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Inspectores de la muerte en acción

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Inspectores de la muerte en acción

Descripción de la inspección al cuerpo de un joven en el barrio Llanitos de Guaralá en Calarcá. 


Después de varios turnos ‘muertos’, a la 1:40 de la tarde del pasado 13 de mayo, día de la virgen de Fátima, Wilson Leal y Yeison Zapata, los 2 uniformados de criminalística de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, de la Policía Quindío fueron alertados de que un joven, de 24 años de edad, se quitó la vida en Calarcá. En poco tiempo arrancaron a cumplir con su deber. El destino era un barrio de la Villa del Cacique. 

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En unos 20 minutos, con la ayuda de un GPS, los agentes llegaron al lugar de los hechos  en el automotor especial para movilizar cadáveres. Había gente por todos lados, estaban curiosos, silenciosos y expectantes ante la llegada de los oficiales que inspeccionarían el cuerpo. Una patrulla motorizada con 2 policías de vigilancia, quienes reportaron el caso, estaba al lado de la vivienda donde ocurrió la desgracia. 

Leal y Zapata se pusieron un traje blanco que los cubrió de pies a cabeza sobre el uniforme verde oliva. También se colocaron una careta N-95, que usaron por encima del habitual tapabocas, y 2 guantes azules desechables. 

Si fuera un muerto decretado oficialmente por los médicos de estar infectado de la COVID-19 o al menos sospechoso, sería la secretaría de Salud departamental la encargada de inspeccionarlo y de movilizarlo a su destino final. Pero en esta ocasión, los policías de vigilancia confirmaron que se trataba de una persona sin síntomas del virus. Por tal motivo, los agentes obviaron protocolos como la desinfección de la escena y el incremento de los elementos de protección.  

Los uniformados ingresaron al sitio de la tragedia. Zapata tomó fotos desde todos los ángulos de la vivienda, mientras que su compañero buscó evidencias en la mesa de una pequeña sala, en la cocina, en cuadernos y en papeles que ambos encontraron en un escaparate. Por más que buscaron, no hallaron ningún mensaje que el difunto haya escrito en vida y que les permitiera descubrir los motivos que lo llevaron a tomar la fatal determinación.

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La cámara disparó sus últimos flashes sobre el cuerpo antes de que los agentes lo empacaran en una bolsa blanca. Allí un uniformado introdujo un elemento probatorio, que luego sería objeto de un análisis de expertos forenses para esclarecer si en realidad se trató de un suicidio o fue un homicidio maquillado como tal, como ha ocurrido en muchas ocasiones, explicó el agente Leal mientras inspeccionaba al cadáver. 

Con el apoyo de los 2 policías de vigilancia, cargaron el cadáver hacia la calle y puesto dentro de la camioneta policial. Luego de eso, los inspectores de los muertos se quitaron los guantes y el delantal y los pusieron en una bolsa roja, donde se guardan los materiales con riesgo biológico. Las caretas las guardaron en un empaque que iba en el mismo vehículo.

Minutos después, el cadáver fue dejado por los uniformados en la morgue del hospital La Misericordia de Calarcá, donde los peritos de Medicina Legal le harían la necropsia para luego entregarlo a sus seres queridos. 



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