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Economía / JUL 23 2018 / hace 7 meses

Agroquímicos vs. agricultura orgánica: vida, salud y economía

Voces a favor y en contra se pronunciaron alrededor del tema que cada vez es más polémico. 

Agroquímicos vs. agricultura orgánica: vida, salud y economía

A inicios de los años 70, la agricultura en el departamento empezó a sufrir cambios.

A inicios de los años 70 se inicia en el Quindío un cambio en la agricultura, especialmente en el cultivo del café y de tabaco. El grano se cultivaba hasta entonces de manera tradicional, caracterizado por variedades de porte alto, bajas densidades y productividad, con sombrío de especies arbóreas, con siembras de plátano sin trazo definido y otros cultivos, y bajo uso de fertilizantes y de agroquímicos.

Con la llegada de la variedad  caturra se empieza el cambio a lo que se conoce actualmente como cultivos convencionales, de variedades de porte bajo, trazos definidos, mayor productividad, uso de fertilizantes de síntesis química y plaguicidas, que se incrementó con la aparición o llegada de nuevas plagas.
 

Llegada de los plaguicidas

El uso de plaguicidas se hizo común con la aparición de los insecticidas organoclorados, en los primeros años de la década de los cuarenta. La eficacia de muchos de ellos fue innegable, lo que llevó a considerarlos como el núcleo para el control de plagas.

Esta situación ha generado, una serie de problemas tales como la aparición cada vez más frecuente de seres vivos invasores resistentes a los insecticidas, la destrucción de los enemigos naturales de las plagas, la reducción de la diversidad y densidad de población de las especies de fauna y flora silvestres, un desequilibrio ecológico y una alta contaminación ambiental.
 

Trabajo gubernamental

En respuesta a esta situación aparecen muchas entidades  promoviendo el uso racional de plaguicidas a través del Manejo Integrado de Plagas,  MIP, un sistema orientado ecológicamente, que incluye todos los métodos o técnicas disponibles combinadas armónicamente con el fin de reducir las poblaciones de seres vivos patógenos por debajo del nivel de daño económico o para evitar que las infestaciones alcancen ese estándar.

El MIP se basa en tres principios básicos: prevención, observación y monitoreo e intervención.  Teniendo como referencia dicho método, la gobernación del Quindío, desde la secretaría de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente ha trabajado en asesorar, capacitar y acompañar al productor con principios de producción limpia y sostenible, que busca el uso mínimo y racional de productos químicos para el control de plagas, así lo señaló Carlos Alberto Soto Rave, titular de este despacho.

Es así como junto a otras entidades y gremios realizó el seminario sobre agricultura orgánica con conferencias enfocadas en la importancia de potenciar este tipo de agricultura que está ligada al desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria y la conservación del medio ambiente, aspectos incluidos en el programa Quindío territorio vital.

La realización del seminario sobre la importancia de las abejas en la producción agrícola, dando a conocer el potencial de estos animales para el sector agrícola, al igual que los factores protectores que desde la agricultura se debe implementar para salvaguardar a los polinizadores, y así mitigar los riesgos que amenazan la existencia de estos insectos vitales en la cadena productiva de la región.

De igual forma, puntualizó el secretario que se ha realizado constantemente un acompañamiento a los agricultores para encaminarlos en el manejo adecuado de los químicos y los cultivos sostenibles.
 

Tecnificación agroquímica

El doctor en filosofía de las ciencias y de las técnicas de la universidad de la Sorbona París, Jorge Eliécer Molina Zapata, quien realizó una tesis titulada ‘Los agroquímicos en el Quindío: análisis axiológico de un caso de tecnociencia’, dio a conocer algunos de los resultados de su trabajo, enmarcados en tres  aspectos: sanitario, ecológico y político y socioeconómico.

La hipótesis del trabajo sugiere que la tecnificación agroquímica implantada inicialmente en la caficultura es factor de crisis de la misma que implica los tres aspectos señalados. “Cuando se cambiaron las variedades del café en Colombia del arábica typica y arábica bourbon a la imposición institucional de una sola variedad, esta transformación técnica exigió condiciones agronómicas de monocultivo que han llevado progresivamente a la crisis. 

Hoy en día, si la producción de café disminuye o baja el precio internacional del mismo, no hay otras alternativas de productos que, bajo otras modalidades técnicas de cultivo diferentes al costoso uso de agroquímicos, ayuden a los caficultores a solventar el problema”, explicó el experto.

Añadió que esto se debe a que el monocultivo exige el uso intensivo de agroquímicos de síntesis, lo que ha llevado a una espiral de degradación creciente de los agroecosistemas que cada vez requieren mayor cantidad de estos agrotóxicos para mantenerse productivos.

Molina Zapata señaló que los monocultivos han provocado que ríos y quebradas se sequen, “ya tenemos problemas en verano, algo que no se veía hace unos años”. 

En el mismo contexto de afectación de los agroquímicos de síntesis al medio ambiente en el departamento, el grupo de investigación ‘Plaguicidas y salud’, del cual hace parte el doctor Molina, viene desarrollando investigaciones en las que se ha detectado la residualidad de pesticidas orgánicos de síntesis en algunos ríos. Se trata de pesticidas que han sido prohibidos a nivel internacional, lo que sugiere que son contaminantes orgánicos altamente tóxicos “y en la región no se está haciendo seguimiento de este asunto”, apuntó. 
 

Envenenamiento progresivo

“Productos como el tomate, piña, plátano y aguacate hass, son algunos ejemplos de los alimentos que están siendo cultivados con agroquímicos de síntesis en el Quindío”, señaló el experto, aclarando que esto se debe a que han sido tratados intensivamente con insecticidas, fungicidas y herbicidas, “de modo que nos estamos envenenando progresivamente. Sin ánimo de ser alarmistas, estamos al borde de una catástrofe sanitaria”, inquirió.

“En la región se están usando masivamente pesticidas mutagénicos y cancerígenos, que están transformando nuestra  información genética. Puede que ahora no suframos las consecuencias, pero estas pueden aparecer en generaciones futuras”, concluyó.
 

Uso de agroquímicos

Respecto al uso de agroquímicos, el director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Quindío, José Martín Vásquez Arenas, explicó que en los casos en los cuales es necesario el uso de estos para el manejo de una determinada plaga, la recomendación está basada en una evaluación previa del nivel de infección/infestación.

“Siempre se recomienda un plaguicida de la más baja toxicidad y que haya sido evaluado por Cenicafé, bajo diferentes aspectos ambientales y económicos”, aclaró.

Argumentó que se recomiendan las dosis del producto requeridas y las calibraciones de los equipos de aplicación. De igual forma el uso del equipo de protección en todas las instancias de la aplicación.

El directivo sostuvo que esta práctica se ve reducida cuando los aspectos agronómicos claves del cultivo son atendidos oportunamente. “El pilar fundamental es el uso de variedades resistentes como Castillo o Tabi, semilla certificada de café que hoy distribuyen los comités de cafeteros a los productores”.

Respecto a las campañas sobre las buenas prácticas, el directivo expuso que con los productores se está llevando a cabo una campaña para concienciarlos acerca del uso adecuado de plaguicidas. “Por lo tanto, existen estrategias diseñadas por la Federación Nacional de Cafeteros, que protegen adecuadamente el suelo y reducen el uso de agroquímicos”.
 

Acompañamiento a cafeteros

Un sector fuertemente señalado por el uso de agroquímicos, es el cafetero. José Martín Vásquez Arenas, director ejecutivo del comité en el Quindío, explicó que desde allí se realiza acompañamiento permanente al gremio del departamento con el fin de que adopte las mejores prácticas de cultivo.

De acuerdo con el ejecutivo, actualmente se desarrolla el programa ‘Más agronomía, más productividad’, que involucra aspectos como: sembrar variedades mejoradas con resistencia a la roya, sembrar en las épocas adecuadas, elaboración de germinadores y almácigos, densidades de siembra indicadas, manejo de acidez del suelo, nutrición adecuada del cultivo, buen manejo de sombrío, manejo integrado de arvenses —malezas— y sanidad vegetal del cultivo.

Dichas prácticas están orientadas hacia el manejo sostenible del cultivo. En particular, aquellos aspectos de uso de agroquímicos, invitan al productor a realizar un manejo integrado de plagas y enfermedades que incluyen controles culturales, mecánicos y biológicos, en los cuales el control químico es la última alternativa de manejo, cuando la plaga o enfermedad ha superado los niveles por encima de los cuales causa daño económico al cultivo”, expuso Vásquez Arenas.

El directivo recordó que desde el Centro Nacional de Investigaciones de Café, Cenicafé, el trabajo está orientado a alcanzar manejos sostenibles del cultivo, con el menor impacto ambiental y social, maximizando el ingreso del caficultor. De allí surgen alternativas como la variedad Colombia, la cual es resistente a la roya, por lo cual no requiere el uso de plaguicidas para el control de esta enfermedad.
 

Control del uso

El Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, es el ente encargado de controlar el almacenamiento y distribución de los agroquímicos, un trabajo que en el Quindío se ha venido adelantando de manera puntual, sostuvo José Narcés Aguirre Nieto, gerente del ICA seccional Quindío.

Explicó que su trabajo consiste en revisar que se cumplan las condiciones técnicas, que no estén vencidos los productos y que se encuentren  almacenados correctamente. “En los cultivos hemos hecho un trabajo puntual cuando se han tenido quejas por mortandad de abejas, que afortunadamente ha disminuido y como una acción de prevención se ha hecho una socialización con los productores”. 

Sobre las quejas que más reciben respecto al uso de pesticidas, el directivo manifestó que en el primer lugar se encuentran los malos olores en las granjas avícolas, situación que se verifica y cuando es el caso se entrega el reporte a entidades como la CRQ, que es la que comparece en muchos de estos hechos.

“Cuando el ICA otorga un certificado es porque ha pasado todos los requerimientos”, aclaró el funcionario, quien puso como ejemplo el caso de los cultivos de aguacate hass, que fueron tan polémicos por el uso de agroquímicos, “por lo que llamaron a un empleado del orden nacional  para que explicara en mesa de trabajo que el instituto cuando otorga un registro ya ha pasado por todas la pruebas que garantizan que no son perjudiciales”.

El ICA, dentro del marco del proceso de reevaluación de los plaguicidas químicos de uso agrícola, canceló 319 registros de venta a nivel nacional, que no lograron satisfacer los requisitos de formulación bajo parámetros de química inocua o de bajo riesgo tanto para la salud, el ambiente y la propia agricultura, así lo aseguró José Roberto Galindo, director nacional de insumos e inocuidad del instituto, quien explicó el proceso ejecutado.

Durante dicho proceso se cancelaron todos los productos de categoría toxicológica I, que entre otras moléculas están las de carbosulfan, carbofuran, metamidophos, methil parathion, monocrotophos, zineb, entre otras, que en su proceso y posterior degradación ambiental no ofrecieron una mitigación del riesgo satisfactoria, que les permitiera seguir en el comercio sin causar impactos detrimentes a cualquiera de los blancos que se pretende proteger en su uso a saber; ambiente, salud y cultivos.

Hoy, el país cuenta con suficientes herramientas de protección fitosanitaria, que permiten desarrollar cualquier tipo de agricultura, convencional u orgánica, responsable con el medio ambiente y sustentable en su agrosistema y en su entorno.

“Las herramientas fitosanitarias químicas permiten un manejo seguro e integrado con todas las alternativas de bioinsumos y bioabonos registrados ante el instituto. Hoy en día el mundo come alimentos inocuos, de tal forma que para asegurarlo exigen fincas o predios productores certificados en buenas prácticas agrícolas”, expresó el directivo.
 

Agricultura orgánica

En el departamento, los trabajos en agricultura orgánica avanzan de manera lenta pero cada vez con más fuerza, así lo señaló Lorena Aristizábal, gerente general de Familia Agrosol, la empresa que desde hace más de 20 años trabaja en el tema orgánico. “Inicialmente comenzamos de manera particular en el ejercicio de la finca a cultivar los propios productos, con la asesoría de un agrónomo, quien sugirió que para tener cultivos de café y plátano hay que aplicar agrotóxicos”, contó la empresaria. 

Haciendo caso al agrónomo, el padre de Lorena usó pesticidas pero empezó a darse cuenta que algunos animales comenzaban a morir y reflexionó sobre el hecho: “Si se muere un pájaro o una rana, qué me va a pasar a mí”. Así que decidió no volver a utilizarlos, el agrónomo le dijo que si no trabajaba así se iba a quebrar porque la agricultura orgánica no funciona y no es rentable, a lo que él respondió que la vida es lo más rentable en lo que se puede trabajar.

De esa manera resumió Aristizábal que su familia se encaminó por la ruta de los cultivos saludables. Desde allí arrancó el estudio donde encontraron que si un organismo está bien nutrido, su cuerpo deberá funcionar bien, todo depende entonces de un buen proceso nutricional. Para que esto suceda con las plantas, se requiere nitrógeno y minerales, ahí se enfocó la investigación.

Empezó la ola de los bioinsumos, cuyo primer producto era un fertilizante para las plantas. “Se ha demostrado que es rentable. Un trabajo muy difícil, porque es de voz a voz y los mitos son más fuertes y poderosos y se llevan por delante la verdad”, indicó la gerente, aconsejando que hace falta mayor conocimiento de la megatendencia en el tema de lo orgánico, que esta opción no es costosa y Agrosol lo demuestra. “Lo que queremos es mostrar que la agricultura orgánica sí se puede”. 


Lily Dayana Restrepo
LA CRÓNICA


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