Inicio / Cultura / MAY 01 2020 / 3 meses antes

Viaje al interior de las sexodisidencias

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Autor : Evelin Álvarez

Viaje al interior de las sexodisidencias

El ser humano se construye en una relación dialéctica con la sociedad. Las convenciones, los imaginarios colectivos y las narrativas presentes –formas de percibir y contar el mundo– son sumamente importantes en la búsqueda y reafirmación de la sexualidad, comprendida por la identidad de género, la orientación sexual y las relaciones sexoafectivas entabladas. Estas representaciones sociales de las personas LGBTIQ –lesbianas, gais, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales, intersexuales y queer– orientan el comportamiento de la comunidad, que se ha caracterizado por la persecución y marginalización. En respuesta, germinaron las sexodisidencias, desde las que se lucha y visibilizan otras sensibilidades a través del arte, el activismo, las movilizaciones, el lenguaje inclusivo –‘unxs’, ‘nosotres’– y la conformación de comunidades en las que prima la libertad, el reconocimiento y la aceptación de la diversidad en todas sus dimensiones.

En el corazón del Quindío emergió el Festival Audiovisual LBTIQ Cine o Yuka, como una plataforma para visibilizar las mujeres diversas desde nuevas narrativas sobre las distintas formas de ser y experimentar el mundo. En esta segunda versión, cuyo lema es ‘Visibles en comunidad’, hubo un taller de creación audiovisual autobiográfica llamado Historias íntimas de mi desobediencia, conversatorios y proyecciones de cortometrajes y documentales procedentes de Argentina, Brasil, Colombia y España. Debido a la cuarentena, el Festival fue transmitido en Vimeo, CoAA TV, Facebook y YouTube –a pesar de su censura a algunas proyecciones–. Dichas propuestas audiovisuales capturan una perspectiva íntima, autobiográfica en ocasiones, de cómo se redescubre y asume la identidad de género, el cuerpo sociopolítico, la orientación sexual y la vivencia del VIH, frente a las representaciones sociales y culturales de la hegemonía heteronormativa –cuando lo heterosexual es la norma–.

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De ‘Modelo morto, modelo vivo’ a ‘De gris a posithivo’, se retratan las manifestaciones del paro nacional, los movimientos LGBTIQ+ y los feministas en Latinoamérica. También se documenta el activismo del VIH/Sida, la narración en primera persona sobre el aborto, el redescubrimiento y la vivencia de la sexualidad en medio de la manada o de la familia. Las personas trans también son representadas desde el plano familiar y la erotización de sus cuerpos. Y el tránsito del color marca el cambio de la representación del diagnóstico positivo del VIH como ‘sentencia de muerte’ a una ‘condición de vida’, lo que permite la sanación personal. Estas obras cinematográficas cuentan nuevas formas de ser, percibir y reinventar el mundo para que sea más libre, auténtico y humano.

Los conversatorios son una grata fuente de conocimiento y reflexión. En ellos se habla de Mujeres al borde, un equipo artivista –activismo desde el arte– y transfeminista, el pico y género, la creación audiovisual como lucha social, la censura de los medios a los cuerpos femeninos y diversos, la vivencia del VIH/Sida en tiempos de pandemia, las redes de apoyo comunitario, la importancia de (re)construir memoria y reestructurar las concepciones sobre las personas LGBTIQ, entre otros asuntos. Surgen varias dudas: ¿Podemos considerar libre y avanzada una sociedad que aún hoy se pregunta: “hombre o mujer”? ¿Acaso no nos enriquecen las múltiples posibilidades de ser y experimentar el mundo? ¿Cuánto tiempo se perderá en nuestra homogeneización absurda? 

 



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