Domingo, 21 Jul,2019
Economía / MAR 28 2019 / hace 3 meses

1,6% de las hectáreas del valle de Cocora son de cultivos de aguacate hass

Propietario de predio en Salento y ambientalista hablaron a favor y en contra sobre el impacto en el agua, el paisaje y la protección de la palma de cera. 

1,6% de las hectáreas del valle de Cocora son de cultivos de aguacate hass

Son tres las fincas que han sembrado la fruta en el valle de Cocora con más de 20.000 árboles.

Francisco Mejía Corredor, administrador de la finca Carelia en Salento, y Luis Carlos Serna, biólogo y ambientalista quindiano, hablaron con LA CRÓNICA sobre los pro y los contra del cultivo de aguacate hass que hoy está presente en el 1,6% de las hectáreas del valle de Cocora y que ha sido tema de debate en el departamento. 

Mejía Corredor precisó que desde hace dos años sembraron la fruta en su predio y que si se hace el cultivo de la manera correcta no tiene por qué afectar el medio ambiente. “No es que el cultivo de hass sea malo sino que cuando no se hace bien tiene impacto ambiental. En Cocora son tres los predios que tienen el cultivo”. 

“En Colombia, cualquier actividad económica puede ser bien o mal hecha, por ejemplo, puede haber una droguería que venda productos adulterados atentando contra la salud y hasta con la vida de las personas, pero también se puede tener una con los medicamentos legales. No hay que satanizar las actividades. Reconozco que en el país hay muchos agricultores que hacen mal las cosas, deforestan bosque nativo para sembrar sus cultivos y no solo en aguacate. Hay que regularizar y ver que se haga bien la actividad”. 

Por su parte, Serna dijo que el problema no es el cultivo del aguacate, sino dónde se está sembrando, es en las áreas donde no se puede, es decir, aguas arriba de las bocatomas porque terminan afectando las condiciones de salud. 


La huella hídrica

El administrador de Carelia indicó que la huella hídrica, es decir, el agua requerida para producir cualquier bien o servicio, en el cultivo de hass tiene tres categorías: la verde —llueve y cae por precipitación a los cultivos—, azul —se toma de los cultivos para realizar riego y fumigaciones— y la gris —volumen de agua requerida para llevar a niveles inocuos los agroquímicos que se implementan en el cultivo—.

“En el cultivo de aguacate el 0,01% del agua que requiere es para diluir los agroquímicos a niveles no tóxicos. Si hacemos el cálculo, se necesitan 1.200 milímetros que equivale al promedio de lluvia por año, podemos encontrar que en Salento el promedio de lluvias de los últimos 10 años es de 2.200 milímetros, lo que quiere decir que llueven cerca de 1.000 milímetros más de lo que requiere el cultivo”.

Frente a si el aguacate hass puede acabar con el agua, Mejía Corredor resaltó que en Cocora solo 1,6% del territorio tiene este cultivo —120 hectáreas de 6.000—. 

“Es absurdo hacer esa afirmación. Si el agua se acaba es por otras razones. Mi papá ha analizado que el acueducto de Armenia tiene pérdidas cercanas al 40% por cada metro cúbico de agua que toman en las redes, a lo que se le suma el agua que desperdician en las casas”. 

Mientras que el biólogo quindiano anotó que los análisis fisicoquímicos de lo que está llegando a la bocatoma revelan que están arribando organoclorados, que corresponden a agroquímicos.

“En las épocas de verano se están generando procesos que se llaman eutrofización del agua y es que por el uso de los fertilizantes que están aplicando, como lo están haciendo a suelo desnudo, con unas prácticas claramente antiagroecológicas, pues terminan todas sobre la cueca y por las afectaciones que se están teniendo en todo lo que tiene que ver con la biodiversidad”. 


Sustitución de plantas nativas

Mejía Corredor explicó que para la siembra del cultivo de aguacate hass en el valle de Cocora solo se hizo una reconversión de pasto kikuyo  y que no se tocó bosque nativo. 

“Dicen que el hass atenta contra la biodiversidad, cuando establecemos el cultivo en un lote que estaba en pasto kikuyo que es una especie prohibida en muchos países porque es una especie invasora y por eso es que es tan efectivo porque a ese pasto no hay que erradicarle malezas ni hacerle mucho control”. 

Destacó el caso de la finca El Escobal donde hicieron un proceso con la Empresa de Energía del Quindío, Edeq, y se ganaron un premio latinoamericano por la reforestación en torno a la quebrada La Carelia, donde han sembrado unos 2.000 árboles nativos y tienen como proyecto sembrar este año otros 3.000. 

Serna advirtió que particularmente en los cultivos de Cocora hay una condición que es negativa porque el aguacate hass no admite competencia con otra planta.

“Por eso se considera un cultivo limpio porque es altamente susceptible a la presencia de hongos y bacterias, lo cual no se trata orgánicamente sino preventivamente manteniéndolo libre de cualquier otra especie y cuando se presenta se hace la aplicación de fungicidas. En el valle de Cocora utilizaron glifosato —que es un cancerígeno— para el inicio del cultivo y lo usan aún para las calles —espacio entre un árbol y otro— del cultivo”. 

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Uso de suelos 

Mejía Corredor indicó que en el proceso de construcción del nuevo Esquema de Ordenamiento Territorial, EOT,  de Salento se reunieron la mayoría de propietarios de la vereda Cocora para hacer el diagnóstico de lo que tienen en la zona. 

“Dentro de la información que recogimos analizamos que aproximadamente son 6.500 hectáreas las que hacen parte de la vereda Cocora, de las cuales el 60% está en bosque nativo —zona de conservación— y tan solo el 1,6% se encuentra en cultivos agrícolas. En nuestra finca tenemos 22 hectáreas en bosque, 20 hectáreas en aguacate hass y 20 hectáreas en pasto alrededor de la casa para conservar el paisaje”.

Frente al uso de suelos, Serna advirtió que se estableció en Cocora —por encima de lo que plantea el distrito de manejo integrado— que es una zona de protección y forestal.

“Ahí no se pueden tener cultivos comerciales, entonces han violado lo que es el uso del suelo y eso le supone a los productores de aguacate un plan de manejo especial ambiental que tampoco han cumplido y previamente debieron hacer un estudio de impacto ambiental que tampoco presentaron ante la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ”. 

LA CRÓNICA intentó comunicarse con la subsecretaría de Agricultura de Salento para conocer de qué manera se está evaluando el tema de uso de suelos en el sector de Cocora en el marco de las mesas de trabajo que se adelantan para la actualización del EOT, teniendo en cuenta que en los últimos 20 años la vocación de esta zona ha cambiado con el crecimiento del turismo y ahora con la siembra de aguacate hass, sin embargo no se obtuvo respuesta


Palma de cera 

El productor de aguacate hass expuso que dicen que la fruta va a acabar con la palma de cera, pero que en la zona están las mismas palmas de siempre, que no han tumbado ninguna.

“Por el contrario, con el programa de la CRQ hemos sembrado cerca de 900 árboles de esta especie; El Escobal ha sembrado aproximadamente 1.000 y Maicol Varela hizo un convenio con la alcaldía de Salento donde él puso la mano de obra y la administración, el material vegetal y sembraron cerca de 4.000. Ahora tienen el proyecto de un semillero para sembrar 50.000 palmas de cera”. 

Serna precisó que las palmas de cera están condenadas a desaparecer por potrero o la presencia del hass, “así lo revela el estudio del profesor Bernal porque no hay plantas juveniles para la renovación de la población, esas son condiciones que en un cultivo de aguacate no se da”.

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Cambio del paisaje

Serna afirmó que el cultivo trae afectaciones socioeconómicas porque la gente va al valle de Cocora por el paisaje ya determinado, que si bien no es por el de las palmas de cera —que crecen en el bosque alto andino— si se ha tenido un paisaje cultural con potreros “y en el momento en que todo eso se vuelvan aguacatales cambia también el flujo de turistas”. 

Ante este tema, Mejía Corredor advirtió que los turistas llegan a tomarse fotografías porque como está el cultivo en este momento, con los árboles grandes y los colores que tiene, es muy atractivo. “Es que el Paisaje Cultural Cafetero no es solo café, también es plátano, la población, las casas. Un paisaje entre más monótono sea, es más aburrido, desde que sea equilibrado y con buenas prácticas de desarrollo sostenible, se pueden incluir otras actividades en el valle de Cocora”.

 

Proceso de producción de hass

El administrador de la finca Carelia, Francisco Mejía Corredor, indicó que desde hace dos años tienen en su predio el cultivo de aguacate hass y que además cuentan con ganado y corredores agroecológicos.




Explicó que en su cultivo de hass manejan siempre el plato —base del árbol— con herbicidas para que las raíces se mantengan limpias y en las calles —espacio entre los árboles— dejan crecer hasta que tenga 70 u 80 centímetros, lo cual nunca fumigan para disminuir el impacto ambiental, sino que lo cortan y lo echan al plato del aguacate para que empiece a emitir raíces. 

“Tenemos 4.300 árboles; la finca El Escobal tiene 13.000 y en La Esperanza tienen cerca de 4.000”. 

Precisó que el aguacate se demora unos dos años en empezar a producir. “Nosotros, a parte de los platos que hemos realizado sobre las arvenses que crecen, hemos hecho, en dos años, aproximadamente unas tres fumigaciones químicas para el control de plaga”. 

Resaltó que casi que a ningún cultivo se le aplica una cantidad tan baja de agroquímicos y que además se encuentran en una zona certificada libre de plagas cuarentenarias, por lo que hay poca incidencia, porque en el territorio casi no hay cultivos, a lo que se le suma la altura donde no llegan especies dañinas para el aguacate. 

“Estos cultivos requieren de buenas prácticas agrícolas, es decir, racionalidad en el uso de agroquímicos, buenas prácticas ambientales y sociales. Me atrevería a decir que el cultivo de hass para exportación como lo llevamos aquí, incluso puede requerir menos agroquímicos que otras variedades de aguacate”. 

En Carelia, actualmente están en el proceso de certificación de Global GAP, lo que les exige fumigar con productos que tengan registro ICA, productos con categorías toxicológicas mucho más bajas tanto para el hombre como para el medio ambiente, tener cuidado y responsabilidad social muy alta con los trabajadores y toda una serie de manejos que hacen que el impacto ambiental sea mucho menor.


Redacción
LA CRÓNICA


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