Inicio / General / SEP 15 2013 / 6 años antes

¿Qué hace que el amor dure?

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“Hay amores que se vuelven resistentes a los años, como el vino que mejora con los años, así crece lo que siento yo por ti”, dice la linda canción que Shakira compuso para la película, basada en la obra de García Márquez El amor en los tiempos del cólera.
Cuando estaba a punto de cumplir los veinte decidí casarme con quien aún es mi esposo. En ese tiempo y debido tal vez a mi juventud, una pregunta me acompañaba con insistencia ¿qué hace que el amor dure? Hoy, después de 34 años a su lado, siento que el amor se mantiene con la misma intensidad del comienzo pero este sentimiento se ha transformado, adaptado, reconstruido, reinventado, con los ires y venires, con los buenos tiempos y con los que no lo son tanto. Con las alegrías, que han sido abundantes, pero también con las tristezas. Con los encuentros y los desencuentros, con las coincidencias y las divergencias. Con la ilusión de los proyectos compartidos, pero también con la fuerza de los propósitos individuales.

Cuando miro en detalle mi experiencia personal, la de mis padres que sobrepasan en algunos años los 50 viviendo juntos y la de tantas parejas con las he compartido en mi trabajo, podría decir que lo que hace que este sentimiento se mantenga es la mezcla de muchas cosas. Algunos dirán que se trata de suerte, y es posible que sí, pero también de trabajo duro. Del esfuerzo que implica entender que las diferencias que nos afectan del otro no son irreconciliables y la voluntad que requiere mantener la visión conjunta de formar y sacar adelante el proyecto familiar. De la energía que demanda ir modificando, adaptando y reformulando nuestros propios paradigmas sobre el amor y la vida en pareja, para seguir adelante.

Amar a alguien es un permanente ajuste de expectativas, una constante sincronización de todo lo que esperamos cuando decidimos vivir juntos, con lo que va ocurriendo en el camino. Con frecuencia tenemos expectativas muy altas, casi irrealizables y esto genera una permanente frustración. Otras veces, por el contrario, no se espera nada y se asume con resignación y como un destino fatal el no ser felices en el amor. Ambas percepciones son un obstáculo para que el afecto crezca y sea gratificante para ambos.

Ser feliz en pareja pasa por aceptar los cambios de cada etapa, los acontecimientos que van ocurriendo en nuestra vida. El nacimiento de los hijos, el paso de los años, el trabajo de cada uno, las crisis y los logros. Lo que nos deja de alegrías y satisfacciones, pesares y nostalgias, así como de madurez y aprendizajes vitales.

Implica levantarse de los momentos difíciles, en los que sentimos que ya no damos más, para pensar de nuevo que continuar vale la pena y reivindicar la convicción de que vivir con la otra persona es una opción y no una obligación, aunque a veces parezca así.

El amor se alimenta también con la cercanía física, que conlleva vivir una sexualidad plena, en la que tienen cabida la ternura, la dulzura y mil expresiones que las parejas tienen para mostrar de diferentes maneras la preferencia por el otro y la exclusividad que le hace especial y único.

Amar al alguien es muy, muy exigente pero es un estado, no por inquietante, menos maravilloso.

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás.” 1Corintios 13:4-8

Por María Elena López



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