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El día que pase sin leer, sería un día perdido: Judith Sarmiento

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Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El día que pase sin leer, sería un día perdido: Judith Sarmiento

Judith Ofelia Sarmiento Granada estuvo hasta los 4 años en el barrio Popular de la capital quindiana.

Recientemente participó con un colectivo de artistas quindianos en la grabación de una canción titulada Vengo a ofrecer mi corazón. 

“A medida que uno envejece regresa a donde tiene el corazón”. Para definir ese sentimiento, que identifica plenamente a la abogada y periodista quindiana Judith Ofelia Sarmiento Granada, ella recurre a la palabra morriña, que según la Real Academia de la Lengua Española, RAE, significa tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal, la misma que desde el año 2015 la trajo de regreso a su amada Armenia, para vivir su etapa de jubilación, después de estar 62, de sus 66 años de existencia, en Bogotá. 

“Yo recurro mucho a una vieja frase del escritor irlandés Oscar Wilde, que dice que una mujer que revela su edad es capaz de cualquier cosa”, expresa ella para aclarar que no tiene líos en que sus años de existencia salgan a la luz pública. 

La carrera de derecho y su voz grave e inconfundible se le convirtieron en su puerta de ingreso a la radio y a la televisión, donde pasó 35 años de su vida profesional, siempre con la premisa de educar, de orientar en diversos temas de utilidad para la comunidad. 

Recientemente, Judith volvió a donar su voz, pero no para transmitir noticias, sino para entonar con el colectivo de artistas quindianos llamado Río que va cantando, la canción Vengo a ofrecer mi corazón, un grito musical de esperanza en medio de esta pandemia que ha dejado tanta incertidumbre y tristeza a su paso. Ella expresa que su mayor temor con las tendencias comunicativas actuales es que las tecnologías de la información terminen acabando con el contacto cálido y personal con el otro. Esta maestra del periodismo y de los derechos humanos, colmada de la sabiduría que dan los años de experiencia acumulada, dejó su pequeño, pero grato testimonio para los lectores de LA CRÓNICA. 

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 Recientemente la escuchamos cantando. ¿Por qué 'vino a ofrecer su corazón'? 

Con el colectivo de artistas quindianos habíamos hecho un trabajo, que fue en noviembre cuando mataron a Dilan Cruz en Bogotá. Ahí se formó el colectivo y a mí me invitó a participar Victoria Sur, una cantante quindiana de mucho renombre. Ella vivió en la capital del país mucho tiempo y allá no nos conocimos, pero cuando ella llegó hace poco a vivir nuevamente a Armenia, se enteró de que yo residía acá y ambas almorzábamos en el mismo lugar. Un día me dijeron que ella me quería conocer y el deseo era mutuo. Ahí nos hicimos amigas. En noviembre hicimos la canción Río que va cantando, la cual le dio nombre al colectivo, que era un poco de eso: ríos de gente, de marchas, no solo en Colombia, sino en el mundo entero, reclamando derechos y haciendo ver la necesidad de un cambio social marcado por el amor y por el respeto por el otro. 

Todo eso está plasmado en esa canción que se grabó en noviembre. Ahora con ocasión de este confinamiento, Victoria me volvió a invitar. La diferencia fue que en ese primer video estuve en la declamación de 2 acrósticos, uno de Dilan Cruz y el otro del soldado Brandon Cely Páez, quien se quitó la vida. Ahí participé musicalmente en los coros y en la más reciente me me incluyeron en un pedacito de las estrofas. He cantado toda la vida porque mi familia es muy musical, pero obviamente no lo había hecho con la disciplina que lo empecé a hacer hace unos 17 años en agrupaciones corales. 

Ahora, como todo se hace por internet, sigo perteneciendo a un coro de Bogotá que se llama Didascalia, que canta música de cámara en el renacimiento. Al llegar a Armenia me vinculé con la coral Discantus, ya no estoy con ellos porque el tiempo no me alcanza, pero me encanta cantar, si me dan la oportunidad de hacerlo lo hago con mucho cariño, obviamente no soy profesional. 

¿Qué añora de ese periodismo de antaño? 

Esto que voy a decir es aplicable, no solo al periodismo, sino a todo, y de hecho es en este momento mi gran preocupación y es que las tecnologías terminen mediatizando absolutamente todo, distanciándonos del contacto directo. Me parece que hace falta el contacto con el otro. No es lo mismo que hagas una nota sobre un derrumbe en determinada vereda de Calarcá, a que vayas hasta allá. Hoy en día te mandan los videos y te cuentan los detalles por celular y ya quedó cubierta esa noticia, pero no sentiste el dolor de las víctimas, no viviste esa situación como cuando el reportero está en contacto directo con los hechos y, en especial, con las víctimas. Eso es lo que creo que no se debe perder. Sé que muchos periodistas lo siguen haciendo y cuando no, no es que no quieran hacerlo, sino que la realidad mediática no se los permite. 

¿Granada, su segundo apellido tiene historia en Armenia? 

Granada es el apellido de una familia muy emblemática de Quindío, mi abuelo fue educador toda la vida, primero fue profesor de colegios públicos y luego fundó su propio colegio y lo tuvo durante 50 años, entonces aquí medio pueblo fue alumno de mi abuelo. Acá los Granada han sido muy importantes y tenía un tío que fue senador de la República, por lo que ese asunto político es el que termina apareciendo en los nombres de barrios y colegios de aquí, que de hecho hay un colegio que lleva el nombre de mi abuelo materno: Eudoro Granada Arango y el barrio Granada, que según me dijeron, lo bautizaron así en honor a mi tío Luis Granada Mejía. 

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¿Cómo transcurre ahora su cotidianidad? 

Cuando no estaba en confinamiento, mi dinámica era salir a caminar, Armenia además se presta para hacerlo. Me muevo mucho a pie por esta ciudad. Me encanta salir a mirar 

los pájaros. Me encanta saber que además somos uno de los departamentos con mayor número de especies identificadas de aves, pues Colombia se acaba de ganar el Global Big Day por cuarta vez consecutiva, que es el avistamiento de aves certificado mundialmente por la Universidad de Cornell. Eso de salir a mirar pájaros es algo maravilloso, así uno no sepa nada, pero salgo con una amiga que sí sabe. Me gustan las reuniones de amigos que cantamos, me encanta ir a conciertos, soy habitual visitante de la Casa Museo Musical del Quindío en el barrio Uribe de Armenia, me gusta ir a Teatro Azul. La parte artística es algo que llena mucho mi vida. Además, soy una lectora compulsiva, leo muchísimo, el día que pase sin leer lo sentiría como un día perdido. 
 

 

 



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