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52 años del Colegio de Abogados del Quindío

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Autor : LA CRÓNICA

52 años del Colegio de Abogados del Quindío

Las ramas del poder público tendrían que ser libros abiertos y fácilmente escrutables a la mirada ciudadana, para que haya total transparencia, dijo Luis Alfonso Ramírez.

El 29 de julio de 1968 y con la firma del primer gobernador del departamento, Ancízar López López, se expidió el acto administrativo mediante el cual se dio vida jurídica al Colegio de Abogados del Quindío, CAQ, que para sus inicios tuvo en la presidencia al magistrado del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Armenia, Bernardo Alzate de la Pava, quien acompañado de otros destacados juristas de la región, sentaron sus bases hace 52 años.
 

El objeto de nuestra agremiación siempre ha sido el de exaltar los vínculos de solidaridad y ética entre sus miembros, enaltecer el honor y la dignidad de la profesión, procurando el cumplimiento estricto de las normas sobre honestidad y probidad en su ejercicio y, además, defender los derechos fundamentales de las personas”, comentó su presidente Luis Alfonso Ramírez Hincapié.

“Sumado a lo anterior —agregó— durante cerca de 10 años hemos hecho un interesante trabajo pedagógico en beneficio de los ciudadanos en general, a través del programa Consultorio e Informativo Jurídico Radial, que semanalmente emitimos por la UFM Estéreo, la emisora de interés público de la Universidad del Quindío”.

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A propósito de este nuevo aniversario, en medio de una coyuntura tan compleja, manifestó que “resulta propicia la ocasión para congratularnos, pero principalmente para reflexionar sobre el papel del abogado en los actuales momentos de la vida de nuestra nación, vista la crisis moral que padecen las instituciones que representan a los poderes públicos: gobierno nacional y locales, así como el Congreso de la República y la rama Judicial, inmersos en pandemia de corrupción”.

“Mal que se ha extendido cual pandemia también a las instituciones privadas; situación que reclama un urgente cambio en nuestras conciencias a fin de frenar nuestra caída en el pozo sin fondo de la degradación. Colombia necesita una revisión de sus estructuras sociales, políticas y económicas, acción que reclama la participación del jurista, quien debe asumir un papel revolucionario”, señaló.  

“Estamos seguros de que solo la revolución interior del hombre es la verdadera revolución. Que podemos restaurar esos valores morales relajados y corregir esta situación injusta, grave y crónica que padecemos. Y que debemos hacerla antes que los hombres se rebelen y tengan que hacerse por sí mismos una justicia que les niega el demeritado poder del Estado social de derecho colombiano”.



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