En profundidad / FEB 16 2020 / 3 months before

Reseñas arqueológicas para una ruta de turismo especial

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Reseñas arqueológicas para una ruta de turismo especial

Recorrido por seis municipios del departamento en los que hay rastro de cultura e historia. 

Todo hallazgo arqueológico despierta el interés global, así como todo objeto del pasado es motivo de admiración, ya sea en un museo o en el lugar de su tenencia.  No obstante en el Quindío turístico pareciera que esto no es común, ya que la subvaloración de este patrimonio es la norma.

Ejemplos hay, como el desprecio — durante 33 años —por la visita al Museo del Oro Quimbaya, en el norte de la ciudad de Armenia. O el más recordado, con vergüenza, el regalo del Tesoro Quimbaya — piezas encontradas en Filandia de 1890 — a la Reina de España en 1983

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La región del Eje Cafetero, por extensión, está desaprovechando el potencial de su material arqueológico, para la conformación de recorridos culturales que exalten sitios, muestras arqueológicas o yacimientos.  Las siguientes son reseñas de aquellos lugares para visitar, desde el punto de vista de interés por el pasado, o de objetos y evidencias singulares del departamento del Quindío.  Si se quiere, esto conforma una ruta especial que corresponde a Armenia, Salento, Filandia, Quimbaya, Montenegro y La Tebaida.

 


El poporo antropomorfo 

Comencemos por la muestra de oro prehispánico del Banco de la República.  Está distribuida museográficamente en el tercer piso del edificio en la capital del Quindío.  Es pequeña, pero representativa de las regiones de Colombia, donde se trabajó el oro antes de la llegada de los españoles.  Es, si se permite la comparación, un Museo del Oro de Bogotá en la versión más pequeña y reducida.  La foto que recibe al visitante es un poporo antropomorfo, con forma de mujer.  Este objeto fue encontrado en Puerto Nare, Antioquía, en 1987. Actualmente se encuentra exhibido en el Museo de Oro de Bogotá.  Su hallazgo, con otras piezas, se denominó Nuevo Tesoro Quimbaya. Lo interesante de su simbología es que representa ese lapso histórico llamado Período Temprano, como en su momento lo fue el poporo de cuatro esferas en su parte superior, y que todos conocían  como el poporo Quimbaya.
 


El fósil vegetal 

El nombre xilópalo se da a los troncos o vegetales que se convierten en piedra por el proceso de fosilización. Es una evidencia geológica que puede tener hasta millones de años.  En el prado anterior del edificio de la Facultad de Ciencias de la Salud, en la Universidad del Quindío, hace más de una década un inquieto docente del programa de Biología, colocó allí este tesoro de la naturaleza, pues lo había trasladado desde la zona del Río de La Vieja, con la intención de incorporarlo a un proyecto de investigación.  Allí quedó, sin amparo alguno, y el follaje lo ha mimetizado entre las matas de jardín.  Está protegido naturalmente, pero no por el interés científico de profesores y estudiantes que lo han ignorado por completo. 

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El cráneo humano precolombino 

En Filandia, entre la desordenada colección de cerámica arqueológica de la Casa de la Cultura, se destaca un cráneo humano.  Es un resto arqueológico valioso. Fue entregado por guaqueros en 1982 y es el único en Colombia que se exhibe con un marcado rasgo de deformación craneana intencional. Su importancia es enorme.  Fue consolidado por el Departamento de Antropología Física de la Universidad Nacional. No obstante, por el desconocimiento, el cráneo no es valorado, pero sí despierta comentarios inadecuados por las personas que lo observan.


La alcarraza 

El tercer lugar del “triángulo arqueológico” es la Gobernación del Quindío.  En varios pisos, y en las instalaciones de la Asamblea Departamental, se exhiben tras vitrinas, muchas piezas de cerámica recuperadas después del terremoto de 1999.  Desde 2007 se hizo este montaje museográfico.  El objeto más llamativo es una alcarraza o vaso silbante, obtenida en excavación realizada por el arqueólogo Joel García.  Se hizo rescate arqueológico en una calle del entonces corregimiento de Quebradanegra, Calarcá.  Es una hermosa vasija, con forma de ave, que suena al soplar a través del tubo que se encuentra en la base del asa y se destaca por pigmentos crema y rojo, obtenidos por la técnica de la pintura negativa.  El rescate se llevó a cabo el 18 de marzo de 2000.

 



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