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En profundidad / NOV 10 2019 / hace 1 mes

Boquía, un caserío de historia y turismo

Boquía, un caserío de historia y turismo

Cerca a la reserva La Patasola hay una placa que recuerda el paso de Simón Bolívar por el lugar.

En esta vereda de Salento ocurrieron los acontecimientos más recordados de los primeros republicanos. 

El topónimo Boquía es de origen indígena y es uno de los más hermosos del Quindío. Además, es el que más historia refleja en la región, porque allí sucedieron los acontecimientos más recordados de los primeros habitantes republicanos.

Actualmente, Boquía corresponde a una de las veredas de Salento y ha pasado a la fama, gracias al protagonismo histórico, ya que fue el primer emplazamiento instalado en el trayecto del camino del Quindío y donde se generaron múltiples relatos. 

Boquía es río Quindío, es todavía tranquilidad y es paso obligado para llegar a Salento, un municipio invadido todos los días por el turismo masivo. Por esta vereda se transita al pasado

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El caserío de Boquía tiene varios puntos de interés cultural, que se encuentran en el sendero veredal por donde alguna vez pasó el tren. Suena a fantasía, pero por allí se extendieron los rieles del ferrocarril, que venían desde la capital del Quindío. En su trayecto de varios kilómetros, el tren pasó por un pequeño túnel, que todavía pervive. Pero también sobreviven un puente curvo, hoy llamado De La Explanación o del Amparo, y la vieja estación, hoy abandonada, donde sus paredes sólo vieron una vez aquella máquina de vapor.

La historia del siglo XIX, la más antigua recordada en el Quindío, nos cuenta sobre la instalación de un caserío, en las inmediaciones de la quebrada Boquía. No quedan de ese poblado los rasgos físicos, pero sí la reseña de sus acontecimientos, como que el conjunto de casas correspondían al asentamiento de muchos personajes que rumiaron su existencia alrededor de un presidio, en 1842, y cuyo fin principal era contener la permanencia de fuertes hombres que llevarían a cabo las mejoras del Camino del Quindío, una de las vías más penosas y difíciles de entonces.

Ese conjunto habitacional duró hasta 1851, cuando gran parte de sus habitantes protagonizó la segunda fundación de Salento, en la explanada angosta donde hoy se encuentra el ‘Municipio Padre del Quindío’. Nunca se supo el motivo del traslado desde Boquía hasta Nueva Salento, aunque muchas anotaciones de aquel siglo lo atribuyeron a una posible creciente del río Quindío, que arrasó las obras correspondientes a sus estancias y viviendas. No obstante, el declive de la actividad funcional del caserío pudo ser otra razón para el traslado. 

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Lo que sí se conoció en el registro documental, y de ello dieron fe la permanencia de esos objetos en la plaza principal de Salento, hasta la década de los 80 del siglo XX, fue el uso de pilones labrados en piedra, con superficie honda, y de piedras redondas con agujero cuadrangular en el centro, utilizadas para el proceso del trillado del trigo, el cual era profusamente sembrado en ese valle del río Quindío, y que alternaba con otros cultivos del pan coger. La industria del trigo despertó fama y prestigio en toda la región.

Aunque el río Quindío es una corriente normal, se sabe que las crecidas de sus aguas eran monumentales, como se constató en Boquía en 1979, cuando el río inundó, arrastró y se llevó muchos elementos a su paso. Fue a raíz de esta creciente de 1979, cuando la franja antigua del ferrocarril, desde el puente hasta la estación, fue invadida por muchos damnificados. 

La Explanación es un continuo de casas que encuentran sus límites en los dos sitios históricos. Los materiales empleados fueron de buenísima calidad para construir el puente curvo sobre la quebrada Boquía, y donde sin duda alguna sobresalen los monumentales arcos levantados con magnificencia. El otro sitio, que correspondía a la recepción de los viajeros, la estación, era pequeña y funcional para entonces y tiene los mejores ladrillos en su corazón arquitectónico. 

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El haber sido atravesado una sola vez el puente y el haber recibido en su estación, sólo este día, a los pasajeros del único itinerario realizado, dan un tono de incertidumbre histórica a ese pasaje de la vida del siglo XX, creíble sólo por una foto donde se ven las personas asomadas en las ventanillas del vagón.

Boquía tiene mucho para contar sobre el pasado ferroviario, que se matiza con visos de irrealidad, ya que cerca de allí, contra la montaña, el deseo de atravesarla en tren, nos mostró las mentes pioneras que pensaron en el progreso del transporte. Una tercera prueba testimonial de esa aventura del tren quedó con su marca, representada en un muro de concreto sobre la silueta de la cordillera y que se puede apreciar desde el mirador del municipio, hacia el sector izquierdo del paisaje.

En la carretera que conecta a Boquía con Salento, varios avisos nos informan la existencia de otros puntos de interés. Son ellos el acceso a la vereda El Agrado, donde una señal reza “Ruta Paisajística”. En una de las casas rurales, las hermanas Luna Colorado tuvieron la base de una empresa doméstica familiar, la fabricación de jabón de tierra. Otro componente es el fruto del empoderamiento turístico de sus habitantes, quienes están demostrando que se puede promover un recorrido cultural y ecológico desde el sentido del turismo comunitario, con el nombre de Bioruta El Agrado. En otra casa de la vereda, el colectivo llamado La Loca Compañía instaló un teatrino para presentaciones teatrales y artísticas. 

Otro cartel nos invita a visitar la reserva natural La Patasola, que es en realidad un área protegida, adquirida por la gobernación del Quindío, con fines de protección del agua y los recursos naturales. Cerca de este sitio se encuentra una casa antigua, donde otrora funcionó un museo singular, pues anunciaba que en ella había pernoctado el libertador Simón Bolívar. De hecho, ello nos recuerda la fecha más memorable, en una placa que conmemora el paso del Libertador por Boquía el 5 de enero de 1830, cuando se dirigía hacia el norte, hasta Santa Fe de Bogotá.

No podríamos abandonar Boquía sin degustar su fritanga, sus plátanos asados, sus mazorcas y sin saborear el tinto montañero a la vera del camino. 

Una maravilla natural se encuentra agua arriba. Es el valle antrópico más vistoso, conocido como Cocora, donde las palmas de cera ofrecen el espectáculo paisajístico más hermoso de los Andes colombianos.

Por algo se dice que, desde el puente de Boquía pasa  la historia, pasa la ecología, pasa la vida del agua, pero también puede pasar la sequía.  A su paso por Boquía, esta corriente ya está contaminada por la intervención del turismo masivo. De la sequía, los pobladores del Quindío no estaremos libres, hasta lograr la conciencia ambiental que, arriba, en el páramo y en el Parque Nacional de Los Nevados, hace tiempo se ha venido perdiendo.
 


Puente antiguo de la Explanación.


Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA


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