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86 días desde la llegada del coronavirus

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Autor : LA CRÓNICA

86 días desde la llegada del coronavirus

En marzo cerraron los vuelos, los colegios, los templos, en abril se notó la escasez y en mayo salieron a flote los escándalos. 

El viernes 6 de marzo de 2020, el ministerio de Salud confirmó el primer caso de COVID-19 en Colombia, una mujer procedente de la ciudad italiana de Milán, que acudió a los servicios médicos en Bogotá luego de presentar síntomas de gripa. 

A partir de ese primer contagio, aquel enemigo invisible se encargó de separar a la gente, cambiar la rutina y detener las ciudades. Hoy, con el inicio de la nueva normalidad, que no es más que el eufemismo para decir que el virus sigue vivo y que difícilmente se podrán retomar los hábitos de antes, se presenta la historia de cómo Armenia vivió los últimos 86 días. 

Capítulo 1: El mes en el que la ciudad se detuvo 

Como dice el narrador de una película de la década pasada: “La mayoría de los días no tienen impacto en el curso de una vida”, sin embargo, el lunes 16 de marzo de 2020 será recordado como el día en el que la existencia de muchos comenzó a cambiar, aunque no todos se dieron cuenta. 

En el centro cultural metropolitano de convenciones de Armenia, a primeras horas de la mañana, se llevó a cabo una reunión de carácter extraordinario entre el gobernador del Quindío, Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas, y los 12 alcaldes. Luego de más de 4 horas de conversaciones ofrecieron una rueda de prensa conjunta. “Se declara desde hoy la calamidad pública y se implementa la medida de toque de queda en el horario comprendido entre las 10 p. m. y las 4 a. m.”, leyó Jaramillo Cárdenas.

En solo 10 días, el coronavirus Sars Cov-2 había llegado a 9 departamentos del país e infectado a 57 personas, de ahí la preocupación de los mandatarios locales por blindar al Quindío. Sin embargo, el aeropuerto El Edén seguía abierto y el gobierno nacional lo mantendría así por una semana más.

Ese mismo lunes, dieron inicio las vacaciones escolares. Los estudiantes se vieron obligados a vivir su periodo de descanso encerrados en sus casas, mientras los maestros alistaban las nuevas estrategias para enseñar a distancia. El desafío: definir a contrarreloj cómo llegar a los alumnos que no tienen internet en su hogar, sin exponerlos a un posible contagio. 

Horas más tarde, un nuevo comunicado impactaba a la opinión pública local. Los obispos de Pereira, Dorada-Guaduas, Manizales y Armenia daban a conocer la suspensión indefinida de todos los actos litúrgicos en los templos parroquiales y, por primera vez en la historia del departamento, no iban a haber procesiones durante la Semana Santa. “Los templos están cerrados, la iglesia no”, dijo monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, obispo de Armenia, tratando de enviar un mensaje de esperanza a todos los feligreses. 

Esa misma noche, con el toque de queda, apareció el silencio, ese silencio incómodo que desespera y aleja el sueño. Las calles vacías provocaban un aterrador encanto, como si algo estuviera a punto de suceder y acechara en medio de la oscuridad. Patrullas de la Policía yendo de norte a sur y de oriente a occidente, agregaron el ingrediente final a ese cóctel postapocalíptico. 

Durante esa primera noche 24 personas fueron sancionadas por violar la restricción. 

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Miércoles 18 de marzo. El Quindío se convirtió en el departamento número 14 con coronavirus. Una mujer de 46 años, que viajó de Italia, y un joven de 18, procedente de España, fueron los primeros reportes. Para esa fecha, el país sumaba 107 casos en total.

En las afueras de los supermercados se observaban largas filas, la gente temía por un posible desabastecimiento de alimentos, pero curiosamente el producto más acaparado era el papel higiénico. Aunque los comerciantes trataban de llamar a la calma, la gente no reaccionaba y en las droguerías también escaseaba el gel antibacterial. 

Jueves 19 de marzo. Siguiendo el ejemplo de otras ciudades, el alcalde José Manuel Ríos Morales anunció toque de queda para todo el puente festivo de San José, del sábado 21 a las 2 p. m. hasta las 12 p. m. del lunes 23 de marzo. 

Horas después de la decisión del mandatario local, el presidente de la República decretó la cuarentena total, a partir del 25 de marzo. “Esta medida busca que, como sociedad, nos protejamos, garantizando el abastecimiento de alimentos, el acceso a los medicamentos, la adecuada prestación de los servicios públicos esenciales, así como de aquellos indispensables para el funcionamiento de la sociedad”, aseguró Duque Márquez por medio de una alocución televisiva.

Sábado 21 de marzo. Comienza la cuarentena local. La vida productiva, en su gran mayoría, entra en pausa, es el comienzo de una crisis que no tardaría en evidenciarse. La gran cantidad de personas en situación de calle, es la nueva preocupación.

Lunes 23 de marzo. Nuevo caso COVID-19 en el Quindío, esta vez el afectado es el capitán del Cuerpo Oficial de Bomberos de Armenia, Luis Fernando Salazar, quien, más adelante, superó la enfermedad luego de haber pasado por la Unidad de Cuidados Intensivos.

Martes 24 de marzo. A un día del comienzo de la cuarentena nacional, la cámara de comercio y la alcaldía anuncian la apertura de un albergue temporal para los habitantes de calle y las familias de migrantes venezolanos. Según el secretario de Desarrollo Social, son 300 personas las que albergarán a partir de esa primera noche. 

Miércoles 25 de marzo. Arranca el denominado aislamiento preventivo obligatorio. La actividad productiva, en su gran mayoría, está paralizada. A la gente solo le es permitido salir a abastecerse de elementos básicos o a realizar diligencias en los bancos.


Capítulo 2: La escasez y la muerte

A raíz de la gran cantidad de personas y vehículos que se encontraban circulando sin acatar la medida de aislamiento preventivo, el jueves 2 de abril, el gobierno municipal adopta la medida del pico y cédula. A partir de ese momento, para poder ser atendido en un banco o un supermercado se requiere presentar el documento de identidad.

Tres días después, domingo 5 abril, la iglesia Católica celebraba el domingo de Ramos. El principio de la Semana Santa más atípica de la historia. Los fieles únicamente pueden acompañar sus rituales a través de transmisiones por Facebook.

Lunes 6 de abril. Líderes comunales reclamaban por la falta de ayudas. Muchos ciudadanos se vieron en la obligación de escoger entre violar la restricción, exponerse a un posible contagio o aguantar hambre. El gobierno municipal anunció la entrega de ayudas.

Ver también: “Si Armenia no maneja bien la crisis, al final del año la pérdida de empleo llegará al 43 %”

Miércoles 8 de abril. Se registró la primera muerte por la COVID-19 en el departamento, una mujer de 79 años de edad del municipio de Montenegro. Dos días después, fallece un hombre de 77 años, esta vez en Armenia. 

Sábado 11 de abril. La parca golpeó de nuevo. William Gutiérrez, un médico anestesiólogo natural de Armenia, fallece de neumonía –provocada por la COVID-19–, esta vez en la ciudad de Bogotá. El personal médico, la primera línea de defensa contra el virus, sufrió sus primeras bajas ese fin de semana de Resurrección. 

Una semana más tarde, comenzaron los cuestionamientos a los procesos de contratación adelantados por la alcaldía de Armenia en medio de la emergencia sanitaria. La Procuraduría solicitó suspender el contrato de $300 millones, cuya finalidad era suministrar servicios logísticos y de restaurantes a los funcionarios que estaban laborando en medio de la crisis. 

Lunes 27 de abril. Por presuntamente aprobar un pago, cuando aún no se había suscrito contrato, el subdirector del departamento de Bienes y Suministros, de Armenia, es llamado a llamado a juicio disciplinario. 


Capítulo 3: Presunta corrupción

Desde la primera semana de mayo, el presidente Duque autorizó la reactivación del sector de la construcción. La nueva frase de moda en boca de todos es: “cumplir los protocolos de bioseguridad para la reapertura de la economía y prevenir el contagio del coronavirus”.

Más allá del aislamiento, siguen los cuestionamientos a la gestión del alcalde durante la crisis, el jueves 7 de mayo, el mandatario aceptó la renuncia de Jorge Luis Barrera Chíquiza, su asesor del despacho, ya que la Procuraduría investigaba la relación del funcionario con una de las empresas contratadas para el suministro de materiales. Menos de una semana después debe hacer lo propio con la directora de Bienes y Suministros, Gabriela Valencia Vásquez. “Existen requerimientos que debe atender ante los organismos de control. Tomamos la decisión de no permitir dudas de nuestro equipo en el manejo de recursos públicos”, dijo Ríos Morales.

Entre tanto, la necesidad se hace evidente en ciertas zonas vulnerables de la ciudad, aunque el alcalde de Armenia aseguró que, para mediados de mayo, el gobierno municipal había repartido más de 50.000 raciones alimentarias, incluyendo la ejecución de un contrato por $442 millones. La ciudadanía las calificaba como insuficientes. “No les llegaron a todos los necesitados, y a los que sí, no le duraron más de una semana”, expresaron habitantes del barrio La Mariela.

Jueves 21 de mayo. En rueda de prensa transmitida desde Bogotá para todo el país, el fiscal general de la Nación, Francisco Barbosa, anuncia que solicitará medida de aseguramiento contra el alcalde de Armenia y 4 de sus funcionarios por presuntas irregularidades en la contratación para atender la emergencia sanitaria de la COVID-19. 

Según el ente investigador, una de las empresas contratadas tendría como socios a donantes de la campaña del alcalde. Al mismo tiempo, la Procuraduría dice que también investigará disciplinariamente al alcalde por presuntas irregularidades en la celebración y ejecución de 4 contratos de suministros, como la supuesta falta de capacidad jurídica y experiencia para la ejecución de los contratos, además de supuestos sobrecostos y eventuales irregularidades en los contratos. A la fecha no ha habido ningún otro pronunciamiento diferente a lo anunciado.

Por si fuera poco, el desempleo acecha a la endeble estabilidad social de la ciudad, el viernes 29 de mayo, el informe del Dane dio cuenta de un incremento del 6 % en la tasa de desocupación pasando del 18.1 % al 24.1 % para el trimestre comprendido entre febrero y abril.

Luego de este largo periodo de confinamiento, Armenia se prepara para la etapa de reactivación más grande, aunque el número de contagiados en el departamento siga creciendo, más de 20 durante la última semana, para un total de 111.

La responsabilidad individual es ahora la consigna para que el coronavirus no prospere, la economía pueda mantenerse activa y todos puedan adaptarse a la nueva normalidad, aunque solo sea un eufemismo.

 


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