Sabado, 16 Nov,2019
Historietas del más acá / AGO 11 2019 / hace 3 meses

A cien por hora

Varios colectivos deportivos se han populalrizado en Armenia y en el resto del Quindío. Los corredores y los ciclistas son unos de ellos.

Domingo, 7:00 a. m., avenida Centenario de Armenia, cerca de la glorieta donde se instaló la Corteza del Arco Iris, del maestro Ómar Rayo. Cuando el día apenas despunta y muchos ni siquiera hemos abierto los ojos, otros ya están estirando, corriendo, dispuestos a darlo todo por una pasión. Pantalones cortos, camiseta y zapatillas, con eso basta, o tal vez no, falta un maletín canguro con un par de botellas de agua, una manilla para medir las pulsaciones, un reproductor de música y listo.
 

Glorieta con la Corteza del Arco Iris, del maestro Ómar Rayo (Ver en otra pestaña)


Se hacen llamar Corredores Cafeteros, un equipo recientemente formado que nació de la camaradería, el respeto y la complicidad con un deporte que, en los últimos años, ha pasado de estar relegado a ser uno de los más practicados tanto en Armenia, como en Colombia y el resto del mundo: running o para hacer honor al castellano carreras.
 


85 personas conforman el grupo Corredores Cafeteros.
 


Correr de forma regular reduce  el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes tipo 2.
 

7:20 a. m. Ya están todos, para este entrenamiento llegaron 11 personas —de las 85 que hacen parte del colectivo—, cuatro mujeres, siete hombres. El más joven es un muchacho, con cara de niño, el resto de los varones parece superar la barrera de los 35 años o más, mucho más; entre las damas es más complejo deducirlo, se ven todas muy jóvenes y con la energía propia de quien tiene el cuerpo y la mente saludable.

Es una obviedad, pero se nota que el entrenamiento les ha permitido conservar cuerpos atléticos, no para exhibirlos en una pasarela, sino como un gran tótem, construido con horas y horas de disciplina, de esfuerzo puro, de rutinas extenuantes y de sacrificar períodos de descanso.

7:30 a. m. Comienza el calentamiento. Entre risas, anécdotas sobre próximas carreras y la expectativa por el resultado de los compañeros del equipo, que justo este domingo compiten en la media maratón de Bogotá, van despertando los músculos, desde la punta del pie hasta el cuello, uno a uno lo van trabajando, con paciencia, con la parsimonia y habilidad de un artesano.
 


Vale la pena destacar otros colectivos deportivos: los ciclistas, los jugadores de fútbol y baloncesto. 
 

La calistenia solo duró 15 minutos, pero es más que suficiente. La emoción se percibe en saltitos, piquecitos y algunos gritos de ánimo. Antes de empezar, encienden los reproductores y a la señal del líder arrancan, como una coreografía, correctamente sincronizada.

7:35 a. m. El ritmo está marcado por un trotecito suave, cadencioso, que pareciera que no los va a llevar muy lejos, algunos, incluso, van conversando. Van en dirección a la intersección de la vía que conduce a Calarcá por el sector conocido como Chagualá, para luego hacer un giro en un U y retornar por la misma vía.

Aparentemente es un tramo sencillo, en línea recta, sin embargo, tiene una leve inclinación que puede multiplicar cualquier esfuerzo, además, son cerca de 6 kilómetros de solo ida, suficiente para desanimar cualquier novato, pero no a este equipo.

7:45 a. m. Curiosamente el hombre mayor, de unos 70 años, es quien aprieta el paso y asume el liderazgo, aunque, que quede claro, no están compitiendo entre ellos. Así lo ratifica Paola Villa, una de las damas del grupo, quien cuenta que la principal característica de los Corredores Cafeteros es la unión, pues mientras están entrenando son tan rápidos como el más rezagado de sus integrantes.

8:20 a. m. En algunos de los corredores ya se percibe la fatiga, a pesar de que van un poco dispersos, nadie da el brazo a torcer, son una unidad. Cruzan por debajo del puente del Sena Agroindustrial, ya casi, falta kilómetro y medio para dar la vuelta y regresar al punto de partida. El sol ha sido inclemente, no solo con los corredores, sino con los ciclistas, que practican en la misma dirección y que dan la impresión de ser una carga de caballería.
 


El entrenamiento depende de las características de cada persona, se recomienda la asesoría especializada antes de intentarlo.
 

“Lo mejor de esto, es que uno se encuentra con gente fantástica, logra hacer amistad. Nosotros tenemos que irradiar paz, alegría, reconciliación, perdón, todo esto va mezclado en el deporte”, relata Iván Prada, un hombre de unos 66 años, que mantiene la energía de un muchacho de 20, cuya afabilidad y seriedad son reconocidas en los detrás de cámaras del mundo de la televisión.

8:45 a. m. Ya no está juntos, al dar la vuelta para el retorno a la salida, aceleraron el paso, parece que ya está midiéndose el pulso, conociendo cómo puede llegar a ser el escenario en una competencia real. No está mal, ahora el terreno está de su lado, el entrenamiento empieza la recta final.

9:00 a. m. Lo consiguieron, han llegado al lugar de partida, cerca de una estación de servicio automotriz, en frente de la glorieta. El cansancio no hace mella en el espíritu competitivo, se felicitan los unos a los otros, descansan. No importa quién llegó de primero o de último, porque todos ganaron.

Una semana más tarde. Este domingo, mientras otros dormimos, ellos ya están compitiendo, promoviendo un estilo de vida en el que la actividad física es una forma de disfrutar la vida al máximo.

Pero los corredores no son los únicos, varios colectivos deportivos se han popularizado a la misma velocidad que los corredores. Los ciclistas, sin importar a qué se dediquen en su vida cotidiana, de día o de noche, se juntan como un gran enjambre de acero que pide pista y respeto en las vías. Por supuesto, están los que aprovechan las canchas sintéticas para jugar el picadito semanal y los que, de vez en cuando, salen a demostrar su puntería en el deporte de las cestas.


Carlos Wílmar López Rodríguez
[email protected]
@hdelmasaca​
Especial para LA CRÓNICA


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