Inicio / Historia / JUN 28 2020 / 1 mes antes

Pasarela, actuación de cine y fama, trilogía absurda de los pueblos indígenas

Favorito

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Pasarela, actuación de cine y fama, trilogía absurda de los pueblos indígenas

La actuación del cine ofrece el espejismo de la irrealidad, mucho más para los actores y actrices indígenas, quienes al regresar a sus mundos vuelven a ser espectadores del desastre de sus entornos.

Encontramos la primera muerte por COVID-19 en Leticia, capital del departamento de Amazonas. Fue la del indígena ocaina Antonio Bolívar, más conocido por el papel del personaje Karamakate adulto en la premiada película El Abrazo de la Serpiente. 

Varias veces fui testigo, en mi contacto con pueblos indigenas amazónicos, de las absurdas situaciones que llevaron a los miembros de esas comunidades a ser actores o participantes en películas y otros menesteres mediáticos. No todas las producciones audiovisuales tenían fines etnográficos sino que simplemente servían para favorecer pretensiones económicas o para cumplidos académicos.

En agosto de 1983, con los integrantes de la Organización Indígena del Vaupés, debí acompañar a un productor de cine italiano famoso hasta un poblado ribereño en un afluente del río Pira Paraná. Había conseguido el visto bueno del gobierno para hacer una filmación de las fiestas y ceremonias asociadas a la hoja de coca para mambeo tradicional.

Años después, en uno de mis retornos al Quindío, me enteré del estreno de la película de dicho cineasta llamado Stelvio Massi. Se presentaba en el Teatro Bolívar de Armenia y entré entusiasmado para verla, aunque un poco confundido por el título que le habían puesto. Droga, viaje sin  regreso era la cinta que yo ansiaba ver, por las escenas que había presenciado, en las 2 noches y 3 días de grabación , y que comprendían las costumbres y aspectos rituales de aquellos indígenas del grupo barasano.

Inmensa fue mi decepción

Aunque se habían editado escasos minutos para presentar los bailes al interior de la maloca, la recogida de las hojas de coca y algunos pormenores del viaje en avioneta, lo captado en cámara en la selva del Vaupés y sus errados comentarios eran sólo el preámbulo a la sucesión de tomas horribles sobre el tráfico de drogas en varias partes del mundo. El sentido religioso de las escenas se había tergiversado y todo indicaba que el documental se tornaba en uno más de la vanidad comercial de sus creadores.

Recordé de pronto que, 7 años antes, otros italianos habían lanzado una película sensacionalista titulada Holocausto Caníbal. En ella se recreaba una farsa argumental, donde varios indígenas amazónicos posaban como bestiales atacantes que cometían aberrantes actos. La película fue vetada en Colombia y otros países, pero dejó en el público la imagen errada de los pueblos selváticos, asociando sus prácticas a la antropofagia y sangrientos sucesos.

En la década de los años 90 viajé otra vez al Vaupés. En los recorridos conocí algunos caseríos temporales ocupados por los nómadas de la selva, los Nukak. A finales de los 80 estas bandas de recolectores y cazadores comenzaron su declive, al verse obligados a abandonar su territorio de ocupación milenaria, ante el acoso de colonos, guerrilla y hasta de sectas religiosas. Un grupo caminó errante y entraron desnudos y desorientados a San José del Guaviare. Fue una noticia sensacionalista. Un artículo publicado en la revista Cromos, de noviembre 24 de 1993, mencionaba que una de las causas del éxodo había sido la violación de una de las mujeres y que ocasionó la muerte del violador por parte del jefe del grupo.

Pero el sentido de este artículo no sólo estaba dirigido a informar los detalles de la huida por la selva. Sus páginas, y hasta la portada de la revista, resaltaron el destino de pasarela que había escogido una mujer Nukak de 16 años, llamada simplemente Francis Makú, y que fue convencida por un empresario de la moda para trasladarse a Bogotá  e ingresar al mundo del modelaje. Otra revista, la de farándula del diario El Espectador, también había publicado otro artículo sobre esta modelo de origen Nukak, en su edición de la primera semana de junio de 2003 con flamante foto de portada y con un título sugestivo, “Francis Makú, de la selva a la pasarela”.

Dos noticias contrastantes, de un pueblo indígena que —desde la década de los 90 y hasta ahora— sufren los rigores del hambre , la desnutrición y el olvido de los colombianos. 

Recomendado: Objetos que fueron y son historia del Quindío

Reportes

En estos recuentos de película llegamos a la segunda década del siglo XXI. Encontramos la primera muerte por COVID-19 en Leticia, capital del departamento de Amazonas. Fue la del indígena ocaina Antonio Bolívar, más conocido por el papel del personaje Karamakate adulto en la premiada película El Abrazo de la Serpiente. Esta cinta, nominada al Óscar en 2016, lanzó a la fama al viejo Antonio Bolívar y  a otros dos actores nativos de la selva amazónica.

La fama del cine, que triunfa en las salas del mundo, y que reporta con sus presentaciones muchas utilidades y ganancias, parece favorecer solo a los productores de las películas y las empresas de cinematografía.

Para confirmar la anterior apreciación, aproveché un viaje académico que realicé a Mitú, la capital del Vaupés, en diciembre de 2018. Me desplacé por río a la comunidad indígena Santa Marta. En este pequeño poblado ribereño del río Cuduyarí, distante, 20 minutos de Mitú en lancha con motor fuera de bordo, vive en humilde casa otro protagonista de El Abrazo de la Serpiente. Se trata de Nilbio Torres, del grupo étnico cubeo. Se encontraba solo su esposa, porque él permanece en el día en labores agrícolas en la chagra. Supe por los comentarios lacónicos de quienes lo aprecian como figura icónica que ya es, y por cuenta de la película, que la fama lo había desilusionado. Su papel protagónico de Karamakate jóven había creado falsas expectativas en una región que solo tiene al olvido como su constante. Ante el desconcierto, Nilbio solo espera retomar su cotidianidad, después de la gloria efímera deparada por el cine.

Pero la situación más delicada la padece en este momento el otro actor indígena de esta afamada película. Representa el papel de Manduca. Se llama Miguel Dionisio Ramos y es indígena Ticuna de la comunidad Nazareth, donde es uno de sus líderes. Los Ticuna del Trapecio Amazónico, al igual que los Cubeo del Vaupés, son los grupos étnicos más numerosos de los territorios de donde son oriundos los 2 actores jóvenes. La angustia de Miguel Dionisio y la de los otros miembros de su comunidad es muy grande por la reciente muerte de Antonio Bolívar. El inminente peligro de contagio por COVID-19, ha puesto al inolvidable Manduca en la triste realidad de la actuación de salvamento de su pueblo, que es la de todos los grupos nativos de la cuenca amazónica.

Las verdaderas películas son las de sus dramas humanos, lejos de las pasarelas, de las tablas del espectáculo, de las alfombras rojas de Cannes y de otros festivales que los ovacionaron. Son protagonizadas, por estos ocasionales actores indígenas, otra vez en sus territorios comunales. Donde todos los días deben levantarse con el destino del proceso violento de la aculturación y presenciando las escenas reales, ya como espectadores, del desprecio de la sociedad dominante.

El cine y la pasarela obnubilan alguna vez por su magia y por la dicha de la fama. Como lo está gozando en este momento otra mujer indígena del continente, Yalitza Aparicio, de México. Ella, con la oportunidad de actuación en la película Roma, disfruta las mieles del estrellato. Pero también la actuación del cine ofrece el espejismo de la irrealidad, mucho más para estos actores y actrices indígenas quienes, en el trance del regreso a su mundo, vuelven a ser espectadores del desastre de sus entornos y de sus culturas.



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net