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Otra luz

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Autor : Ernesto Acero Martínez

Otra luz

 

 

 

Cuando se abra la puerta azul  nacerán dos niñas y un niño, que ya tienen hermanos y una madre a la que la vida le dará otra oportunidad.


Centro de Reclusión de Mujeres de Armenia Villa Cristina

 
No se repartieron tarjetas pero todas las invitadas llegaron. Ninguna llevó regalos a la fiesta de bienvenida de Samara Milagros, Victoria y Jerónimo, pero es que no hacía falta. Un gran padrino llamado solidaridad, conseguido por una gran madrina llamada Tropicana, regaló todo lo materialmente necesario para el nacimiento de un bebé, a tres mujeres que en menos de dos meses verán, después de mucho tiempo, la luz de la libertad y la luz de la vida brillando en las pupilas dilatadas, húmedas y temerosas de tres pequeñines que hasta hoy han dormido en el lugar más cálido y seguro que hay en el mundo: un vientre materno.
 

Una maternidad que terminará en libertad para mamá e hijo.

 

Cada una con una tiara de diminutas flores blancas sujetando un cabello que, diferente lo que ocurrió el martes, pocas veces se cepilla y se consiente porque los ánimos no abundan. Este día fue diferente. Maquilladas, vestidas de idéntica forma, lucieron con orgullo sus barrigas frente a un pabellón de miradas tranquilas y nostálgicas que no dudaban en exclamar ternura cuando diminutos vestidos de niño y de niña y pequeñísimos zapatos salían de las bolsas y se izaban con emoción. Durante una hora por momentos, de no ser por los uniformes color caqui que había en cada rincón del gran patio, se perdía la sensación de estar en el interior de un centro de reclusión.



Una pausa en un día normal para hacerlo inolvidable.

 

Este singular baby shower, realizado en Villa Cristina, fue iniciativa del personal de guardia y la directora que, con toda la solidaridad de género y la sensibilidad heredada de su madre y de su abuela, no dudó en hacer eco a lo que en principio era como un embeleco, pero que terminó siendo todo un acontecimiento que llenó de risas y mucha emoción un día en esta cárcel, un día que corría el riesgo de ser uno más, otro más.

 


Una valiosa ayuda para recibir una nueva vida.


Con la autorización de Tatiana, la directora del centro de reclusión, comenzó una campaña que sin dudarlo apoyó la más bacana. Los micrófonos de la emisora fueron la ruta de la solidaridad. El teléfono de la estación empezó a sonar repetidamente y cada llamada anunciaba la vinculación de diferentes personas, de varias partes de la ciudad a la novedosa iniciativa. Al final se recogieron dos modernos coches, tres corrales, mucha ropa nueva, decenas de pañales, juguetes, mantas y hasta pañitos húmedos. Todo fue empacado y llevado hasta la calle 50 de Armenia. Tras la gran puerta azul, la que divide el error callejero de la sanción por cometerlo, hubo música, torta, arroz con leche, un globo enorme, decoración infantil y tres pequeños pulpos tejidos en lana que sirven para tranquilizar infantes.





Una lluvia de regalos emocionó a las tres madres y a sus acompañantes.


Paula Andrea Mazo se enteró que estaba en embarazo el día que la capturaron. Las razones de su detención no las vamos a mencionar, esa no es la historieta que hoy les queremos contar. Paula llegó a Villa Cristina, no sabemos hace cuanto, no preguntamos. Lo que sí supimos es que después de dar a luz recobrará la libertad. Dios quiera que su paso por este pequeño mundo la lleve por el camino correcto, al lado de Victoria cuya voz, color de piel y de ojos conocerá junto a sus dos otros hijos en dos meses. Ella, la mamá, asegura que haber llegado a Villa Cristina fue algo positivo pues cree que de no haber sido así el embarazo no hubiera avanzado. Los primeros meses de gestación fueron complicados, le diagnosticaron embarazo de alto riesgo. Por fortuna no faltaron las atenciones médicas, el Inpec dispuso lo necesario para que no perdiera ningún control materno y ahora solo falta esperar las contracciones, conocer la potencia del llanto de Victoria y comenzar a arrullar.


Una decoración bastante tierna y colorida en la que participaron las personas privadas de la libertad y el personal de guardia.
 

La normatividad jurídica permite que las mujeres privadas de la libertad que están en embarazo puedan ir, si un juez así lo autoriza, a casa el último mes de gestación y permanecer allí junto al bebé hasta cuatro meses después del parto. Luego, si queda tiempo por pagar de la condena, deberán volver al centro penitenciario. Pero ese no será el caso de Cindy Johana, la mamá de Samara Milagros; ni de Leidy Johana, la mamá de Jerónimo; Las dos, junto a Paula Andrea, cruzarán en unos días la gran puerta azul que las ha tenido aisladas del ruido y las nocivas tentaciones que ofrece la pobreza, irán a casa, luego a un hospital y después otra vez a casa. 



Coches, corrales, ropa, juguetes, todo nuevo para recibir a los tres pequeños. 


Cuando lleguen los benditos y eternos dolores que obligarán a Leidy, a Paula y a  Cindy, a gritar antes y más duro que sus recién paridos, y a arañar con inusitada fuerza lo que tengan a mano hasta que sientan que ya sus pequeños también han visto la luz, ya será mayo. En el mes de madres serán nuevamente libres, igual que sus hijos a los que al cortarles el cordón umbilical los invitarán a pasar a un mundo menos sosegado que las barrigas de sus nuevamente ilusionadas mamás.
 

Escuche aquí: Relato de Cindy Johana, una madre privada de la libertad que en dos meses dará a luz
 


Escuche aquí: Leidy Johana está privada de la libertad en Villa Cristina, es madre de un niño y en mayo tendrá su segundo hijo. Para esa fecha habrá recobrado la libertad
 


 



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