Domingo, 15 Dic,2019
En profundidad / AGO 11 2019 / hace 4 meses

El alunizaje producto de la Guerra Fría, no termina los conflictos

El alunizaje producto de la Guerra Fría, no termina los conflictos

El astronauta sorprendido por la belleza de la imagen que le brinda el planeta azul, en este siglo se asombraría por el color que tendría la Tierra por la contaminación.

“La luna, como una flor en el alto arco del cielo, con deleite silencioso, se instala y sonríe en la noche”. William Blake. 

La humanidad se ha referido a la Luna de diferentes maneras. Mitología, poesía, canciones, ciencia ficción, creencias populares, astronomía, teorías de la conspiración, carrera aeroespacial, guerra fría, etc., han hecho parte de todo lo referente al satélite de la Tierra. Parte del misterio que la ha envuelto se empezó a esclarecer hace 50 años cuando el 20 de julio de 1969 fue visitada por primera vez.

Mesopotamia fue una de las primeras civilizaciones. Tenía al dios Sin, anciano con cuernos que controlaba las mareas. El antiguo Egipto también ideó dioses lunares: Iah, Jonsu y Thot a quienes se les atribuían la creación de las ciencias. Luego llegó Grecia y los romanos con Selenita, reemplazada posteriormente por Artemisa en Grecia y por Diana en Roma. Como las culturas anteriores, las nuestras asimismo idolatraron la Luna, como los Incas que le levantaron un monumento: ‘La puerta de la Luna’. Con dioses y estatuas los antepasados se ‘conectaban’ con los fenómenos y astros de la naturaleza.

Cantautores como Joaquín Sabina, en una de sus canciones dice: “Lo que sé del olvido lo aprendí de la Luna”. Poetisas y poetas de todos los tiempos se inspiran también como Gloria Fuertes en su pequeño poema titulado En las noches claras: En las noches claras, / resuelvo el problema de la soledad del ser. / Invito a la Luna y con mi sombra somos tres. 

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Por supuesto que la poesía política igualmente le ha dado espacio a la Luna. Con su poema A la Luna, Gianni Rodari expresa: No manden por favor / a la Luna a un general: / la convertiría en un cuartel, / con trompetas y Caporal. / Al satélite plateado/ no manden a un banquero. / Lo pondría en una caja fuerte / y lo enseñaría por un buen dinero. / No manden a un ministro / con su séquito de ujieres. / Se llenarían los cráteres lunares / a rebosar de papeles.


Aristarco, el primero en ‘medir’ la distancia a la Luna  

Los astrónomos, por supuesto, son los que con más propiedad se refieren a satélite. Aristarco de Samos, 310 - 230, antes de nuestra era, escribió un libro en el cual indicaba las dimensiones y distancias del Sol y la Luna, enseñando por primera vez un método para realizar tales mediciones. Para medir el tamaño de la Luna relativo a la Tierra, Aristarco siguió la idea aristotélica de que la sombra circular que se observa en la Luna cuando hay un eclipse lunar, es por la forma esférica de la Tierra. Con ese método encontró que el radio de la Luna era de 1.738 kilómetros, km. 

Luego, con ese dato determinó que la distancia de la Tierra a la Luna, debía ser de 384.000 km, que comparados con los datos actuales, es para sorprendernos la capacidad de pensar y medir de este filósofo y astrónomo. Hoy se sabe que la distancia Tierra-Luna, en promedio, es de 384.400 km y que el radio de la Luna es de 1.737,1 km. ¡Qué maravilla como calculaba! Expresándolo con más exactitud: la Luna describe una órbita elíptica de baja excentricidad. En su punto de apogeo se sitúa a 406.000 Km de distancia de la Tierra, mientras que en su punto de perigeo la Luna se acerca hasta 363.000 Km del planeta.

Dando un salto de casi 1.500 años, con Galileo Galilei —1564 - 1642—, considerado el padre de la astronomía moderna, se puede afirmar que la Luna tiene valles y montañas, cuyas alturas calculó a partir de la sombra que proyectaba sobre la superficie lunar. Usando el telescopio dibujó las fases lunares y sus relieves.  

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Antes de presentar información relacionada con el alunizaje, es pertinente plantear cómo se forma el satélite, que no ha estado allí desde siempre, y como todo en la naturaleza, tuvo un principio y tendrá un fin, como los mortales.  


La Tierra y La Luna son casi de la misma edad

La edad de la Luna es relativamente parecida a la de la Tierra, aproximadamente 4.500 millones de años; y cómo se formó, todavía no se sabe con absoluta certeza. Recordemos que en ciencia las teorías se van ajustando cada vez que se disponga de mejores aparatos de medidas. La primera idea moderna se denominó teoría de la fisión, expuesta por George Darwin, hijo de Charles Darwin. Él razonó que la Luna debió haberse separado de nuestro planeta cuando la Tierra todavía era una bola fundida en rápida rotación. Teoría que permaneció desde la década de 1880 hasta 1946.

En ese año, Reginald Aldworth Daly de la universidad de Harvard retó a la teoría de Darwin después de calcular que solo un pedazo de Tierra desmembrada no podría realmente situar a la Luna en su órbita actual. Sin embargo, sugirió que podría haber sido consecuencia de un impacto. Se postuló que la Luna se formó cuando hace miles de millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte se estrelló contra la Tierra. La colisión hizo que la recién formada Tierra se transformara de nuevo en una bola de roca fundida y expulsara materia que se situaría en órbita por efectos gravitatorio, formando así la Luna. 

Además, se ha formulado que la Tierra y la Luna se formaron juntas en sus posiciones actuales como un sistema binario, capturando la Tierra la mayor parte de la masa y la Luna la materia restante. Si la Tierra y la Luna se formaron conjuntamente, estarían perfectamente alineadas con el Sol, lo cual no sucede. La Luna se encuentra en un plano inclinado respecto de la Tierra, lo que se explica por el efecto del impacto.  

El análisis de rocas lunares obtenidas por astronautas del Apolo recientemente, indican que la Luna se formó apenas 60 millones de años después que el propio Sistema Solar. Y las edades de la Tierra y la Luna se calculan, en 4.543 millones de años y aproximadamente 4.520 millones de años respectivamente, —con un margen de error de 10 millones de años—. ¿Cuál ha sido el interés de llegar a suelo selenita? 

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Decisión de científicos y gobernantes ganan la ida a la Luna

La puga se inició en la época de la Guerra Fría. Confrontación que llevaron EE.UU. y la extinta Unión Soviética, URSS, los dos grandes poderosos del mundo que competían por el control geopolítico. Había que controlar el espacio para tener primacía sobre los demás países. Fue la posibilidad de que la Unión Soviética pudiera llegar primero a la Luna, fustigó a la Nasa a adelantar el lanzamiento de la misión Apolo 8 a la órbita lunar en diciembre de 1968. 

El éxito de esa misión fue esencial para hacer posible el alunizaje antes de que finalizase 1969. El programa Apolo 8 también logró la imagen más bella: la fotografía ‘Earthrise’ —salida de la tierra— donde se ve a la Tierra azul alzándose sobre el desolado horizonte lunar. La imagen de nuestro planeta visto desde la órbita lunar llevó al poeta estadounidense Archibald MacLeish a escribir: “Ver la Tierra como realmente es, pequeña, azul y hermosa en ese silencio eterno en que flota, es vernos a nosotros mismos juntos como hermanos en esa belleza brillante, en el frío eterno - hermanos que ahora toman conciencia de serlo verdaderamente”. Palabras que se las llevó el viento cósmico, porque la hermandad no se ve

La decisión de John Fitzgerald Kennedy de competir con la URSS en ser el primero en llegar a la Luna, se produjo en respuesta al viaje espacial, el 12 de abril de 1961, de Yuri Gagarin, un cosmonauta soviético. Rusia había sido el primer país en lanzar un satélite, el Sputnik 1, en octubre de 1957, y ahora había derrotado a EE. UU. siendo el primero en colocar un hombre en la órbita terrestre. Además de ser un presidente muy competitivo, Kennedy defendía la Guerra Fría, porque estaba convencido de que EE.UU. y la URSS competían en la escena geopolítica por el liderazgo mundial y, como presidente, era su responsabilidad asegurarse de que su país saliese triunfador. 

Había mucho por ganar o perder: por un lado, la continuidad del liderazgo de EU. UU. frente a muchos países de Europa y Asia; por otro, la lealtad de los nuevos países independientes de África y otros continentes, que por entonces empezaban a sacudirse su pasado colonial y buscaban una forma de organización de su futuro político y social. 

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El espacio, un nuevo tablero

El entusiasmo con el que el mundo aplaudió la misión de Gagarin, enseñó a Kennedy que el espacio era el nuevo tablero en el que se jugaba dicha partida, y decidió que EEUU no debería contentarse con ser segundo en la carrera espacial. Lo que necesitaba era averiguar cómo adelantar a los soviéticos en el espacio. En la búsqueda de una respuesta a dicha pregunta, poco después del vuelo espacial de Gagarin, Kennedy encargó a su vicepresidente, Lyndon B. Johnson, que ordenase una revisión urgente de las iniciativas estadounidenses en materia espacial.

Como eje central, Kennedy solicitó, en una nota interna del 20 de abril a Johnson, que identificase “un programa espacial capaz de rendir frutos espectaculares y en el que tuviéramos posibilidades de éxito”. Al cabo de solo dos semanas, Kennedy recibió la respuesta solicitada: ¡ir a la Luna! El proyecto de alunizaje fue seleccionado como el foco para la intensificación de las acciones en materia espacial de EEUU. 

Los soviéticos se adelantaron en el lanzamiento de un satélite y en el primer vuelo al espacio por el hecho de que disponían de un cohete más potente que cualquiera de los operados por EEUU. Pero los expertos, liderados por el alemán expatriado, Wernher von Braun, aseguraron a la Casa Blanca que el cohete soviético no tenía la potencia de lanzamiento suficiente para una misión tripulada a la Luna. Tanto la URSS como EE.UU. tendrían que desarrollar un lanzador nuevo más potente para enviar astronautas a la Luna, y en esa carrera por construirlo, Von Braun creía que EE.UU. aventajaba a los soviéticos. 

Los asesores del presidente recomendaron dar un impulso a los esfuerzos nacionales en materia espacial, dentro de un plan que tenía como eje el poner un hombre en la Luna como objetivo nacional. El prestigio internacional que resultaría de tal logro  —le aseguraron a Kennedy—  sería “parte de la batalla que se libraba en el frente difuso de la Guerra Fría”. Kennedy aceptó las recomendaciones de sus asesores. 

Su decisión la anunció en un discurso del 25 de mayo cuando declaró: “Creo que nuestra nación debe comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine esta década, de enviar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra. Ningún otro proyecto espacial durante este periodo será más deslumbrante para la humanidad... y ninguno será tan difícil o costoso de materializar”. La competencia terminó el 20 de julio de 1969 y la Guerra Fría continuó, ahora con Rusia y China, pero más caliente. 


Diego Arias Serna
Madrid, España
Profesor-investigador universidad del Quindío
[email protected] 
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