Viernes, 22 Nov,2019
Historietas del más acá / JUN 02 2019 / hace 5 meses

Un sueño americano en Armenia

Autor : Carlos Wílmar López Rodríguez

Pedrito, como se le conoció en el Quindío, abrió su restaurante en la calle 19, entre las carreras 17 y 18 —donde hoy existe una popular tienda de zapatos— y lo llamó Hon Yeng.

De Pedro Won se puede afirmar que alcanzó el sueño americano dos veces en la vida. En 1959, cuando tenía 30 años, dejó para siempre su ciudad natal de Cantón, localizada al sur de la República Popular China, en busca de un mejor futuro para él y su familia, y lo encontró de la manera menos esperada al abrir un pequeño restaurante en Suramérica, en un pueblo con aspiraciones de ciudad llamado Armenia.

Pedrito, como se le conoció en el Quindío, abrió su restaurante en la calle 19, entre las carreras 17 y 18 —donde hoy existe una popular tienda de zapatos— y lo llamó Hon Yeng, una expresión que en dialecto cantonés hace referencia al encuentro de dos mundos, algo así como: ‘De aquí y de allá’, aunque no es literal.

 

Ubicación del restaurante Gran Hon Yeng (Ver en otra pestaña)
 

Por aquel entonces, en las familias de Armenia no era común pedir comida a domicilio y antes que el famoso arroz frito de color naranja con pollo y pan tajado se popularizara, se hizo famoso un postre de fruta que se preparaba a diario y se solía exhibir en las vitrinas para atraer las miradas de los más curiosos. “Uno, de muchacho antojado, lo único que compraba era el pay de piña y, a veces cuando lo preparaban, de vainilla”, cuenta el historiador John Jaramillo Ramírez sobre aquella época.

Una década más tarde el restaurante se trasladó a un punto intermedio entre las carreras 15 y 16 de la misma calle 19, allí Pedro se mantuvo hasta finales de los 90, poco después del terremoto que azotó al Eje Cafetero, cuando decidió irse a Estados Unidos, no obstante, en el mismo lugar, sus parientes conservan viva la tradición.

Cuando él estaba se vendía mucho, se realizaban muchas entregas a domicilio, especialmente los domingos, y había una gran variedad de platos: sopas, pastas y arroces. Sin embargo, nosotros estamos buscando darle un nuevo impulso al restaurante con otras propuestas, con un menú más reducido y queremos ofrecer una garantía en el servicio puerta a puerta”, explica Gabriel Won, un colombo-chino de 23 años, sobrino de Pedrito, y quien administra El Gran Hon Yeng, una versión modernizada del restaurante original, que ya no conserva las divisiones en madera ni las vitrinas que caracterizaban el lugar. 



 

Gabriel no es el único familiar de Pedrito que sigue en el negocio, otra sobrina es Chen Hui Chan quien, desde hace 30 años, abrió su propio restaurante en el norte de la ciudad, ella recuerda que llegó de la mano de su tío siendo muy niña, gracias a él aprendió los secretos del mercado local y asimiló que la única manera de tener satisfecho al cliente era ofrecer un producto auténtico y de calidad, razón por la cual sigue importando ingredientes esenciales directamente desde su país.

Susana, como se le llama cariñosamente, a pesar de todos los años que lleva en Armenia no habla castellano, lo entiende, pero es muy tímida para atreverse a pronunciar palabras, por eso prefiere que hable su mano derecha, Jorge Manrique, un colombiano que lleva 28 años trabajando a su lado, y que profesa una gran admiración por la comunidad china que hoy está arraigada en la capital quindiana.

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Entre inmigrantes y nuevas generaciones nacidas en Armenia, hay alrededor de 37 chinos pertenecientes a los restaurantes. Ellos se caracterizan por su disposición para trabajar, de domingo a domingo, por ser reservados, juiciosos, respetuosos de la ley, muy honestos y disciplinados con el dinero”, asegura.

De no haber sido cuidadosos con el dinero, dice Javier, más de uno habría quebrado. “Cuando empecé a trabajar en el restaurante de Susana, un domingo se podían llegar a despachar 180 domicilios y atender a unas 40 personas en las mesas, hoy, entre las dos modalidades no se pasa de los 50 clientes, en el mejor de los casos. Eso se debe a que hay mucha competencia, a que mucho colombiano los ha imitado, y debido a esto en los restaurantes chinos, además de las recetas tradicionales, también están ofreciendo el arroz paisa”, agrega.



Hoy el negocio se mantiene gracias a los domicilios ya que son escasos los comensales que acuden a los restaurantes.

Por supuesto, no son perfectos, algunos son malgeniados y otros mantienen una barrera que es difícil superar para poder conversar o establecer alguna amistad. En casi treinta años de convivencia, con Javier jamás se han tomado el tiempo de enseñarle alguna frase en chino, lo poco que ha logrado aprender ha sido gracias a que les presta mucha atención.

Sin embargo, Gabriel aclara que para ellos el castellano es un idioma muy complicado, en el que hay demasiadas conjugaciones verbales, más tiempos de los necesarios y muchos sinónimos. “Nuestro idioma es muy simple, una frase larga en español, se puede resumir en dos o tres palabras en chino”, explica con un marcado acento paisa que parece llevarle la contraria a su genética.



John Jaramillo Ramírez, historiador, Restaurantes chinos en Armenia (Ver en otra pestaña)
 

En el ocaso de su existencia, luego de pasar más de 50 años en Colombia, Pedro Won, Pedrito, emigró a San Francisco, California, a cumplir su segundo sueño americano, esta vez en el norte, siendo un abuelo cariñoso y, como lo contempla su cultura, un adulto mayor respetado. Cuenta Susana que su tío falleció hace dos años, de muerte natural, no obstante, reafirma que el legado se mantendrá por muchos años más en cada restaurante chino de la ciudad, pues, al fin y al cabo, Pedrito fue el que despejó el camino.


Carlos López
@hdelmasaca
Especial para LA CRÓNICA


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