Inicio / Economía / MAR 09 2020 / 5 meses antes

Alrededor de 100 colmenas de abejas han muerto este año en Quindío

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Autor : Károl Moreno García

Según informaron los apicultores, cada colmena puede tener entre 50.000 y 80.000 polinizadores. La mortandad representa pérdidas millonarias y de impacto ambiental. 

“Llegué al apiario a las 9 a. m., prendí el ahumador, me puse el traje y empecé a ver abejas muertas. Solté todo y me fui para la casa. No tuve nada más que hacer”, relató Dídier Antonio Isaza Silva, apicultor del Quindío, quien tuvo uno de los casos más recientes de muerte de abejas, hace aproximadamente una semana cuando murieron 18 de sus colmenas y tuvo una pérdida del 70 % de los polinizadores. 

Su apiario se encuentra ubicado en Montenegro, en una finca orgánica, por lo que señala que la muerte de los insectos se pudo dar porque algún vecino fumigó. “Tenemos dudas si fue el tomate, café o aguacate. Nunca se había presentado un envenenamiento aquí. En este momento hay gran afectación de broca en el Quindío”. 

“Para mí, perder 18 colmenas es muchísimo, para otros no representará nada. La pérdida puede ser superior a $10 millones porque usted tiene que montar las colmenas y prepararlas para cosecha y si las matan en cosecha, representa lo que usted dejó de ganar y además tener que volverlas a levantar. Nunca recibimos ayudas”. 

“Si uno ve las abejas muertas es porque al envenenarse van a su casa a morir. Se pueden recoger por puñados, pero cuántos grillos, escarabajos, cucarrones, entre otros, son envenenados y mueren ahí en el campo y nadie los ve. Por fumigar media cuadra, mueren millares de animales”, añadió Isaza Silva.

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Fáber Sabogal Martínez, representante legal de la Asociación Colombiana para los Protectores Reproductores de las Abejas, Asoproabejas, precisó que en lo corrido de este 2020 han muerto, solo en Quindío, alrededor de 100 colmenas, lo que representa aproximadamente 5 millones de abejas.

“Dentro de la asociación hemos tenido muchos envenenamientos, tanto a nivel nacional como departamental. En Quindío es muy fuerte porque al ser tan pequeño, éramos grandes productores de miel y teníamos muchas abejas. La apicultura aquí se ha fomentado en torno a cultivos como el café, cítricos, aguacate y alguna que otra pasiflora —gulupa y maracuyá—, que son las que más aroma tienen y atraen en mayor medida a los polinizadores”. 

Sabogal Martínez recalcó: “Estamos en un declive. Nosotros no podemos decir que la apis se va a exterminar porque cada que nos envenenan tenemos que volver a empezar a multiplicar de nuestro bolsillo, porque ni el gobierno ni los entes nos ayudan, nadie nos protege. Las abejas nativas de Colombia son las que sí están en riesgo, se están acabando, ya se han extinguido varias”. 

El apicultor narró que una vez se presenta la muerte de las abejas, deben tomar de un apiario y producir nuevas reinas y núcleos. “Es como empezar casi de cero, por ejemplo, tomar un apiario con 20 colmenas y tratar de convertirlo en uno de 60, lo que significa tener todo un año perdido”. 

Advirtió que las muertes de las abejas siempre han estado, sino que los apicultores no estaban reunidos y siempre fueron una parte invisible para el gobierno. 

“Nos cansamos de estar teniendo pérdidas con estas situaciones e incluso pelear con los de las fincas, que a veces ni siquiera tenían conocimiento de lo que aplicaban a sus cultivos. Los productos químicos sí estaban matando abejas, pero no había una agremiación ni un orden para empezar a denunciar todo esto”. 

El representante legal de Asoproabejas indicó que el Quindío podría albergar 10.000 colmenas y hoy hay entre 2.000 y 3.000. “Solo en 2019, murieron cerca de 1.000 colmenas y tuvimos que recuperarnos de eso y no ver ganancias en casi dos años.  Hay nichos donde han desaparecido totalmente las abejas, como es el caso de zonas productivas como el Valle de Maravélez. Los apicultores en el Quindío estamos destinados casi a extinguirnos y la comida, a traerla no sé de dónde”. 
 

Caso reciente en caicedonia

Los casos no se presentan solo en Quindío, para no ir muy lejos, en Caicedonia, Valle del Cauca, Francisco Javier Piedrahíta, de la vereda la Rivera, habló con LA CRÓNICA sobre su caso, donde murieron 17 colmenas el pasado martes. 

“Eso ha venido pasando en todo el municipio desde hace años y estamos con esa lucha de tratar de evitar que los agroquímicos sigan envenenando las abejas. Perder estas colmenas representa perder el trabajo de un año, además de la producción que se deja de tener y el incumplimiento a los clientes en algunos pedidos que teníamos, así como la pérdida de la biodiversidad y de los polinizadores que son importantes en el cultivo”. 

Explicó que en la finca donde tienen el apiario no fumigan, pero el envenenamiento llega hasta ellos por el uso de fungicidas en predios cercanos. 

“Nosotros ya llevamos unos 5 envenenamientos en la historia que tenemos. Debido a los problemas que hemos tenido en el Eje Cafetero, migramos gran parte de la producción a los Llanos Orientales y al Bajo Cauca, allá no hemos tenido todavía problemas porque estamos ubicados en zonas muy lejanas con bosques de reforestación muy grandes, entonces no alcanzan a llegar los agroquímicos”. 

Sin embargo, precisó que están en riesgo por la llegada de agrícolas industriales y cerca de donde se encuentran sí se han registrado algunos envenenamientos. 

“Estamos en un ‘boom’ de cultivos como el aguacate, café y plátano, que siguen haciendo una agricultura de aplicación de agroinsumos y eso nos está afectando”. 

Piedrahíta hizo un llamado a la toma de conciencia: “Es un problema que no concierne solo a agricultores y apicultores, sino a toda la sociedad por la pérdida de la biodiversidad, de los alimentos y de la salud, porque todos esos productos llegan al consumidor final y se está haciendo acumulación de químicos en el cuerpo y eso trae unas consecuencias. Hay que buscar métodos alternativos de producción que sean limpios y sostenibles”. 

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No hay a quién dirigirse

Asoproabejas precisó que no saben a quién dirigirse cuando ocurre un envenenamiento, ya que el ICA no se puede hacer responsable porque se trata de un tema ambiental, la CRQ tiene cierta responsabilidad porque es manejo ambiental, pero no tiene una cadena de respuesta, “solo toman el apunte de dónde fue y cuántas colmenas murieron, pero no pasa de ahí”. 

Néstor Ocampo, ambientalista de la fundación Cosmos, dijo que la preocupación del ICA es el  producto de la actividad agropecuaria, que no tenga trazas y esté sano; la preocupación de la CRQ supuestamente es el ambiente y tiene que ver con las concesiones de agua y los permisos de vertimientos, entonces cuando ponen las denuncias dicen que es asunto del ICA y el instituto dice que es asunto de la corporación. 

“Finalmente las administraciones municipales tienen un papel y es que, según el ordenamiento territorial, deben establecer dónde se pueden o no realizar cierto tipo de actividades, pero en el municipio ni se enteran. Las responsabilidades se diluyen en diferentes entidades del Estado, teniendo como consecuencia que no hay forma de controlarlo”. 

Ocampo precisó que las abejas son los insectos más importantes en todo el mundo y por eso la preocupación por su muerte. “Hay países donde ya empiezan a tener problemas muy serios y han tenido que recurrir a la polinización manual por parte de personas, que es prácticamente inaguantable económicamente y aquí, en el Quindío, están acabando con ellas”. 
 

“Se están utilizando productos muy dañinos”

Desde Asoproabejas dijeron que “se están utilizando productos muy dañinos y perjudiciales para los polinizadores y no solo para las abejas”. 

Indicaron que el peor plaguicida para la actividad apícola es que le apliquen a los cultivos fipronil, en segundo grado están los neocotinoides, que son una gama nueva y son productos que no huelen ni tienen color. 

Desde el ICA indicaron que el fipronil es utilizado para hacer sebos para la hormiga arriera con avena y se aplica en pequeñas cantidades. “Si las cosas son bien manejadas y se crea conciencia no tiene por qué tener un impacto negativo. Las abejas pueden vivir en un equilibrio natural porque los dos se necesitan”. 

Mientras un producto siga con su registro ICA, se puede comercializar sin ningún problema. “Ya cuando a los insumos se les cancela el registro de venta es donde se empiezan a hacer las sanciones en almacenes o donde uno encuentra el producto, pero por lo general eso no sucede”. 

De archivo: 
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Desde Asoproabejas advirtieron que desde hace poco más de dos años lograron un acuerdo con el ministerio de Agricultura para una moratoria para el uso del fipronil en los cultivos como aguacate, café, cítricos y pacifloras. 

“La moratoria consistía en hacer una prohibición a la aspersión de estos productos en grandes cantidades. Al día de hoy esa norma está vigente, pero no se ha dado a conocer por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, Anla. Se pueden hacer ciertas aplicaciones como los sebos, pero no fumigar todas las plantas”. 

Mientras en Europa los plaguicidas de alto impacto como el fipronil están completamente prohibidos, en nuestro país son legales. “Aquí debería haber un impuesto bien alto para esa molécula, porque si para el campesino es muy costoso no lo va a usar tanto. Esto no solo afecta a las abejas, sino a las personas, porque se están sacando al mercado productos envenenados”.

 

Abejas para la productividad

Los apicultores explicaron que si una persona está produciendo 10 toneladas de cítricos, con abejas produciría 15, entonces al no tener los polinizadores pierden en productividad. Lo que falta es educación y llegar a acuerdos. Incluso hay zonas donde los apicultores le dicen al agricultor: “Ponga usted las abejas y yo se las manejo” porque ellos las necesitan. 

Como ejemplo pusieron el aguacate hass, que no requiere casi químicos y tiene una cobertura y protección alta y segundo no se le pueden aplicar productos de alto impacto porque no se los van a recibir en el exterior. 

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La regulación de los fungicidas

Johana Marcela Almanza, profesional universitaria de la dirección de inocuidad e insumos agrícolas del ICA seccional Quindío, explicó que “la entidad es el último eslabón de la cadena cuando una molécula química llega a Colombia, el primer eslabón es la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, Anla, que dice si ese producto va a causar algún daño en el ambiente, luego va al instituto de salud, donde ya nos dicen si ese químico genera toxicidad a las personas. Por último llega al ICA, donde se hacen evaluaciones agronómicas de la eficiencia en el cultivo y en el blanco biológico —la plaga o enfermedad—.

En años anteriores, aproximadamente desde 2016, cuando empezó la mortandad de las abejas, inició la instalación de un protocolo que constaba en visitar los predios donde se reportaban las muertes y se hacía un monitoreo de 3 kilómetros a la redonda, con el fin de verificar cuáles fueron las aplicaciones en los últimos días en ese lugar, así como inspección de la bodega de insumos para hacer un listado de los químicos que hay en la zona. Asimismo se brinda capacitación de buenas prácticas agrícolas para el manejo y uso eficiente de los químicos para la producción”. 

“Es muy importante darle a conocer a los vecinos que existen esas poblaciones de abejas cerca, porque hay agricultores que son muy conscientes y van a tener en cuenta las recomendaciones”. 

El decreto 1943 de 1991, que fue derogado, contiene un artículo que señala que las personas que utilicen plaguicidas o vayan a hacer algunas aplicaciones tienen el deber de ir a avisarle a sus vecinos y a las personas que tengan colmenas para que tomen medidas para proteger las abejas. 


 



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