Inicio / Al descubierto / JUL 03 2020 / 2 semanas antes

La quindiana Paris prospera en la moda para las mujeres

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Autor : Héctor Javier Barrrera Palacio

La quindiana Paris prospera en la moda para las mujeres

Paris Rodríguez Valencia vive hace 7 años en la capital antioqueña.

La diseñadora quindiana abrió 2 tiendas, en Medellín y México. 

 

En plena pandemia, la diseñadora quimbayuna Paris Rodríguez Valencia sacó su casta de emprendedora y, sin temor alguno por la crisis económica actual que vive el mundo, abrió una tienda de ropa femenina en la playa de Puerto Vallarta, México, y en 15 días abrirá otra en el centro comercial Santafé de Medellín. 

Ella, de 34 años, creció rodeada de mujeres y siempre se sintió atraída por la moda, por las estructuras de las prendas, por la forma cómo le quedaban a las otras amigas y por las tendencias. Aunque al comienzo su familia no estuvo de acuerdo con que estudiara diseño de modas, al ver que la venta de sus piezas tuvo éxito se unieron a su proyecto empresarial y hoy le administran un centro de distribución de ropa deportiva en Estados Unidos. 

Paris se ha sentido tan bendecida y afortunada con sus logros empresariales, pues hoy en día exporta ropa de dama a 12 países, que como una forma de agradecer por su bienestar decidió retribuir a la sociedad un poco de sus privilegios para brindarle calidad de vida a mujeres que la necesitan. Lo hace por medio de su fundación llamada Mar de Dios, en el sur del valle de Aburrá. Muchas de ellas laboran en algún eslabón de su cadena productiva y allí reciben apoyos integrales porque, según ella, por encima de lo que puedan ayudar a vender, hay que velar por sus dimensiones humanas y espirituales. La joven quindiana dialogó con LA CRÓNICA. 

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¿Por qué decidió abrir 2 tiendas en plena pandemia y en una crisis económica mundial? 

La verdad es que se me dio la posibilidad, es un proyecto que vengo trabajando desde hace unos 3 años. Soy muy espiritual y creo que cuando a uno le llegan las oportunidades y cuando las cosas se le dan es por algo. No soy de las personas que se  derrumban tan fácil, creo que todos tenemos oportunidades y podemos sacar los proyectos adelante, más ahora en este tiempo, porque todo el mundo se está reinventando, haciendo proyectos, innovando con asuntos interesantes y para mí este es un proyecto nuevo porque son mis franquicias. Hace muchos años vendí en muchas boutiques que no eran mías, exporté y trabajé como diseñadora de empresas muy importantes en varios países del mundo. Estuve en un programa en Medellín en el que me gané un premio como empresaria innovadora y ahí nos dieron una curaduría con personas expertas en marca, moda y empresas. Ellos fueron mis mentores para iniciar lo de las franquicias. Entraron a la parte interna de mi empresa y me dijeron que estaba preparada para tener mis propias tiendas de lujo, me hicieron ver que podía diversificar mis productos y no quedarme con uno solo, porque lo que se vende es mi nombre, ya que durante años hice trajes de baño, ropa deportiva, carteras, jeans, vestí a artistas y a reinas en Dubái. La gente no está comprando solo un producto, sino una historia, algo que está hecho por una persona real. 

A veces monto en las redes sociales una foto divina con una modelo espectacular que luce un traje mío en New York, la gente lo ve y le encanta, pero si me lo pongo yo, les fascina y lo compran. Siento que todos estos años me he venido preparando para lo que está pasando en este momento, porque yo me acerco mucho a la persona que adquiere mis productos. 

¿Cuál es el nicho de mercado femenino al que le apunta con su ropa? 

Realmente no llego solo a la mujer de clase alta. Hemos hecho muchas veces estudios de mercadeo y no soy muy explícita en eso ni tan encasillada en ciertas edades. No me baso mucho en esa mujer que viaja y que tiene poder adquisitivo, porque no me puedo cerrar a otras personas que quieran tener mi ropa. En Instagram le íbamos a apuntar a la mujer cuyas edades oscilaran entre 25 y 40 años y resulta que me ve mucha gente de 18 a 25 años. En un momento como el que estamos pasando no hay edad, no hay raza, no hay cultura, todos somos iguales. 

¿Qué es lo que hace con su fundación? 

Nació de mi parte social y espiritual. Quiero ayudar a las mujeres de muchas maneras, a sus hijos, a ellas con estudio, a las que no pueden salir les vamos a llevar las telas que sobran hasta sus casas para que fabriquen productos artesanales  y nosotros los vendemos por ellas, para que tengan pequeñas empresas. A veces creamos alianzas con el Sena y les damos estudio y cuando los hijos de ellas van al colegio les aportamos los útiles. Gracias a Dios he logrado tantas cosas, pero también he pasado por situaciones en las que uno cree que no va a ser capaz de seguir adelante, pero he vuelto a levantarme y no lo he hecho sola, sino con Dios, entonces quiero que esas mujeres aprendan todo eso. 

Durante la cuarentena les hemos dado mercados y tratamos de salvar la empresa y a las que estaban ahí les pagamos. Tenemos una sicóloga, una persona que ora y las ayuda a ellas a sanar muchas cosas. Por ejemplo, han llegado varias que han sido abusadas. Tenemos una que fue trabajadora sexual, la recogimos de la calle y ahora es una gran chef y trabaja en los mejores restaurantes de Medellín. Tenemos las personas capacitadas para que las ayuden a ganar todas esas cosas y puedan salir adelante, porque yo les puedo dar empleo, pero si en el fondo no están bien, no estoy haciendo nada. La fundación nació en noviembre, cuando se hicieron los documentos y ahora estoy organizando la sede. 

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¿Por qué le apunta solo al mercado de ropa femenina? 

Siempre estuve rodeada de muchas mujeres, de hombres muy poco, entonces siempre me gustó estar con ellas, ir de compras, somos muy unidas. Me especialicé más en eso y como las tenía cerca les miraba el tallaje, los cuerpos, cómo se comportaban, entre las amigas también, les pedía que lucieran las piezas que empecé a hacer cuando estaba en Armenia y en Pereira. En esta última estudié diseño de modas. 

¿Cuál fue su mayor aprendizaje de su paso por otros países como diseñadora? 

Fue entender las culturas, aprender cómo se vestían, los tipos de cuerpos, porque ahora que me lanzo con las tiendas los tipos de moldería han recorrido el mundo. Eso ha sido de gran enseñanza para atender un público muy grande y aprender de telas. Para uno hacer una colección se debe aplicar un estudio en el que se identifique cómo se comportan las personas, qué comen, a dónde van, qué hacen, cómo es su estilo de vida, eso fue lo que me motivó más a abrirme en el mercado para montar mis propias tiendas. 



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