nos ayudan a financiar nuestros gastos.

¿A qué ha venido al departamento del Quindío?
Vengo junto a Gustavo Adolfo, un chico que lleva seis años con nosotros, ya ha terminado su proceso, me acompaña a dar charlas preventivas en colegios, universidades, cárceles y con él hemos venido a dar a conocer nuestra fundación, además que él hace parte también de nuestros vendedores. Conocedora de la problemática social en el departamento he venido a ver qué jóvenes se quieren ir con nosotros y además que me interesa  abrir una sede aquí en Armenia. Quiero hacer un llamado a las autoridades gubernamentales, empresarios y personas que nos puedan apoyar para el financiamiento y sostenimiento de nuestra institución, que será de gran ayuda para la comunidad quindiana, que Dios se los agradecerá, mí número celular es 3122733047.

Carolina Marín
LA CRÓNICA.


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