Miércoles, 22 May,2019
Cultura / MAY 01 2016 / hace 3 años

Los amplificadores de sonido alquilados de don Querubín

Los amplificadores de sonido nacidos a la par con el siglo XX, en el Quindío fueron de difícil acceso para los grupos musicales, aun en los años sesenta.

Los amplificadores de sonido alquilados de don Querubín

Don Querubín al alquilarlos nos evitaba la impotencia de tocar a palo seco.

Aunque de gigantesca  autoestima, Calarcá  apenas tenía un total de cincuenta y cinco mil habitantes.

Y como todo el mundo se conocía entre sí, los músicos pobres y jóvenes, urgidos de esos aparatos recurríamos a Don Querubín Niño, uno de los pocos  técnicos del pueblo quien solidario y confiado, al alquilarlos nos evitaba la amargura e impotencia de tocar a palo seco en eventos masivos de  relativa importancia.

Eran pesados artefactos  construidos por él, con tecnología de tubos, cuyo sonido reproducían un par de cornetas chillonas. Los  amplificadores de marca eran pocos y carísimos.

En tiempos de cometas, ante la carencia de carreras de ingeniería electrónica, nuestros inteligentes coterráneos estudiaban por correspondencia en dos escuelas inolvidables: la  Hemphill  y la National Schools. 

 

¿…Y dónde dijo que está el “enchufle”?
Para quienes gozan el lujo de la juventud es interesante relatar que la energía eléctrica llegó pronto al Quindío igual que lo demás: por la prosperidad cafetera.  

En cuanto teníamos una racha de toques, los muchachos de entonces nos hacíamos construir un amplificador de tubos. Calarcá fue el único de los municipios del viejo Caldas que tuvo planta propia, de propiedad de la familia Laserna; aquellos vetustos motores permanecen bostezantes, cercanos al puente del Río Quindío.

La electrificadora  entregaba doscientos veinte voltios, una tensión exclusiva en Colombia. Desde algún momento que no pude desentrañar, aquella electricidad privada coexistió  con la pública y Calarcá y Armenia tuvieron dos voltajes distintos.

Así que el pobre músico llegaba a la fiesta y preguntaba: ¿Dónde “enchuflo”?  Y claro, nunca faltaba el acomedido vecino que señalara  el lugar equivocado; éste prendía y ¡pum!  Adiós querido amplificador que funcionaba con 110 y jamás con 220 voltios.

 

La sincopada historia de un calarqueño grupo
En Calarcá se concentraron algunos  ejecutantes que tocaban de manera informal en fiestas de amigos y actividades comunales. Son contados y precarios  los registros fotográficos, y no quedó para la historia un testimonio escrito o memorias gráficas de alguna solidez.  

En mi caso particular y como músico tan solo puedo dar fe de algunas personas y sucesos contemporáneos, como  la existencia del “Conjunto Bahía”, que dominó la escena calarqueña desde el inicio de los años sesenta. Fue fundado por Reimiro Ramírez, quien tocaba el acordeón de teclas y era en extremo hábil para conseguir contratos.

 El “Bahía” tuvo varias épocas y muchos  elementos. En la primera versión, Darío Vanegas tocaba la guitarra eléctrica; Humberto Cifuentes la batería, Manuelito Morales la tumbadora y Simeón Báquiro era el cantante. Los integrantes más notables  emigraron para Bogotá igual que su fundador quien se estableció como comerciante en San Andresito y falleció  años atrás. 

 

Te estoy buscando Evelio pero no me respondes
Algunas baldosas resultaron flojas cuando intentaba bailarme algunos recuerdos de otro artista quindiano,  mucho mayor que sus colegas de entonces: Evelio Duque.  

Lo conocí cuando entre las largas pausas de la rutina bomberil, en El Bosque de Armenia hacía sonar su arrugado camarada y ningún peatón podía eximirse de mirar al interior de aquella estación que no resistió un minuto del terremoto de 1999. Me entregué a la búsqueda del viejo acordeonista, con quien compartí también por un tiempo la condición de subalterno del Ministerio de Hacienda.

Fue cofundador de “Los Happy Friends”, en aquel tiempo en que el inglés comenzaba a colonizarnos a través del cine y el Rock and Roll.  Cuando se intenta reconstruir un pasado que carga con medio siglo, en una ciudad de donde todos en algún momento hemos emigrado, chocamos de frente con el primero de los obstáculos: la ausencia de aquellos compañeros de juventud. 

 

Una existencia que ha cerrado el fuelle y un acordeón que morirá de silencio
Sabiéndome impotente ante la avalancha de los años, exitoso he recurrido a una antigua fuente de conocimientos: el chisme de esquina, amplificado por los trabajadores del solfeo.

Los hermanos Valencia, Álvaro y Julián, han superado en eficacia a San Google: justo esta mañana supe que Luis Evelio Duque Aristizábal, a quien buscaba, murió el pasado veinticuatro de marzo, apenas rebasó los noventa años cumplidos el cuatro de febrero. Su acordeón respiró con él hasta la última nota.

Es triste registrar ahora y aquí su deceso y descubrir, tarde, que compartimos mucho más que un escritorio oficial por cárcel, en tanto que soñábamos despiertos en las noches bohemias un día y otro hasta lograr la esperada jubilación; Evelio en el Quindío y El Cesar y yo en Bogotá.

El nonagenario artista llegó a ser Capitán Emérito de Bomberos Voluntarios de Armenia y Jefe de Investigación Tributaria en la Dian de Valledupar. 

 

Las doce incuestionables razones de un trasnochador
De “Los Happy Friends”, que brillaban en el Club del Comercio y el recordado  Bar Show Sayonara de Armenia, hacían parte además de Evelio su fundador,  Guillermo Vanegas, excelente guitarrista calarqueño fallecido en 2000 y su hermano Darío Vanegas en el bajo; también Miller Lizcano, el segundo percusionista quindiano que tuvo una legítima batería gringa; el cantante, Alfonso Quintero.

En las congas, Luis Fernando Duque, uno de sus doce hijos, quienes fueron también una incuestionable razón para trabajar de empleado público de día y como músico de noche.

El grupo se disolvió cuando su director fue trasladado en 1970 a la capital del vallenato.

Dora Valencia, su esposa lo acompañó sesenta y tres años y partió antes. Con todo y eso, Evelio Duque consiguió sustraerle a su existencia y durante treinta y tres años, una vez jubilado, las fuerzas suficientes para escribir y editar en 2015 un diccionario para crucigramistas. 

                      Continuará…

 

 

Libaniel Marulanda
[email protected]


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