Inicio / Ciudad / JUL 06 2020 / 2 semanas antes

Mujeres, pandemia y pobreza

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Autor : Betty Martínez S.

Mujeres, pandemia y pobreza

Los sectores más afectados por la COVID-19 son precisamente aquellos en los que las mujeres se desempeñan como: comercio, hoteles y restaurantes.

Si se compara la ocupación laboral antes y después de la emergencia sanitaria, en la ‘Ciudad Milagro’ se pasó de tener 126.000 ocupados a 98.000.

Si algo ha puesto en evidencia la pandemia del coronavirus en Quindío y en general en el país es el gran tamaño de nuestra desigualdad social, enfocada principalmente en las mujeres.

Basta con analizar el informe sobre la Gran Encuesta Nacional de Hogares presentada recientemente por el Dane sobre desempleo en Colombia para darnos cuenta de su aumento exponencial en esta región con un índice del 24.1 %, convirtiéndose en la tercera ciudad con más desempleo en Colombia, aumentando 9.5 puntos porcentuales con respecto al mismo trimestre anterior y antecedida por ciudades como Neiva e Ibagué, respectivamente, teniendo en cuenta que el indicador nacional fue del 19.8 %.

Si se compara la ocupación laboral antes y después de la emergencia sanitaria, en la ‘Ciudad Milagro’ se pasó de tener 126.000 ocupados a 98.000. Los puestos de los empleados particulares se redujeron en 7.000, pasando de 46.000, con corte a febrero, a 39.000, con corte a abril; los cuenta propia pasaron de 61.000 a 43.000, es decir, 18.000 menos.

En cuanto a los sectores, al compararse antes y después del aislamiento, los que tuvieron mayor pérdida de puestos laborales fueron comercio y reparación de vehículos con -9.000; alojamientos y servicios de comida -5.000; industrias manufactureras -3.000, construcción -3.000, transporte -2.000 y actividades profesionales -2.000.

Estos indicadores evidencian la fragilidad de la economía local y su tejido empresarial, que transcurridas las 2 primeras décadas del siglo XXI , no logra generar el empleo suficiente para frenar la pobreza y la desigualdad que podría alcanzar niveles iguales a los de la época del terremoto de 1999.

Sectores afectados

Los sectores más afectados por la COVID-19 son precisamente aquellos en los cuales ellas se desempeñan como: comercio, hoteles y restaurantes, en estos últimos los empresarios encuestados despidieron a 3 de los empleados permanentes y temporales según un estudio de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío.

De igual manera, otro de los sectores afectados es el del servicio doméstico, actividad ejercida por las mujeres, que no pudieron asistir más a sus lugares de trabajo y dejaron de percibir sus ingresos a raíz del confinamiento.

Una empleada del servicio doméstico en Armenia, contratada en condiciones de informalidad, gana en promedio $40.000 por día, por 8 horas de trabajo, sin ningún derecho a prestaciones sociales. Muchas de ellas trabajaban en distintas casas en promedio 3 o 4 días a la semana con diferentes patrones, ninguna alcanzaba el salario mínimo mensual vigente y casi el 96 % corresponde a madres cabeza de hogar.

Las pocas que han podido regresar a sus trabajos lo hacen con demasiadas exigencias por parte de sus patrones, recorren varios kilómetros de sur a norte en el transporte público para llegar a sus trabajos, deben bañarse a la entrada de la casa o apartamento, lavarse la manos varias veces al día, recogerse el pelo, pero sus patrones no les dan ni los tapabocas, ni los desinfectantes que utilizan en el camino para llegar a los lugares de trabajo. Muchas de ellas dejaron de trabajar porque las familias que las ocupaban se quedaron con muy pocos ingresos o sin trabajo.

El sector de las peluquerías, ocupado mayoritariamente por las mujeres, que presentó el año anterior un crecimiento del 50 %, al pasar de 369 a 764 locales, con un 8.5 % de informalidad, muchos pequeños negocios de barrio entraron en quiebra y las peluquerías más grandes entraron a trabajar con menos personal a raíz de las restricciones.

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Los micronegocios

En el sector formal de la economía se perdieron cientos de trabajos que ocupaban las mujeres mayoritariamente y las dejaron en el desempleo.

Según cifras del Observatorio Económico y Social de Armenia, de la secretaría de Desarrollo Económico municipal, en el segmento de micronegocios —que cuenta con máximo 9 trabajadores— se identificaron 27.823, de los cuales el 15.4 % corresponde a patrón o empleador y el 84.7 % restante a los trabajadores por cuenta propia.

En cuanto a los empleadores, los hombres doblan en proporción a las mujeres. Si se mide la formalidad como el pago de salud y pensión, solo el 12 % de los micronegocios serían formales y el 79 % informales. La mayor parte está concentrada en el área de servicios, totalizando el 50.7 %.

En cuanto a la generación de empleo, en el 76.8 % solo trabaja una persona, en el 18.2 %, 2 o 3 ciudadanos, y el 5.1 % cuenta con entre 4 y 9 trabajadores. Además, el lugar de operación suele ser la vivienda en la que habita, 34.6 %; en un local, 25.1 %, y ambulantes, 34.9 %.

Esto sin tener en cuenta los trabajos ‘por cuenta propia’ que también son desempeñados en su mayoría por mujeres, que desaparecieron en un 19 % desde el mes de abril, como las ventas por catálogo de ropa, accesorios, zapatos, joyas, alimentos, etc, y quienes no recibirán ningún crédito para su actividad, ni tampoco subsidios del Estado.

A ello se suma las mujeres que se desempeñan en las ventas estacionarias y ambulantes, a las cuales se sumarán todas aquellas que salieron del trabajo doméstico y de otros informales que encuentran en las ventas ambulantes, un nicho de mercado inmediato para sobrevivir económicamente en la invasión del espacio público.

Los domicilios como trabajos de emergencia, que podrían ser una alternativa para las mujeres más vulnerables, son ocupados casi en su totalidad por los hombres, debido a los grandes riesgos de accidentalidad y de seguridad que representan para las mujeres.

Dice un informe económico reciente del Banco de la República, que el 56 % de las mujeres están ubicadas en los sectores que quedaron paralizados.

Por otro lado, los expertos advierten que las mujeres más educadas que trabajan en la formalidad, van a tener una sobrecarga adicional del cuidado con los niños estudiando desde sus casas y podrían terminar saltando al desempleo, en la inactividad laboral y haciendo mucho trabajo doméstico en sus hogares.

Las Remesas

De igual manera, las remesas que llegaban a través de los giros del exterior, principalmente a los hogares de las mujeres que tenían sus hijos, esposos o hermanos trabajando en otros países y cuyos recursos fueron un apoyo esencial en la economía regional, han ido disminuyendo dramáticamente, como consecuencia de la crisis sanitaria que también ha impactado los países desde donde se enviaban las remesas.

Según un estudio reciente de la Asobancaria, se prevé una caída de entre el 30 % y el 45 % de estas, principalmente las provenientes de Estados Unidos, España, Chile y Reino Unido, países de donde proviene el 65 % de las remesas que llegan a Colombia.

En el pasado mes de abril, el país recibió 353 millones de dólares, cifra inferior en un 38.3 % a los 572.6 millones de dólares registrados en el mismo mes del año anterior, de acuerdo con el Banco de la República.

El Eje Cafetero recibe el 14 % del total del país y en este mismo período, Quindío recibió solamente el 52.86 % de estos recursos destinados al consumo de los hogares, lo que aumentará aún más el número de personas inactivas, teniendo en cuenta que el flujo de remesas reduce la participación laboral y el desempleo.

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Feminización de la pobreza

Por todo lo anterior, los gobiernos locales deben planear con urgencia una gran estrategia de empleabilidad y emprendimiento para las mujeres, que permita hacer una reconversión económica que mitigue los riesgos de caer en situaciones de pobreza extrema, ya que las mujeres con ingresos disminuyen su vulnerabilidad a la violencia doméstica y podrían aportarle positivamente a los indicadores de productividad y competitividad de la ciudad.

De lo contrario, todos los esfuerzos efectuados para cerrar las brechas de género alcanzadas en las 2 últimas décadas, caerán en el peor de los retrocesos y profundizarían aún más la desigualdad.



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